07 febrero 2011

El microrrelato español


Irene Andres-Suárez.
El microrrelato español.
Una estética de la elipsis.
Menoscuarto. Palencia, 2010.

La literatura del nuevo milenio titula la profesora Irene Andres-Suárez, catedrática de la Universidad de Neuchâtel, el prólogo a su excelente estudio sobre El microrrelato español, un género emblemático del siglo XXI. Prosa ficcional, brevedad y narratividad son los rasgos distintivos de un género que da sus primeros pasos en el marco minimalista de la renovación literaria del siglo pasado.

Organizado en dos partes, el ensayo, que ejemplifica las aportaciones teóricas con una amplia y significativa antología de textos, estudia la evolución histórica del microrrelato, desde su origen en el modernismo y en las vanguardias de las primeras décadas del XX, con iniciadores como Juan Ramón Jiménez o Gómez de la Serna hasta su consolidación en los años ochenta.

Es a partir de ese momento de normalización cuando se delimitan sus rasgos distintivos, las claves diferenciales de su estructura y su tratamiento del lenguaje, su estatuto de autonomía genérica, la presencia de lo fantástico y el humor y las diferencias con otras formas fronterizas teatrales o ensayísticas.

La segunda parte se centra en el análisis de algunos de los autores y obras más representativos del género en España: Antonio Fernández Molina, Javier Tomeo, Luis Mateo Díez, José María Merino, Juan Pedro Aparicio, Julia Otxoa o Ángel Olgoso, cultivadores destacados de la estética de la elipsis que evoca el subtítulo de este ensayo esencial sobre el microrrelato que publica Menoscuarto en su colección Cristal de cuarzo.

La profesora Irene Andres-Suárez ofrece en este volumen una completa y rigurosa monografía que integra y sistematiza sus trabajos anteriores en torno al género del microrrelato y traza una poética espléndida de la narración hiperbreve.

Santos Domínguez

04 febrero 2011

Pedro Salinas. Poemas de amor


Pedro Salinas.
Poemas de amor.
Lumen. Barcelona, 2011.

Aunque se quitase un año, como acostumbraba a hacer, Pedro Salinas (1891-951) era el de mayor edad de los poetas del 27. Eso le permitió, por ejemplo, ser profesor de Cernuda en la Universidad de Sevilla, pero provocó también un notable distanciamiento personal de algunos de los poetas más jóvenes del grupo, que andaban entonces por Madrid ocupados en otros asuntos.

Dentro del 27, además de otras cosas, Salinas es el poeta del amor heterosexual, aunque -para que no todo sea tan convencional como parece a primera vista- la experiencia amorosa central en su vida y su poesía, fuera una relación extramatrimonial: la que mantuvo con Katherine Whitmore.

En Poemas de amor, Lumen propone una excelente antología de sus mejores poemas amorosos. Una selección que se abre con los textos de poesía pura o ultraísta de Seguro azar y Fábula y signo, en los que ya se prefiguran claramente algunos rasgos característicos de Salinas, como la búsqueda del ser profundo de la amada o la constante alusión vocativa a un por parte de un yo que no la despersonaliza, sino que ahonda en su realidad esencial.

Es una poesía de la afirmación amorosa, del sí exclamativo del deseo y la exactitud, como en la Amada exacta de Seguro azar:

Tú aquí delante. Mirándote
yo. ¡Qué bodas
tuyas, mías, con lo exacto!


Entre Presagios y el póstumo Confianza, Salinas elaboró su obra poética como una aventura hacia lo absoluto y el conocimiento. Buscó una voz propia en sus primeros libros por los caminos de la vanguardia y la encontró en un ciclo de poesía amorosa inspirada por Katherine Whitmore, entre la plenitud y el lamento.

El ciclo amoroso compuesto por La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento constituye una de las referencias cenitales del 27 y el momento central de la poesía de Pedro Salinas, un viaje siempre hacia el centro, hacia lo hondo, hacia una realidad que va más allá de la superficie y los nombres, hacia la alta alegría de una vida en los pronombres:

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!


El exilio abrió un paréntesis de silencio en la obra de Pedro Salinas hasta que en Puerto Rico se reencontró con la lengua y con la poesía, con el mar de El contemplado, que se prolongó luego en la voz civil y angustiada de Todo más claro.

Un reencuentro que supuso también, aunque ya de forma esporádica, la reaparición del tema amoroso en su poesía. El largo, desolado y espléndido Adiós con variaciones que cierra este cuidado volumen lo confirma con versos como estos, de su parte final:

Y al ver cómo tus ojos se cerraban
comprendí lo inminente:
que el mar iba a volver por lo que es suyo.
Y que aunque las auroras de este mundo
sigan acaso siendo tan diarias,
hay luces que no vuelven; que un cuerpo
no amanecerá nunca tu mirada.


Santos Domínguez

02 febrero 2011

Nuevas semblanzas y generaciones


Luis Antonio de Villena.
Nuevas semblanzas y generaciones.
Pre-Textos. Valencia, 2010.

Salvador Dalí en un teatro y Orson Welles en una marisquería son los dos famosos que abren las Nuevas semblanzas y generaciones, la galería de retratos que Luis Antonio de Villena publica en Pre-Textos.

Cincuenta y un retratos de escritores a los que trató personalmente el autor con más o menos frecuencia y cercanía, lo que le permite hablar de la vanidad de un Jorge Guilén octogenario, de la dentadura postiza de Gerardo Diego y sus problemas con una onomatopeya, del gusto de Juan Larrea por los cruasanes con mermelada, de Aleixandre el epéntico y la inteligencia intemperante de Rosa Chacel, de la antipatía de Alberti y el abismo órfico de María Zambrano.

Son muchos los personajes de la galería: un Gastón Baquero desastrado, culto y marginal, un García Baena claustral y pagano, una merienda con Borges, al que guiaba al baño, un Hierro orgulloso y cordial, los trucos líricos y las musas jóvenes de Umbral, la oscura distancia de Benet, Juan Goytisolo en su enfado permanente, la camaradería en la depresión con su hermano José Agustín, las salidas a la nocturnidad con Brines, el recuerdo lamentable de un Claudio Rodríguez al que rehuían en sus borracherías y al que dejaron a su suerte sobre un capó bajo la nieve porque los llamaban los urgentes placeres jóvenes de la noche. Una noche madrileña que podía ser menos civilizada aún tras la muerte de Ángel González.

Y escritores más jóvenes: un Gimferrer absurdo, un homosexual al que le gustan las mujeres- según él mismo-, Colinas y su misticismo taoísta, las rondas nocturnas con Leopoldo Mª Panero, la ambigüedad de Ana Rosetti tras sus abanicos de marabú, el elogio de las buenas maneras en Luis Alberto de Cuenca, una Almudena Grandes que habla muy alto y comparte anchos apetitos y fuerza natural con Luis García Montero o un Vicente Gallego camaleónico y audaz.

Intermediaciones y contactos, copetines y cuchipandas, autógrafos y comadreos se suceden en las páginas de estas Nuevas semblanzas y generaciones en las que –con un tono oscilante entre Gloria Fuertes y Antonio Gala- abundan también los retintines y las bromas de un yo vicario y evocador de visitas y literatura, de cenas poéticas y copas de madrugada, de semblanzas y vidas desmañadas.

Santos Domínguez

31 enero 2011

Casanova el admirable


Philippe Sollers.
Casanova el admirable.
Traducción de Mauro Armiño.
Páginas de Espuma. Madrid, 2010.

Una bellísima portada han elegido los editores de Páginas de Espuma para publicar la traducción que Mauro Armiño ha hecho de Casanova el admirable, un magnífico ensayo en el que Phillip Sollers se acerca a la figura del libertino Giacomo Casanova.

Un personaje complejo, huidizo e inabarcable, un filósofo de la acción, como señala Sollers, que ha querido recuperar en este ensayo biográfico-filosófico la imagen de Casanova como uno de los más grandes escritores del XVIII, un genio ensombrecido con frecuencia por el brillo de la leyenda o del escándalo. Casanova es un gran compositor -escribe Sollers-. Tanto en la vida como en la escritura. Trata de demostrar que su vida se ha desarrollado como si se escribiese a compás.

Agudo y reivindicativo, riguroso y brillante, más narrativo que ensayístico, Casanova el admirable es un libro repleto de propuestas para el lector actual, una lectura contemporánea de la obra de Casanova, un hombre del presente puro, un excepcional narrador que escribe para un lector del futuro porque fue un hombre del futuro.

Todo el mundo cree saber quién es Casanova. Están equivocados, escribe Sollers para abrir este libro que apareció en Francia hace doce años y es una reivindicación de la actualidad de las actitudes del libertino veneciano y de su calidad como escritor, uno de los mayores del XVIII, porque sus Memorias son una obra maestra, el proyecto de alguien que avanza en su verdad.

Junto con la denuncia de las falsificaciones que han deformado la imagen de Casanova, tergiversado y reducido a la condición de animal de circo, ese el propósito de Sollers, que ha elaborado una biografía espléndida del libertino ilustrado, de un hombre complejo, huidizo y oscuro, que habla tanto del personaje biografiado como del biógrafo.

Porque, como se podía esperar de la brillantez y la inteligencia del escritor francés, cada una de las páginas de este libro, con Mozart y la partitura del Don Giovanni al fondo, cada uno de sus párrafos, es un dardo que da en el centro de la diana, un recorrido minucioso por su vida y su memoria, por las ciudades y las mujeres, por las estaciones sucesivas que jalonaron su biografía, su imparable huida hacia adelante y alimentaron la línea argumental de su recuerdo entre Venecia y el castillo de Bohemia donde narró su vida y consumió sus últimos años mientras escribía líneas tan memorables como estas:

Yo soy el sabio en el sillón sombrío. Las ramas y la lluvia se lanzan contra la ventana de la biblioteca.

Santos Domínguez

28 enero 2011

Heroidas


Ovidio.
Heroidas.
Traducción de Vicente Cristobal López.
Prólogo de Maruja Torres.
BackList Clásicos. Barcelona, 2010.

Me abraso como se abrasan las mieses en una fértil campiña, cuando los Euros indómitos avivan el fuego. Faón visita ahora los campos lejanos del Etna Tifoide; a mí me domina un ardor tan intenso como el fuego del Etna. Y no se me ocurren canciones que asociar a las bien templadas cuerdas. Las canciones son producto de una mente desocupada. Ni me agradan ya las muchachas de Pirra o Metimna, ni ninguna de las otras de Lesbos.

Esas líneas, que forman parte de una misiva ardiente y desesperada de Safo a Faón, pertenecen a las Heroidas, un conjunto de veintiuna cartas –la mayoría femeninas, la mayoría despechadas y llenas de insatisfacción amorosa- que Ovidio escribió poco antes de purgar sus días disipados en el destierro del Ponto Euxino. Salvo esta, todas estas epístolas elegiacas las atribuyó a la mujer de un héroe mitológico o al héroe que la responde.

En estas cartas -de Penélope a Ulises, de Briseida a Aquiles, de Fedra a Hipólito, de Dido a Eneas, de Ariadna a Teseo, de Medea a Jasón, de Paris a Helena y de Helena a Paris, de Leandro a Hero o de Hero a Leandro- está posiblemente el mejor Ovidio, el más intensamente lírico.

El autor de estas Heroidas es un poeta con más sutileza erótica que en el Ars amandi, más cercano a lo sagrado que en las Metamorfosis y más próximo a la sensibilidad del lector actual que en cualquiera de esas otras obras.

A esa proximidad, que hace de Ovidio -como de todo verdadero clásico- un contemporáneo nuestro, no es ajena la excelente traducción de Vicente Cristobal López que acaba de publicar en BackList, con un prólogo de Maruja Torres, que presenta a Ovidio como El hombre que comprendía a las mujeres.

Tanto las comprendía, que aquí se puso no en su piel, sino en sus venas para hacerlas hablar en un tono elegiaco, con la urgencia del deseo o de la desolación de las pérdidas, con la intensidad de la pasión o la intimidad de la tristeza.

Así construyó una espléndida obra coral cuyas voces femeninas interpretan la misma partitura: una polifonía de la tristeza de mujeres enamoradas y abandonadas.

Santos Domínguez

26 enero 2011

El mar de iguanas



Salvador Elizondo.
El mar de iguanas.
Atalanta. Gerona, 2010.

Hay solamente noche y primavera, escribía el mexicano Salvador Elizondo (1932-2006) la noche del 4 de marzo de 1988 en el primero de sus Noctuarios, uno de los cinco cuadernos que completó entre 1986 y 1997. Otro mes de marzo, dieciocho años después, murió Elizondo y ya hubo sólo noche para él.

Junto con Noctuarios, Atalanta acaba de reunir en el volumen El mar de iguanas la Autobiografía precoz y los relatos Ein Heldenleben y Elsinore de un excepcional escritor, uno de los fundadores de la revista Vuelta y de la contemporaneidad en la literatura mexicana.

Con un prólogo de Adolfo Castañón, que hace doce aproximaciones a la obra de Elizondo, El mar de iguanas, que era el título de una obra proyectada y no realizada, recopila una parte significativa de la escritura potente de su autor.

Profesor, articulista, ensayista, poeta y traductor de Paul Valèry, Malcolm Lowry y Poe, excéntrico y contradictorio, mexicano y europeo, experto en cine y en literatura, Elizondo fue uno de los intelectuales más unánimemente elogiados por compatriotas como Monsiváis, Fuentes, Paz o Margo Glantz.

La Autobiografía precoz, que escribió a los 33 años, recoge los recuerdos de infancia y juventud de Elizondo y sus primeros merodeos por el filo de la navaja, por la cercanía del abismo que fue el espacio natural de su vida y su literatura, que cuenta –las palabras son de Carlos Fuentes- el combate universal entre el cuerpo y el lenguaje.

El descubrimiento del cuerpo y la desnudez, la génesis de la melancolía, el estado de ánimo que comparte con Cristo y con Jack el Destripador, la pasión amorosa por Silvia y sus amores descompuestos, la locura latente que finalmente estalló y le recluyó en un manicomio, la reflexión sobre la poesía y el lenguaje, sobre el cine de Eisenstein y la pintura, el recuerdo de ciudades como Roma, París o Nueva York, el malditismo como opción ética, la crueldad y la locura compartidas con Sade y con Bataille, la caligrafía china, la poesía de Pound y el alcohol.

Todos esos materiales caben en las apretadas e intensas páginas de esa Autobiografía precoz recorrida por una mirada lúcida y crítica en la que se superponen -como en los montajes cinematográficos con los que estaba tan familiarizado Elizondo- los temas, los tonos y los géneros para proponer –como en el cine de Eisenstein y en los ideogramas chinos- un nuevo sentido, distinto y más complejo del que tenían aisladamente.

No es la única propuesta combinatoria que aparece en El mar de iguanas. Sus textos promueven un diálogo constante entre el diario y el relato, entre el ensayo y la poesía.

Por ejemplo, Ein Heldenleben, un cuento que toma título de un poema sinfónico de Richard Strauss, reconstruye la memoria infantil del nazismo y la Guerra Mundial desde el México de los años cuarenta.

O Elsinore, una novela corta y autobiográfica que se ambienta en un internado militar de California con el nombre del castillo danés de Hamlet. Ese colegio donde estudió Elizondo después de la Segunda Guerra Mundial enmarca un autorretrato del artista adolescente del que dijo Octavio Paz que fundía la ligereza y la inteligencia, la gracia y la melancolía.

Cierra el libro la escritura nocturna de los Noctuarios, que reflejan a un Elizondo mallarmeano, maduro y culminante. Son textos distintos a los diurnos en tono y temas, porque -como escribe el 19 de noviembre de 1986- tiene que haber una diferencia de estilo entre los pensamientos que se producen de día y las ideas que surgen de noche.

Y así estos textos son una exploración que se interna en un territorio cercano a la poesía, en el terreno del sueño, la muerte, el desvelo y el duermevela, en la oscuridad a ratos lúcida de las noches de alcohol y marihuana. Pero además de eso, estos diarios nocturnos trazan un itinerario de ciudades y lecturas cuyo sentido resumen estas líneas:

me pasé la primera etapa tratando de hablar con los vivos, es decir viajando, la segunda con los muertos, o sea leyendo, y pienso que ha llegado la de ponerme a hablar de los vivos y de los muertos conmigo mismo.

Aunque este volumen no sea exactamente la concreción del proyecto misceláneo que Elizondo quería titular El mar de iguanas, es un homenaje que su autor hubiera agradecido como lo agradecemos ahora quienes tenemos el privilegio de leerlo para comprobar cómo la dureza de algunas de sus páginas convive con una prosa magistral, de la que deja constancia el comienzo de la Autobiografía precoz:

Beda, el Venerable, compara la vida humana al paso de una alondra extraviada que penetra en un recinto, lo cruza fugazmente y vuelve a salir hacia la noche.


Santos Domínguez

24 enero 2011

Clarín. Narrativa completa

Leopoldo Alas «Clarín».
Narrativa completa.
I. Cuentos.
II. Novelas.
Edición, introducción y notas de Francisco Caudet.
Cátedra Bibliotheca AVREA. Madrid, 2010.

Con excelentes prólogos de Francisco Caudet sobre la evolución y la conciencia crítica del Clarín cuentista y sobre la génesis de dos estrategias narrativas en sus dos novelas, la Bibliotheca Avrea de Cátedra reúne la narrativa completa de uno de los grandes autores de la segunda mitad del XIX en Europa en dos tomos cuidados en detalle.

Nadie discute la importancia de Clarín, reconocido como el mejor escritor de relatos cortos del siglo XIX en España y como autor de la mejor novela que –junto con Fortunata y Jacinta- dio en nuestro país aquel siglo agitado y prosaico.

El primer volumen recopila los relatos breves y las novelas cortas. Cerca de ciento cincuenta narraciones en las que, como señaló Carolyn Richmond, Clarín elabora una autobiografía ficticia a través del análisis de la psicología y la conducta de sus personajes en libertad. Ambientados en espacios rurales o urbanos de Asturias o en el Madrid que conoció de estudiante, reflejan el aprendizaje y la madurez de un narrador en el que coincideron de manera inusual la conciencia crítica y la solidez técnica en un camino de perfección que lo llevó de la sátira costumbrista a la denuncia sociopolítica.

Fueron, evidentemente, muchos, demasiados cuentos los que escribió Clarín. Casi todos ellos reflejan una inconfundible unidad de estilo, pero también una inevitable irregularidad que hace que convivan en estas ediciones completas los relatos prescindibles con obras maestras del género como Pipá, ¡Adiós, Cordera!, El frío del Papa o El dúo de la tos.

Corazón y cabeza, cielo y suelo, deseo y frustración, idealismo y realidad suelen estar en el centro de un debate en el que los personajes caeen con frecuencia en el bovarysmo y se crean una imagen falsa de sí mismos. Esos rasgos, comunes a los cuentos y a novelas cortas como Doña Berta, Cuervo y Superchería, se convierten en líneas de comunicación con la técnica novelística de La Regenta y Su único hijo.

No es el único trasvase de maneras de narrar: la mirada irónica de quien se siente, como antes Quevedo y luego Valle-Inclán, superior a sus criaturas, la atención al detalle y a la minuciosidad descriptiva de exteriores e interiores comunican también la narración larga con las formas breves que Clarín simultaneó durante sus años más creativos.

El segundo volumen, además de La Regenta y Su único hijo, recupera las diez novelas que Clarín dejó sin terminar. A desbrozar las estrategias narrativas que están en su base dedica Francisco Caudet el prólogo de ese tomo, cuyo eje es Vetusta y la sinfonía de voces y murmullos que es la banda sonora de esa ciudad gobernada desde los confesionarios, los salones aristocráticos y las tertulias del casino.

En esas dos novelas, repletas de personajes inolvidables, un Clarín pre-proustiano que se mueve entre el realismo y el simbolismo, entre el impulso romántico y la observación naturalista, indaga aún con inseguridad en un territorio narrativo que exploraría Proust decisivamente algunos años después.

Como en sus mejores relatos breves, la técnica compositiva se pone en estas novelas al servicio del análisis del hombre interior, su pensamiento, su sentir, su voluntad. Una técnica que llega a lo más profundo de unos personajes en los que conviven lo lúgubre y lo luminoso, la poesía y la prosa, lo blanco y lo negro, lo material y lo espiritual.

Como en todos los libros de la Bibliotheca Avrea, las abundantes e ilustrativas notas se colocan al final de cada tomo para no interrumpir la lectura fluida de los textos en una edición que será de referencia obligada en los próximos años.

Santos Domínguez

21 enero 2011

William Cliff. El pan cotidiano


William Cliff.
El pan cotidiano.
Traducción y prólogo de Rafael-José Díaz.
Pre-Textos. Valencia, 2010.

Con un texto fechado hace nueve años, en febrero de 2002, abre William Cliff El pan cotidiano, un largo y único poema de 140 estrofas de diez versos que se publicó en 2006 y aparece ahora en Pre-Textos con traducción y prólogo de Rafael-José Díaz, que ha hecho un meritorio trabajo de aproximación al tono original de la poesía del belga André Imberechts, que firma con el seudónimo William Cliff.

Un tono oscuro que refleja lo cotidiano con un lenguaje cotidiano en una desolada poesía intimista o urbana, calurosa o invernal, en la que se suceden los lugares y los tiempos, las estaciones del año y las del ferrocarril, y se evocan vagos movimientos de vida / que recuerden la existencia animal.

La insatisfacción, el trabajo degradante, la decrepitud física y la contaminación atmosférica son algunos de los temas de un poeta que, como señala Rafael-José Díaz en su prólogo, “no ha dejado en cada uno de sus libros de explorar territorios casi siempre vetados a la palabra supuestamente inmaculada del poema.”

Fechados entre febrero de 2002 y julio de 2005, los poemas de El pan cotidiano constituyen un diario discontinuo y fragmentario de impresiones y recuerdos, de soledad y bares, ensoñaciones y desalientos, preguntas y deseos, insomnios y excesos alcohólicos con la destrucción y el tiempo al fondo.

Cualquier hecho trivial le sirve al poeta para dar cauce a una desolada meditación existencial en la que la degradación del mundo es paralela a la decadencia personal. Un insecto agresivo o un condón usado, la receta de una sopa o el coloquio en una radio se convierten en estos poemas en metáforas del problemático sentido de la existencia.

O del sentido de la escritura, como en este texto, del 9 de octubre de 2003:

la nobleza del gesto de escritura
como el que hace ese escriba egipcio
que proyecta su alma hacia lo que soporta
y lo transmite al gesto de la mano
del corazón al dedo de la mirada al trazo
dibujado en lo blanco de la página
esa nobleza rara se dispone
a la creación de un elevado estilo
y no al mero abandono despreciable
que cae en las teclas de un ordenador


Santos Domínguez

19 enero 2011

Bestiario y fuga de Gabriel Sofer


Gabriel Sofer.
Bestiario y fuga.
El olivo azul. Córdoba, 2010.

El misterioso y brillante Gabriel Sofer vuelve a las librerías con un nuevo libro de relatos. Ilustrado por Lina Vila y publicado por El olivo azul, Bestiario y fuga es un fabulario secreto y neoyorkino, un bestiario contemporáneo y urbano.

Un cuervo vitalista y cínico y un palomo viejo, melancólico y reflexivo, los dos personajes centrales que evolucionan a través del valor dialéctico del diálogo, conversan en unos textos de estructura abierta, en un rosario de historias de arranque visual subrayado por las ilustraciones de Lina Vila.

Una fábula moral en Brooklyn, una indagación simbólica en el hombre y en su vida en fuga a través de los animales, de unos personajes vivos y contradictorios que huyen, cada uno a su manera. Y el arte de la fuga como técnica musical y literaria se convierte en la clave de un libro tan asombroso, tan intenso y tan complejo como su anterior Al final del mar.

Santos Domínguez

17 enero 2011

Ayala. Autobiografía(s)


Francisco Ayala.
Autobiografía(s).
Obras Completas II.
Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores.
Barcelona, 2010.


Entonces, el autorretrato que yo me pinto ante mis propios ojos, ¿no resultará también un retrato de "personaje desconocido"?

Con esa aguda conciencia autocrítica reflexionaba en 1991 Francisco Ayala acerca de la problemática sinceridad de las obras autobiográficas y sobre la propensión al autoengaño. La cita forma parte de Retrato de personaje desconocido, que es el capítulo inicial de El tiempo y yo o El mundo a la espalda, uno de los tres libros de memorias de Ayala que se recogen en Autobiografía(s).

Así se titula el segundo volumen de las Obras Completas de Francisco Ayala (1906-2009), que está publicando
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores con edición de Carolyn Richmond. Un volumen que reúne por primera vez la totalidad de los textos autobiográficos de quien es una de las referencias literarias y éticas de la literatura y el pensamiento español del siglo XX.

En este volumen -del que forman parte textos esenciales como El tiempo y yo o El mundo a la espalda (1992) y De mis pasos en la tierra (1998)- ocupan un lugar central sus Recuerdos y olvidos (1906-2006), a los que se han incorporado los apéndices que no aparecían en las ediciones más recientes de unos textos que van mucho más allá de la simple autobiografía y contienen la conciencia lúcida y crítica de un siglo conflictivo.

Un siglo que le vio pasar del paraíso granadino de la infancia a la experiencia del destierro a través del brillante Madrid republicano; el duradero exilio bonaerense que dejó huellas imborrables en su vida y su acento porteño; los retornos profesorales desde Estados Unidos y los recuerdos que se intensifican a su regreso a España.

Conviven en estas páginas todas las facetas de Ayala: el escritor y el profesor, el novelista y el sociólogo, el crítico lúcido y el memorialista poco o nada autocomplaciente consigo mismo. Conviven también aquí la memoria, la realidad y la ficción que evoca Luis García Montero en el prólogo que presenta este volumen en el que un Ayala cercano conversa con el lector sobre el 27, el Berlín del nazismo, la España de la República, el exilio en Buenos Aires o la ciudad de Nueva York, sobre la creación artística, su relación con la realidad y su exigencia ética.

Un Ayala directo y completo, que con su intenso pulso narrativo hace un riguroso examen de conciencia en una cuidadísima edición que recupera su memoria, su vida y su literatura.

Santos Domínguez