31 enero 2013

El 98 en sus anécdotas



José Esteban.
La generación del 98 en sus anécdotas.
Renacimiento. Sevilla, 2012.


Caseros y en zapatillas, provocadores en tertulias ruidosas, bohemios escandalosos o domésticos y pacíficos en torno a una mesa camilla, los noventayochistas, esos “grandes aguafiestas” de las cuchipandas nacionales, como los llama José Esteban, elaboraron una obra oral paralela a sus textos escritos.

Gran parte de ese material oral de la anécdota, la ocurrencia ingeniosa y la crítica malintencionada lo ha reunido José Esteban en La generación del 98 en sus anécdotas, un volumen que publica Renacimiento y que recoge “esta otra obra pasajera, que saltaba en el aro de la ruidosa tertulia, en la discusión ateneíl, en la rabia de un momento de acorralamiento.”

Obra pasajera, extraliteraria y marginal, es cierto, pero también significativa y reveladora de la intimidad de aquellos escritores, de su ambiente y su época, de su ser intrahistórico, si no en su vertiente estrictamente literaria sí al menos en su dimensión humana.

A través de intermediarios más o menos interesados –los llamados llevaanécdotas que las llevaban a las redacciones a cambio de unos duros-, en biografías como la que escribió Gómez de la Serna sobre Valle, o de primera mano por las memorias de Baroja, las anécdotas literarias llegaron a constituir un subgénero periodístico en el que brilla el ingenio para herir al otro o la agudeza para describir certeramente a algún personaje público.

Además de Valle-Inclán, el más fecundo productor de anécdotas, nombres como Unamuno, Baroja, Azorín, Blasco Ibáñez, Ortega, Juan Ramón, Benavente, los Machado, Ciro Bayo, Sawa son algunos de  los sujetos agentes o pacientes, olímpicos o viperinos, irónicos o brutales, de una gran cantidad de relatos menores cuya estructura cumple con los rasgos del género narrativo y les añade el chispazo de la repentización brillante o de la sátira acerada.

Santos Domínguez

30 enero 2013

Manguel. Una historia de la lectura




Alberto Manguel.
Una historia de la lectura.
Traducción de José Luis López Muñoz.
Alianza Literaria. Madrid, 2012.

Una cuidada reedición del clásico imprescindible de Alberto Manguel, revisada por el autor y ampliada con más ilustraciones en Alianza Editorial.

Seis milenios de palabras escritas y vistas desde la perspectiva del receptor. El papel del lector a lo largo de la historia y de sus soportes cambiantes: desde las tablillas sumerias hasta la tecnología electrónica de la actualidad pasando por los papiros, los códices, el pergamino o el papel.

Una historia del mundo con paradas en San Ambrosio y su lectura silenciosa o Diderot y su defensa terapéutica de las novelas sicalípticas; la máquina para leer en la cama o los lectores cubanos contratados para entretener a los trabajadores de las fábricas de tabaco en Cuba.

Leer para sí o para los demás, leer para entender el mundo o para huir de él, leer imágenes o libros prohibidos, leer el futuro o el pasado, leer sombras o robar libros.

Leer. O releer esta siempre asombrosa historia de la lectura que tiene algo del inabarcable libro de arena de Borges y mucho del libro-hombre de Whitman.

Una reivindicación de la lectura como forma de conocimiento y sobre todo como expresión activa de la rebeldía.

Santos Domínguez

29 enero 2013

Una pequeña historia de la filosofía



Nigel Warburton.
Una pequeña historia de la filosofía.
Traducción de Aleix Montoto.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. 
Barcelona, 2013.


Hará unos dos mil cuatrocientos años, ejecutaron a un hombre en Atenas por hacer demasiadas preguntas. Hubo otros filósofos antes de él, pero fue con Sócrates que la disciplina adquirió entidad. Si la filosofía tiene un santo patrón, ése es Sócrates.
De nariz respingona, gordinflón, desastrado y un poco extraño, Sócrates no encajaba. Aunque era físicamente feo y solía ir sucio, tenía un gran carisma y una mente brillante. Todo el mundo en Atenas estaba de acuerdo en que nunca había habido alguien como él y probablemente no lo volvería a haber. Era único. Pero también extremadamente molesto. Se veía a sí mismo como uno de esos moscardones que pican: los tábanos. Son molestos, pero en el fondo no hacen ningún daño. Sin embargo, no todo el mundo en Atenas estaba de acuerdo. Algunos le adoraban; otros le consideraban una influencia peligrosa.

Así comienza Una pequeña historia de la filosofía, de Nigel Warburton, que acaba de publicar Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores con traducción de Aleix Montoto.

Con ese tono directo y cercano, entre un tábano clásico que llamamos Sócrates, cuyas palabras puso por escrito Platón, y un tábano contemporáneo –el australiano Peter Singer- discurre esta pequeña historia de la filosofía, un libro que enseña y divierte según el precepto horaciano.

Y con esa perspectiva se aborda un recorrido por la tradición del pensamiento occidental en cuarenta capítulos tan bien trabados entre sí que al final de cada capítulo se conecta a cada filósofo con el siguiente para trazar la línea continua de la tradición como una sucesión coherente de sistemas filosóficos.

De la verdadera felicidad que describió Aristóteles en su Ética a Nicómaco al jardín de Epicuro y a la resistencia inmutable del estoico y a la consolación de Boecio desde su celda de condenado a muerte.

De la isla perfecta de Tomás de Aquino al Leviatán de Hobbes; de la vida como sueño de Descartes a la mirada sombría de Pascal; de Spinoza, pulidor de lentes en Amsterdam, al elefante en la habitación de Berkeley el idealista; de la razón suficiente de Leibniz al escepticismo de Hume y su negación del argumento del diseño.

De Rousseau, el viajero ilustrado de buen corazón, al sedentario Kant, que revolucionó el conocimiento del mundo y la filosofía moral sin salir de Könisberg; de Hegel, que sabía que el búho de Minerva sólo vuela en la oscuridad, a Schopenhauer, que decía que la filosofía de Hegel, que lo llamó odioso ignorante, era una sarta de tonterías; del optimismo victoriano de John Stuart Mill a las especulaciones angustiosas sobre la fe de Kierkegaard.

De la partida de defunción de Dios que firmó Nietzsche a la aversión religiosa de Freud y Bertrand Russell, que detestaban la religión como fuente de infelicidad; de la libertad angustiada de Sartre y Camus a un Wittgenstein hechizado por el lenguaje; del Holocausto y la naturaleza del mal vistos por Hannah Arendt a la inteligencia artificial, la Prueba de Turing y el controvertido Peter Singer.

Entre un tábano y otro, porque –concluye Nigel Warburton- la filosofía comenzó con preguntas incómodas y desafíos difíciles. Mientras haya filósofos tábanos como Singer a nuestro alrededor, hay muchas posibilidades de que el espíritu de Sócrates siga determinando su futuro.

Un libro bien escrito, con capacidad narrativa y profundidad de campo en la mirada, sin concesiones al tecnicismo escolástico, centrado en lo que importa y ajeno a la abstracción metafísica, a las logomaquias o a las sofisticaciones silogísticas.

Santos Domínguez

28 enero 2013

Faulkner. Ensayos & discursos


William Faulkner.
Ensayos & discursos.
Traducción, introducción y notas 
de David Sánchez Usanos.
Prólogo de James B. Meriwether.
Capitán Swing. Madrid, 2012

Walt Whitman dijo, entre pretenciosas e hipertrofiadas banalidades, que para tener grandes poetas también debe haber grandes audiencias. Si Walt Whitman se dio cuenta de esto debe de resultar universalmente obvio en estos días de radios que nos informan y de las llamadas revistas de alto copete que corrigen nuestra información; por no hablar del toque personal de los programas de lectura. Y aun así, ¿qué han hecho los periódicos y los programas para hacer de nosotros grandes audiencias o grandes escritores?, ¿han cogido estas sibilas al neófito delicadamente de la mano instruyéndole en los fundamentos del gusto? Ni siquiera han intentado inculcarle una reverencia por sus misterios (despojando así a la crítica incluso del valor emocional -¿y de qué otro modo vas a controlar al rebaño si no es mediante sus emociones?, ¿hubo alguna vez alguna multitud lógica?-). De modo que no hay tradición, no hay espíritu de equipo: todo lo que se necesita para ser admitido en las filas de la crítica es una máquina de escribir.

Con ese párrafo abría William Faulkner en 1925 su breve ensayo Sobre la crítica, uno de los ciento doce textos que publica Capitán Swing en el excelente Ensayos & discursos con traducción, introducción y notas de David Sánchez Usanos y prólogo de James B. Meriwether.

Ha pasado casi medio siglo desde la aparición de la edición original de Essays, speeches & public letters, una recopilación póstuma de la obra ensayística de Faulkner que se publicó en 1966, cuatro años después de la muerte del novelista.

A aquel volumen, inédito hasta ahora en español, se añadieron en una segunda edición –la que acaba de traducirse- casi cuarenta textos, en un espléndido y variado conjunto que completa la imagen múltiple y compleja de un autor imprescindible.

Discursos, Ensayos, Prólogos, Reseñas y Cartas públicas son las cinco secciones en las que se organiza cronológicamente un material, señala James B. Meriwether, “revelador de Faulkner, el artista y Faulkner, el hombre. Los textos al mostrarnos algo de lo que este escritor inmensamente dedicado, inmensamente complejo y profundamente hermético eligió revelar públicamente acerca de sí mismo durante las últimas cuatro décadas de su carrera nos permiten comprender, un poco mejor, al hombre y su obra.”

Sobre esa heterogeneidad insiste el traductor, David Sánchez Usanos en su texto introductorio, William Faulkner o cómo ganar una partida de dados:

A pesar de que esta colección presenta cierta diversidad formal (ensayos, discursos, cartas, reseñas literarias, críticas teatrales) y temática, hay algunos aspectos que aparecen de manera recurrente y que invitan a ofrecer algo parecido a un catálogo de los motivos de Faulkner.

Mississippi, El Sur, América, el oficio de escritor y el papel de la literatura son esos ejes temáticos que analiza Sánchez Usanos en una brillante introducción en la que destaca que estos y otros asuntos se encuentran siempre anudados por la experiencia literaria. La literatura se presenta como una estrategia orientada a la comprensión pero también a la supervivencia.

En su diversidad, son sin embargo escritos de madurez, porque la recopilación prescinde de los textos juveniles y recoge sobre todo los de la última fase de Faulkner, la posterior a la concesión del Nobel.

Discursos memorables como el que dirigió Al Consejo del Delta, que resume la actitud sureña ante la vida, o los que pronunció con motivo de la recepción de premios, como el muy conocido de recepción del Nobel en diciembre de 1950, que terminaba así: La voz del poeta no sólo tiene que ser el registro del hombre, puede ser uno de los puntales, de los pilares que le ayuden a resistir y prevalecer.

Junto con otros textos menores o de circunstancias, se recogen en el libro ensayos vertebrales en su obra, como Mississippi, un texto magistral de 1954 que podría ser una inmejorable introducción o un posfacio de sus novelas fundamentales. 

Pero hay más: el ensayo-relato autobiográfico Y ahora qué hacer, las autocríticas de Banderas en el polvo o Una fábula, o Sobre la privacidad -que aborda el sueño americano, un santuario en la tierra para el hombre individual.

Entre los prólogos, los mejores son sin duda los que escribió para sus propios libros -Santuario y El ruido y la furia- y la imprescindible introducción a su Antología de 1954.

La cuarta sección contiene algunas críticas teatrales y reseñas de libros, entre ellas una tan breve como certera de El viejo y el mar.

Cierra el volumen una abundante muestra de las cartas abiertas, a menudo polémicas, que Faulkner publicó en los periódicos sobre asuntos no siempre literarios y con frecuencia tan irónicas como la que dirigió el 8 de septiembre de 1950 al editor del Oxford Eagle, que le había situado entre los partidarios de la legalización de la cerveza. Terminaba con este párrafo:

En realidad, mi esfuerzo en las recientes elecciones sólo estaba relacionado con la cerveza de un modo secundario. Estaba haciendo una protesta. Me opongo a cualquiera que haga declaraciones públicas que cualquier niño de cuarto grado puede refutar con un lápiz y un papel. Me opongo más aún a un cura que insulta tanto la inteligencia de su audiencia como para suponer que puede realizar cualquier afirmación, sin importar su falsedad, y que por respeto a su hábito, ninguno de ellos intentará o se atreverá a comprobarlo. Pero por encima de todo –y esos ministros de sectas que no son autónomos, que tienen sínodos y juntas de obispos, o de otros organismos con autoridad y contro sobre ellos, deberían dedicar algún pensamiento a esto-, me opongo a los ministros de Dios que violan los cánones y la ética de su sagrada y santa vocación al usar, sea abiertamente o bajo cuerda, el peso y el poder de su oficio para influir en unas elecciones civiles.

Las espléndidas páginas de estos Ensayos & discursos confirman la importancia de estos textos en el conjunto de la obra de Faulkner. En ellos aparece el escritor que habla de su oficio y el ciudadano que analiza el racismo, el lector y el conferenciante, el artista que reflexiona sobre la literatura y el hombre que avisa en 1936 en una nota en el periódico local de que no se va a hacer cargo de las deudas, facturas, recibos o cheques de su mujer.

Santos Domínguez

27 enero 2013

Galdós. Viajes de un desmemoriado




Benito Pérez Galdós.
Viajes de un desmemoriado.
Prólogo de Germán Gullón.
Ediciones Evohé. Madrid, 2012.

En su colección El periscopio, dedicada a los libros de viaje, Ediciones Evohé publica una selección de textos viajeros de Pérez Galdós.

Prologados por Germán Gullón, se recogen en este volumen sus Viajes por España, las Memorias de un desmemoriado, los Viajes por Europa –Portugal, Italia, Inglaterra-, además de un apéndice con las cartas de Galdós a Clarín.

Santillana del Mar, El Toboso, Lisboa, Verona, la costa napolitana, Roma, Edimburgo o la casa de Shakespeare son algunos de los lugares en los que se detiene un Galdós que se describe a sí mismo como un “peregrino infatigable.”

Es una buena manera de comprobar lo que dice Germán Gullón en el prólogo: que “la literatura de viajes de Galdós no ha sido tratada con el cuidado que se merece, y este libro sale con la intención de rescatar textos importantes. Los viajes aquí contados vienen a constatar que, a diferencia de la fama que le atribuye la ignorancia, fue un escritor cosmopolita.”

Porque la mirada del Galdós viajero que escribe estos textos no es la visión rápida y superficial del turista, sino la del escritor a tiempo completo que extrae de sus experiencias itinerantes un material que tiene valor en sí mismo por su maestría en las descripciones, pero que incide además en las zonas más conocidas de su obra novelística.

Santos Domínguez

26 enero 2013

Ana Puértolas. Paris-Saigón



Ana Puértolas.
Paris-Saigón.
Pasos perdidos. Madrid, 2012.

En Paris-Saigón, que publica Pasos perdidos, Ana Puértolas, que fue durante años encargada de la sección de Viajes del periódico El País y directora de la revista Viajar, narra un viaje de miles de kilómetros con doce escalas insospechadas entre París y Saigón.

Es un largo viaje que dura cuarenta años, desde el París de 1965 al Saigón de 2005 y que, como señala Ana Puértolas, resume “la historia de una ruta marcada tanto por el azar como por el deseo.”

Un recorrido imprevisible por ciudades y paisajes ligados a la experiencia, a la literatura y a los sentimientos de la viajera, desde los veinte años que tenía la joven que se escapa un verano a París y se deslumbra ante la libertad  y ante la vida, y el Saigón de 2005, al que llega la autora “manteniéndome a flote como la ciudad, mudable y testaruda.”

Lima bajo el toque de queda, la llovizna y la brutalidad militar, la Jerusalén ocupada por Israel, Alepo como cruce de caminos y culturas, las pirámides y los templos mayas de Tikal... son las primeras etapas de un itinerario prolongado a lo largo de cuatro décadas en las que la viajera se transforma más que el mundo, y su forma de mirar –tan intensa en Ana Puértolas, tan llena de vida, de emociones y de ideología- cambia más que lo que mira.

Santos Domínguez

25 enero 2013

Gabriel Ferrater. Noticias de libros



Gabriel Ferrater.
Noticias de libros.
Prólogo de Javier Aparicio Maydeu.
Península. Barcelona, 2012.


Leer para la posteridad titula Javier Aparicio Maydeu el prólogo de Noticias de libros, el volumen que recopila los informes de lectura que Gabriel Ferrater redactó como lector profesional en los años sesenta y comienzos de los setenta para Seix Barral y para la hamburguesa Rowohlt Verlag.

Escritos para un limitado uso privado, originariamente en catalán, inglés y alemán, los publica Península en su coleccióm Imprescindibles y como señala Aparicio Maydeu son “un tácito homenaje a la labor de los moluscos bivalvos, lamelibranquios o pelecípodos filtradores que sobreviven pasando por su cedazos las interminables y no siempre impolutas aguas del océano editorial, también vulgarmente denominados lectores profesionales, críticos, informadores editoriales, scouts, agentes literarios, editores, prescriptores-que-sí-han-leído-lo-que-prescriben (a diferencia de los prosélitos del prescriptor Pierre Bayard en su peligrosa boutade ¿Cómo hablar de los libros que no se han leído?

Además de un escritor excepcional, Gabriel Ferrater fue un conocedor privilegiado de la cultura europea y de los entresijos editoriales, lo que le permite abordar en sus valoraciones obras de muy diverso signo y contenido, desde el ensayo hasta la narrativa.

El rigor y la lucidez del lector plural que fue Ferrater recorren estas Noticias de libros agrupadas en tres secciones  (Primeros informes para Seix Barral, Papeles de Hamburgo y Últimos informes para Seix Barral) y organizadas alfabéticamente por autores desde Erich Auerbach (Lenguaje literario y público en la Baja latinidad y la Edad Media) –“una obra maestra”- hasta In the American Grain, de William Carlos Williams –“un libro deslumbrante.”

Y entre esos informes, con más libertad que nunca, porque estos textos circulaban solo en el ámbito privado de la editorial, la dureza tajante en el juicio -situado casi siempre en la frase inicial- de The Crossing, de Alan Albert –“muy, muy flojo”-, de Gestes, de Severo Sarduy -“el típico libro inmaduro de un principiante digno de estímulo”-, la descalificación del Paralelo 40 de Castillo Puche – “un libro pésimo”-, el elogio parcial -“una primera parte admirable”- de El siglo de las luces de Carpentier, la apología limitada de una novela de David Lodge –“qué libro tan inglés”- o la celebración sin reservas de The gift de Nabokov –“una obra mayor.”

Además, una variada serie de rechazos de libros olvidables –omito piadosamente los títulos-, justificados así: “una inocentada de divulgación sociológica”, “basura, basura, y además basura invendible”, “un libro bobo y sin sentido”, “infantil”, “no le encuentro a este libro ni pies ni cabeza.”

Los doscientos veinticinco informes de lectura, más alguna carta memorable como la que dirige a Jaime Salinas con un informe amplio sobre la obra narrativa de Dashiell Hammett, componen un libro que “no es únicamente un volumen que completa la publicación de las obras completas del genial Ferrater” –las palabras son otra vez de Javier Aparicio Maydeu, otro lector global-, sino un reflejo de su mundo intelectual y su capacidad crítica: "Que este volumen salvaguarde la memoria de su magnífica labor de lector profesional, y que el ejemplo de su competencia inspire e impulse a muchos otros lectores enseñados que dan noticia del libro antes de que el libro sea noticia, para bien de eso que se ha dado en llamar cultura, y que nada tiene ni tendrá nunca que ver con la mera información. Así sea."

Santos Domínguez


24 enero 2013

Cocteau. El cordón umbilical


Jean Cocteau.
El cordón umbilical.
Prólogo y notas de Alfredo Taján.
Traducción de Antonio Álvarez.
Colección Hispaniola.
Editorial Confluencias. Almería, 2012.

En coedición con el Instituto Municipal del Libro del Ayuntamiento de Málaga, la Editorial Confluencias publica en la colección Hispaniola El cordón umbilical, el diario inédito que Jean Cocteau escribió en 1961 en Marbella, “donde los agricultores descubren mosaicos y ciudades romanas a orillas del mar.”

Enmarcado, como un libro renacentista, entre tres sonetos que lo abren como un frontispicio y otros tres sonetos epilogales, El cordón umbilical contiene un abundante material gráfico que resume el universo estético y vital de un artista integral y polifacético como Jean Cocteau (Maisons Lafitte 1889 – Milly-la-Forêt 1963), del que escribe Alfredo Taján en su prólogo (El cordón umbilical, un diario agónico)

“Él mismo se definió: soy la mentira que dice siempre la verdad. El trabajo fue el verdadero opio de Jean Cocteau, y su secreto artístico, pesado y grave, continúa dormitando en una recámara de difícil acceso. Injustamente acusado de diletante, detrás del cínico poseur se percibe el semblante sufriente de un poeta trágico cuyo arte poliédrico está conectado con la misma esencia.”

En estas notas, un Cocteau maduro y casi último reflexiona sobre la poesía como revelación (lo mejor de nosotros procede de una noche profunda de la que solo somos intermediarios), sobre la creatividad de su trayectoria artística en el cine, el teatro, la poesía o la pintura, sobre el cordón umbilical que nos ata a las criaturas de nuestra obra, a unos personajes que son héroes de la sombra, sobre lo español -En España lo excepcional es algo común- y el flamenco como manifestación de la anticursilería, sobre el sueño como extraordinario estiércol del alma, sobre Picasso, Jean Marais, Genet, sobre Al Brown -un boxeador tan extraño al mundo de las Letras, que casi pertenece a la creación lírica- o sobre las tablas flamencas que pintó para su amiga Ana de Pombo.

En uno de estos textos Cocteau resumía su trayectoria en estas palabras que definen su proyecto estético, una suma de ambición y esfuerzo: 

No tengo inconveniente en confiarles mi secreto: soy un obrero, un artesano que, lo confieso, se consagra intensamente y no se contenta con poca cosa.

Santos Domínguez


23 enero 2013

Los penúltimos días de H. A. Murena


H. A. Murena.
Los penúltimos días.
Pre-Textos. Valencia, 2012.


Con decisión de criminal y con íntima voluntad de santo. Así se escriben los verdaderos diarios, según explicaba H. A. Murena (Buenos Aires, 1923-1975)  en la primera frase de Los penúltimos días, el diario que fue publicando en la revista Sur desde mayo de 1949 hasta abril de 1950 y que acaba de editar Pre-Textos.

Era el comienzo de la trayectoria literaria tan intensa como solitaria, tan dilatada como desconocida de un autor plural y lúcido que escribió ensayo, novela, teatro y poesía.

Orientados más al análisis de lo público que a la confesión intimista, Los penúltimos días reflejan la amplitud de los intereses culturales y los enfoques de Murena y su capacidad de análisis: las lecturas y las películas, la educación y la arquitectura, la humedad de Buenos Aires, sus olores y las palmeras de sus plazas, la economía y la política,  la pintura y la música, Eliot, Ayala, Borges y Girri, Baudelaire y Shakespeare, Bach y Gardel, Mozart y Prokófiev...

Nada parece quedar fuera de la aguda mirada analítica de Murena, que llega a conclusiones como esta: La calefacción es un estado espiritual. Y lo razona y lo demuestra con inteligencia y buena prosa, dos constantes que unen el material aparentemente disperso y heterogéneo de estos diarios.

Una mirada que tiene algo de precursora cuando analiza la crisis económica en la Argentina de 1949. Anotaba esto el 6 de abril:

Incesantemente se habla de la situación económica nacional. Los oficialistas quizás desearían, en verdad, ser parcos, pero tienen que responder a las acusaciones de los opositores que, con singular espontaneidad, hablan por todos. Los opositores viven en el delirio de las cifras lúgubres y en el entusismo por las catástrofes inminentes. La razón de su alegría es la esperanza de que el caos económico provoque la caída del gobierno. Pero hay que desechar esos engaños perniciosos; un mal para el país no es nunca más que un mal para el país, y los primeros en padecerlo son siempre los habitantes. Además, los partidos que llegan al extremo de regocijarse con la ruina del todo con tal de que así se impongan sus partes de razón empiezan inevitablemente a despedir un olor harto sospechoso.

Suena a familiar y reciente, ¿verdad?

Santos Domínguez

22 enero 2013

Una extraña historia al este del río


Nagai Kafu.
Una extraña historia al este del río.
Introducción de Carlos Rubio.
Traducción de Rumi Sato.
Satori. Gijón 2012.

Como el más libertino de los escritores japoneses y el mejor escritor de los libertinos japoneses cataloga Carlos Rubio a Nagai Kafu (Tokio, 1879-1959) al comienzo de su espléndida introducción a Una extraña historia al este del río, el libro que acaba de publicar la editorial Satori en su colección Maestros de la literatura japonesa.

Kafu es un maestro indiscutible, aunque prácticamente desconocido en español hasta la traducción que ha preparado Rumi Sato de las dos novelas que contiene este volumen: además de la más breve, casi una novela corta de 1937 que da título a la edición, la anterior Durante las lluvias, de 1931.

Dos novelas de madurez que incorporan abundantes materiales autobiográficos de un autor al que Carlos Rubio, el mejor conocedor de la literatura japonesa en el ámbito de la lengua española, sitúa “un peldaño más arriba de la categoría de maestro, la de genio” que además se convirtió en “el primer escritor japonés en aportar una dimensión universal a su obra.

Durante las lluvias y Una extraña historia al este del río son dos novelas ambientadas en el Japón urbano anterior a la segunda guerra mundial. Dos historias que resumen el mundo literario y vital de Nagai Kafu, que forma parte de la tradición voluptuosa y erótica de la literatura japonesa y gira en torno a dos centros de interés que se cruzan constantemente en su narrativa: la literatura y las mujeres.

La sensualidad y el decadentismo, el lirismo y la melancolía son componentes esenciales en la vida y la obra de Kafu, un novelista capaz de integrar en su literatura a Confucio y a Maupassant, la tradición oriental y la modernidad europea, lo viejo y lo nuevo, lo local y lo universal.

Lo más importante es que esa integración de visiones y mundos aparentemente contradictorios da lugar en estas novelas de Nagai Kafu a una nueva síntesis que genera un mundo personal e inconfundible tratado por una mirada crepuscular que describe los mundos cerrados de las geishas, las camareras y las prostitutas de los barrios bajos de Tokio y resuelve con finales abiertos unas narraciones marcadas por la influencia coexistente y chocante de los clásicos chinos, de Zola y de Baudelaire.

Pero por encima de todas estas consideraciones, el lector se encontrará con una sorprendente e inolvidable mezcla –otra más- de sordidez y delicadeza, de emoción e inteligencia en estas dos historias absolutamente recomendables que no debería perderse el lector curioso y sensible. No le defraudarán.

Santos Domínguez