Reseñar libros malos no es sólo una pérdida de tiempo, sino también un peligro para el carácter (W.H. Auden)
14 marzo 2022
Donald Rayfield. Antón Chéjov. Una vida
11 marzo 2022
James Joyce. Retrato del joven artista
“La dificultad de explicar el argumento de una novela como el Retrato no es su enrevesamiento ni su complejidad, sino, precisamente, su simplicidad o inexistencia. Como novela de formación y aprendizaje, tiene que desembocar en una consecuencia o catarsis, en algo que refleje el cambio operado por el protagonista en su periplo vital. En el caso de Stephen la consecuencia de toda la novela es la huida, el exilio, el rechazo de todo lo que lo ha conformado a lo largo de la novela” escribe Damià Alou en el estudio introductorio que abre su edición del Retrato del joven artista de James Joyce en Cátedra Letras Universales.
Intermedia entre Dublineses y Ulises, del que a veces se considera un primer volumen, esta fue la primera novela de Joyce. Protagonizada por Stephen Dedalus, un alter ego de Joyce, apareció en veinticinco entregas en la revista londinense The Egoist, entre febrero de 1914 y septiembre de 1915, con el apoyo de Ezra Pound, que detectó en aquella obra el aire más renovador de la literatura inglesa. Se editó ya como libro en Estados Unidos en 1916 y diez años después, en 1926, la tradujo al español Dámaso Alonso, que utilizó el seudónimo Alfonso Donado y tituló su versión Retrato del artista adolescente.
Durante casi un siglo esa ha sido la versión que ha circulado en España e Hispanoamérica de la novela de Joyce. En la nueva traducción de Damià Alou así se lee uno de los episodios más significativos, el de la exaltación religiosa y vital de Stephen Dedalus posterior a su confesión:
Organizada en cinco capítulos que reflejan cinco momentos de la evolución del protagonista en relación conflictiva con el mundo, con la familia, con la religión, con las mujeres y consigo mismo, la novela tiene su culminación en el quinto capítulo, el más largo y el más decisivo de su proceso de formación: el que significa la afirmación de su personalidad tras un proceso que incluye un periodo de ascetismo y religiosidad exaltada tras el que se acabará alejando de la religión y la familia.
Porque -escribe Damià Alou- “Stephen, en cuanto que héroe romántico, es capaz de enfrentarse al discurso de la religión, de la patria, de la familia y del amor, y salir triunfante con su propio discurso.”
Ese quinto capítulo decisivo, que es también el más complejo, es el del descubrimiento de la clave de la creación artística en la renuncia y en la necesidad de superar los límites que imponen la realidad social, la religión, la nacionalidad o la lengua para convertir el mundo en lenguaje, en expresión artística de la conciencia.
Esa voluntad de independencia y de huida se concreta en la salida de Stephen de Irlanda y en ese “¡Vete! ¡Vete!” que anota en su diario el 16 de abril, al final de la novela. Diez días después, el 26 de abril, añade:
Parto para encontrarme por millonésima vez con la realidad de la experiencia y forjar en la herrería de mi alma la conciencia increada de mi raza.
La literatura de Joyce tiene entre otras características la de su continuidad y su coherencia evolutiva: así como en el Retrato está ya en potencia el Ulises, el Retrato a su vez está claramente conectado con el mundo de Dublineses, en una transición progresiva desde la mirada exterior a la interior, desde el objetivismo heredado de la literatura realista, sobre todo de Flaubert, a la subjetividad del renovador flujo de conciencia proyectado en la figura autobiográfica de un personaje en crecimiento, en un proceso de maduración interior que lo transforma en artista a través de la epifanía de la creación literaria.
Así lo resume Damià Alou: “A los veintiún años, Joyce había descubierto que podía convertirse en un artista escribiendo acerca del proceso de creación artística. En cierto modo, el Retrato es más un poema en prosa que una novela, un texto en el que la evocación tiene, además, la función de indagar en cómo el lenguaje recibido forma a un artista. Su modernidad reside en su técnica de yuxtaposición de escenas sin ilación más lógica que la necesidad narrativa, algo que reclama la complicidad activa del lector, que debe entrar en un juego sin conocer las reglas.”
Santos Domínguez
09 marzo 2022
James Joyce. Ulises
Majestuoso, el orondo Buck Mulligan llegó por el hueco de la escalera, portando un cuenco lleno de espuma sobre el que un espejo y una navaja de afeitar se cruzaban. Un batín amarillo, desatado, se ondulaba delicadamente a su espalda en el aire apacible de la mañana. Elevó el cuenco y entonó:
—Introibo ad altare Dei.
Se detuvo, escudriñó la escalera oscura, sinuosa y llamó rudamente:
—¡Sube, Kinch! ¡Sube, desgraciado jesuita!
Solemnemente dio unos pasos al frente y se subió a la plataforma redonda. Dio media vuelta y bendijo gravemente tres veces la torre, la tierra circundante y las montañas que amanecían. Luego, al darse cuenta de Stephen Dedalus, se inclinó hacia él y trazó rápidas cruces en el aire, barbotando y agitando la cabeza. Stephen Dedalus, molesto y adormilado, apoyó los brazos en el remate de la escalera y miró fríamente la cara agitada barbotante que lo bendecía, equina en extensión, y el pelo claro intonso, veteado y tintado como roble pálido.
Buck Mulligan fisgó un instante debajo del espejo y luego cubrió el cuenco esmeradamente.
—¡Al cuartel! dijo severamente.
Añadió con tono de predicador:
—Porque esto, Oh amadísimos, es la verdadera cristina: cuerpo y alma y sangre y clavos de Cristo. Música lenta, por favor. Cierren los ojos, caballeros. Un momento. Un pequeño contratiempo con los corpúsculos blancos. Silencio, todos.
Es el memorable comienzo del ya centenario Ulises de Joyce en la traducción de María Luisa Venegas Lagüéns y Francisco García Tortosa que publica Cátedra Letras Universales con edición de Francisco García Tortosa.
El 2 de febrero de 1922 era la fecha que Joyce acordó con la librería Shakespeare and Company de París para publicar una novela que cambiaría la historia de la literatura. Cumplía cuarenta años ese mismo día, cuando recibió de manos de su librera y editora Sylvia Beach el primero de los mil ejemplares que se editaron por suscripciones de ciento cincuenta francos, un precio considerable.
Ambientada en Dublín y centrada en una sola jornada, entre las ocho de la mañana y las dos de la madrugada del 16 de junio de 1904 -el Bloomsday-, es estructuralmente una parodia de la Odisea que Joyce diseñó siguiendo minuciosamente los episodios homéricos en relación con los vagabundeos de Stephen Dedalus y Leopold Bloom. Su humor corrosivo -“no hay en él una sola línea en serio”, decía Joyce-, los constantes juegos narrativos y la reunión de temas y voces, de técnicas y registros lingüísticos producen un efecto desconcertante de integración y desintegraciones, de construcción y deconstrucciones de la tradición literaria.
El Ulises, un libro capital en la literatura del siglo XX, tiene una inmerecida mala fama de hermetismo que no se corresponde con la realidad, aunque sí sería aplicable a su posterior Finnegans Wake. Cualquier lector atento de novelas puede superar la dificultad que plantea en la novela el uso del tiempo y el espacio para dar sensación de simultaneidad y ubicuidad.
Otra cosa es la tarea colosal de traducir un texto complejo que hasta 1945 no tuvo una primera versión en español, la de Salas Subirats, que fue durante décadas la única existente, la que conocimos en la edición argentina de Santiago Rueda Editores, disponible ahora en Galaxia Gutenberg en una estupenda edición ilustrada por Eduardo Arroyo. Después vendría en 1976 la de José María Valverde en Lumen, que se acaba de reeditar, revisada por Andreu Jaume; y esta de María Luisa Venegas Lagüéns y Francisco García Tortosa que apareció por primera vez en 1999 en Cátedra y fue revisada y corregida en 2004.
07 marzo 2022
El factor Borges
Como “un ensayo de lectura: un manual de instrucciones para orientarse (o extraviarse sin culpas) en una literatura” describe el escritor y crítico argentino Alan Pauls su magnífico El factor Borges, un libro indispensable para borgeanos que acaba de publicar Literatura Random House.
Enciclopedia heterodoxa, antología breve, mapa conceptual, manual de instrucciones, ensayo de aproximación a una obra inagotable, a la busca de un Borges o varios Borges inesperados… Todo eso y más contiene este breve y enjundioso libro de Alan Pauls.
Porque, como escribe en su prólogo, se trata de “buscar en Jorge Luis Borges el factor Borges, la propiedad, la huella digital, esa molécula que hace que Borges sea Borges y que, liberada gracias a la lectura, la traducción, las múltiples formas de resonancia que desde hace más o menos cuarenta años vienen encarnizándose con él y con su obra, hace también que el mundo sea cada día un poco más borgeano: ése fue el propósito original de este libro.”
Un libro en el que abundan notas al margen sobre conceptos y personajes, sobre obras y nombres propios que vertebran una escritura tan irrepetible como la de Borges. Notas como esta, dedicada a los eucaliptos: “El perfume de los eucaliptos es a Borges lo que el sabor de la magdalena a Marcel Proust: “En cualquier lugar del mundo en que me encuentre, basta el olor de los eucaliptos para que yo vuelva a ese Adrogué perdido que ahora sólo existe en mi memoria.”
Otras notas al margen se centran en sus padres, Jorge Borges y Leonor Acevedo, en escritores como Lugones, Sabato, Abelardo Castillo, Bioy Casares, Macedonio Fernández, en personajes como Pierre Menard o Funes el memorioso, en la invención con Bioy Casares de un complementario como Bustos Domecq, en la importancia de la enciclopedia, las bibliotecas, la imaginación o la lotería en su obra. O en la imagen compleja de un Borges original y polémico, agresivo y discreto, paradójico y humorístico, divulgativo y lateral. Porque -escribe Pauls en otra de esas notas marginales-, “Borges, que caminó y leyó los márgenes como nadie, también los escribió hasta agotarlos. Como sucede con los contratos diabólicos, lo más importante de la prosa borgeana es a menudo lo que está escrito en letra chica.”
En esta exploración minuciosa y desenfadada del universo literario y vital borgeano, Pauls rastrea con perspicacia las huellas de un Borges más cercano, más burlón y menos solemne en busca de “los verdaderos Borges inesperados, capaces de poner a distancia, ironizar o aun refutar buena parte de los estereotipos con los que estamos acostumbrados a confundirlo. Tal vez así, de golpe, el tímido y desinteresado ratón de biblioteca se transforme en un estratega tortuoso; el anglófilo deje su torre de marfil y baje a entintarse los dedos a la arena caliente del periodismo; el escritor para élites abrace la cultura bastarda de la divulgación; y el centinela de la originalidad, sin el menor asomo de rubor, confiese ser ni más ni menos que un consumado artista del robo. Y tal vez así leer vuelva a tener el vértigo de la infracción.”
Santos Domínguez
04 marzo 2022
Joaquín Márquez. Bromuro de plata
02 marzo 2022
Landero. Una historia ridícula
Una historia ridícula. Así se titula la última novela de Luis Landero, que publica Tusquets. Comienza con este párrafo en el que se concentran algunas de las magias verbales y de las estrategias narrativas que Landero ha ido depurando desde su inicial y prodigiosa Juegos de la edad tardía:
No creo pecar de orgullo, como demostraré a lo largo de mi exposición, si comienzo diciendo que soy un hombre con ciertas cualidades. Quizá no resulte especialmente llamativo, pero sí educado, discreto, concienzudo, culto y buen conversador. Todos cuantos me conocen saben, o deberían saber, de mi honradez y rectitud. En otros tiempos tuve un buen puesto de trabajo y un piso en propiedad. ¿Mi visión del mundo y de la vida? Trágica y trascendente. ¿Mi historia? De amor, de odio, de venganzas, de burlas y de ofensas. Me llamo Marcial Pérez Armel, resido en Madrid, y tengo en muy alta estima el viejo concepto del honor.
Desde ese párrafo inicial empieza a perfilarse y autodefinirse en primera persona la figura de Marcial, un desclasado propenso al odio, a la simulación y a la impostura que, como Lázaro a aquella Vuestra Merced anónima y superior, decide escribir a instancias de un tercero, el doctor Gómez, “la historia de mi vida a la vez que un ensayo sobre mí mismo.”
Y lo hace con la pretenciosidad del acomplejado sin estudios, que tiene un oscuro empleo en un matadero y que conoce de oídas la alta cultura, en fragmentos como este, donde reivindica su grotesca formación académica:
En cuanto a mí, antes que letras o ciencias, opté por la formación profesional. Como siempre me ha gustado la naturaleza, el mundo animal y los bellos entornos, cursé un ciclo de Comercialización de productos alimentarios, que culminé con éxito. Luego para ampliar estudios, y siguiendo lo que era ya una vocación, hice algunos módulos y másteres sobre Producción agropecuaria y Elaboración de productos cárnicos y lácteos. Esto, en cuanto a mi formación académica.
Pendiente de proyectar una buena imagen ante la opinión ajena, proclive a la impostura de inventarse unas cualidades que no tiene, propenso a la verbosidad banal de la oratoria y a las digresiones de lo que él llama “la disertación filosófica”, Marcial es un resentido mediocre con mirada trágica, víctima de ofensas y humillaciones desde niño, un activista del odio a primera vista por flechazo, que va desgranando en los breves capítulos de Una historia ridícula sus enfadosas divagaciones logorreicas.
Y así como Gregorio Olías no era un impostor, sino un personaje cercano y deslumbrante cuando se reinventaba con imaginación quijotesca, en Augusto Faroni en Juegos de la edad tardía, con otra tertulia por medio, este Marcial que rondaba la cabeza de Landero desde hace décadas al parecer, es insuperablemente antipático y despreciable cuando se reinventa penosamente a sí mismo en un puro ejercicio de impostación pretenciosa y sin grandeza que no admite ni siquiera la coartada del heterónimo.
Este que el narrador protagonista llama “informe o documento narrativo” es el demoledor autorretrato de un simulador insoportable, pagado de sí mismo, autodefinido como “artista y filósofo”. Un autorretrato trazado por Landero con distancia esperpentizadora y con verosimilitud cervantina, porque todos conocemos personas reales como este patético Marcial, pedantes y redichos, empinados sin garbo sobre el inestable pedestal de su vanidad y sus limitaciones, siempre temerosos de que los desnmascaren.
A diferencia de lo que se cuenta en el Lazarillo -el proceso de degradación del narrador protagonista y víctima de un vergonzoso caso-, lo que se cuenta aquí es esa ridícula historia de amor y odio que se anuncia en el título: un lance amoroso que proyecta las pretensiones de Marcial hacia Pepita Núñez de Ayala, una mujer superior que representa todo aquello que él no es: culta, refinada, segura de sí misma.
Y porque, “en el fondo, tanto las historias de odio como las de amor están expuestas por igual a los desafueros de la imaginación y la locura”, lo demás que lo averigüe el lector. Merece la pena el paseo por esta historia ridícula, entre el orgullo y la cobardía, entre lo cómico y lo trágico, entre la angustia y el rencor que culmina en el discurso Asalto a la casa de la mujer amada, hasta el desenlace con Gil López Navarrete, “el cuarentón ingenioso y el simio ilustrado”, “malabarista de palabras e ilustre comediante” en una tragicómica mezcla de gazpacho y de sangre.
Santos Domínguez
28 febrero 2022
Santiago Auserón. Arte sonora
Desde tiempos remotos, la música fue una actividad omnipresente en la sociedad griega: este hecho, hoy ampliamente reconocido, ha sido durante largo tiempo poco tenido en cuenta por los estudiosos de la Antigüedad.[…]
El pensamiento heleno surge en ese proceso que asocia indisolublemente una técnica especializada, como la del constructor de navíos –de la cual depende la supervivencia en el mar, el comercio, la colonización de nuevas costas y la suerte de la guerra–, con el soporte musical de la tradición poética; y este, a su vez, con las conveniencias de la argumentación lógica. La música asegura la transmisión entre los extremos de la necesidad perentoria y las artes del intelecto. […]
Nuestra investigación se apoya en la renovación del helenismo acontecida a lo largo del siglo XX, debida a los descubrimientos arqueológicos, etnográficos y tecnológicos que llevaron a contrastar el legado textual con un conocimiento cada vez más preciso de la tradición oral. Poco a poco, los helenistas han ido haciendo frente a la necesidad de cooperar con la musicología en el estudio de los primeros rastros de Occidente. En lo que toca a la literatura de la Grecia antigua, la musicología es concluyente: «Todos los autores griegos de los que hoy no subsisten más que los textos, y que tenemos tendencia a considerar únicamente como poetas, eran de hecho también músicos, al menos desde la época arcaica hasta el fin de la época clásica.» Aun así, al comienzo de su Ancient Greek Music, publicado en la última década del pasado siglo, Martin L. West se veía forzado a declarar todavía: «Probablemente ningún otro pueblo en la historia ha hecho referencia más frecuente a la música y a la actividad musical en su literatura y en su arte. Pese a ello, el asunto es prácticamente ignorado por casi todos los que estudian esta cultura o enseñan acerca de ella.»
En esos tres párrafos se podría resumir el sentido de Arte sonora, un ambicioso ensayo que Santiago Auserón publica en Anagrama.
Subtitulado En las fuentes del pensamiento heleno, es una indagación amplia, profunda y muy documentada que explora la relaciones entre la música, la poesía, el mito, la filosofía y el logos en el proceso de configuración del pensamiento griego entre la época arcaica y la clásica.
“Arte sonora -escribe Santiago Auserón en el Prefacio del libro- es la conjunción de palabra y música en el canto, pero también la música instrumental sin palabras. Juntas comparten las funciones culturales que los griegos antiguos representaron en la fraternidad de las Musas. El curso de la historia dejó a la música reinar en el medio sonoro común, mientras contemplaba a su hermana alejarse y marcar distancias. De modo inevitable, la práctica musical preserva una interrogante callada acerca de las evoluciones de la voz fuera del territorio de origen e incita a considerar si en sus desarrollos escritos y discursivos la palabra es todavía un arte sonora. Sin duda el oficio de cantor y compositor de canciones, practicado en paralelo con el estudio de la filosofía, tiene algo que ver con esta manera de plantear las cosas. La necesidad de escapar de los apremios mercantiles de dicho oficio, el deseo de comprender mejor su propio alcance, dieron nuevo impulso a la inclinación temprana por el pensamiento de los griegos antiguos, reforzándola con la inquietud por conocer el rastro de las sonoridades musicales que asistieron al nacimiento de la filosofía.”
En esta intensa reconstrucción del medio en que nació la filosofía occidental, Auserón aborda cuestiones como la relación de la música con lo sagrado, el comercio del hombre con lo sagrado a través de la canción y el mito, la lógica musical del hexámetro y los ritmos homéricos, el proceso de separación de la poesía y la música, la escisión consiguiente de las artes verbales y musicales, la restauración de la lógica del ritmo o las correspondencias simbólicas entre la palabra y la música, hasta llegar a una conclusión -‘La música del lógos’- después de un completo y deslumbrante recorrido por la cultura arcaica y clásica en la antigua Grecia.
Arte sonora propone un recorrido luminoso por “la dualidad cultural de las artes sonoras -palabra y música-“, por el equilibrio entre la representación verbal y la invisibilidad sonora, por las relaciones de reciprocidad entre palabra y música y sus valores simbólicos como expresión de lo sagrado, por las armonías y las consonancias, por la tradición mistérica en la que conviven los ritos y la poesía, por el paso de la tradición oral a la escrita, de la poesía a la filosofía, del mito al logos y por la evolución del pensamiento filosófico, que “heredó de la épica la idea de lo divino como principio del que deriva una valoración de los comportamientos humanos, junto con la capacidad de idealizar un origen remoto, y de la lírica aprendió la libertad individual para contradecir esas mismas creencias.”
Santos Domínguez
25 febrero 2022
Joyce. Cuentos y prosas breves
Unos suaves toques en el cristal le hicieron volverse hacia la ventana. Había comenzado a nevar de nuevo. Soñoliento, vio los copos caer oblicuamente contra la luz de las farolas, plateados y oscuros. Había llegado el momento de emprender su viaje hacia el oeste. Sí, los periódicos estaban en lo cierto: la nieve caía sobre toda Irlanda. Caía en cada parte de la oscura planicie central, sobre las colinas calvas, caía suavemente sobre las oscuras y turbulentas aguas de Shannon. Caía también sobre cada rincón del solitario cementerio donde yacía Michael Furey enterrado. Se acumulaba sobre la piedra de sus cruces torcidos y sus lápidas, sobre las lanzas oxidadas de su pequeña puerta, sobre las espinas yermas. Su alma se desvanecía al escuchar caer la nieve débilmente sobre el universo, caer débilmente, como el descenso de su último final, sobre todos los vivos y los muertos.
Así termina, en la traducción de Diego Garrido, Los muertos, de James Joyce, uno de los mejores cuentos de la historia de la literatura.
Ese texto cierra Dublineses, el conjunto de quince relatos escritos entre 1904 y 1914, entre Dublín y Trieste, con los que renovó el cuento del siglo XX y de los que Joyce decía que eran “un capítulo en la historia moral de mi país” y “el cristal pulido en el que mis compatriotas podrán mirarse con miedo a reconocerse.”
Dublineses es una de las obras que se recogen en un espléndido tomo publicado por Páginas de Espuma que reúne por primera vez en español toda la obra breve de James Joyce, un autor que -sostiene Garrido- “hoy en día, a 140 años de su nacimiento, es Irlanda como Dante es Italia o Cervantes España.”
Para subrayar esa vinculación de vida y obra, de literatura y experiencia, cada uno de los apartados va presentado por magníficos textos introductorios que son un iluminador rastreo de las claves biográficas de los textos y trazan el desarrollo paralelo de la línea biográfica y de la obra en marcha del artista en París o Dublín, muestran al joven alumno de los jesuitas y el University College de Dublín, al escritor en su taller o en su laberinto y reconstruyen sus últimos años. Un espléndido aparato de notas pertinentes y aclaratorias cierra cada uno de esos apartados en los que se agrupan las piezas cortas de Joyce.
Cierra esta cuidadísima edición un amplio álbum fotográfico que recoge abundantes imágenes del autor y de su entorno familiar, de Nora, su mujer; de los lugares en los que vivió (Dublín, París, Trieste, Zurich), de la Torre Martello, donde Joyce vivió seis días y donde arranca el capítulo inicial del Ulises, de sus laberínticos manuscritos y sus endiabladas correcciones de pruebas, que dan idea del minucioso método de escritura y reescritura que aplicó a toda su obra.
Santos Domínguez
23 febrero 2022
Antonio de Nebrija o el rastro de la verdad
Galaxia Gutenberg se suma a las conmemoraciones del quinto centenario de la muerte de Antonio de Nebrija con la publicación de una magnífica biografía del humanista lebrijano, Antonio de Nebrija o el rastro de la verdad, escrita por José Antonio Millán, que explica en su Introducción la orientación de la obra:
Ésta es –y no podía ser de otra manera– una biografía intelectual. Si los corsarios hubieran hecho cautivo a Nebrija cuando volvía de Italia, si en Salamanca hubiera tenido pendencias amorosas por dedicar unos hexámetros a la mujer de un colega, si en Burgos la hubiera emprendido a «coces y puñadas» con el dominico provocador, o si la Inquisición hubiera dado con sus huesos en la cárcel, tal vez podría haber resultado una vida más animada, pero nada de eso (que sepamos) ocurrió. Lo que sí sabemos da lugar, desde luego, a una biografía apasionante, pero que se desenvuelve en los terrenos del saber: una biografía intelectual, como hemos dicho.
A lo largo de una vida que bien podemos calificar de fértil, Antonio de Nebrija se dedicó básicamente a escribir y publicar sobre cosas muy variadas −aunque manteniendo una coherencia−, pero hay que advertir que lo que más se aprecia hoy (fuera de unos pocos investigadores) no era lo que más fama tuvo en su tiempo, ni probablemente lo que más le importaba. Asimismo, sus palabras más recordadas probablemente no tenían el sentido que hoy comúnmente se les atribuye. Ésta es la tragedia de Nebrija, y el fin de este libro (y de los varios y muy valiosos que le precedieron) puede ser poner de relieve, para un público amplio, sus logros de todo tipo, las luchas de un temperamento orgulloso y bien dotado por que resplandecieran muchas verdades que la sociedad de su época no quería ver.
21 febrero 2022
Stendhal. Diarios
Stendhal.
Diario, vol. 1.º (1801-1805)
Introducción de T. S. Norio
Traducción de Olga Novo Presa.
KRK Ediciones. Oviedo, 2015.
Stendhal.
Diario, vol. 2.º (1805)
Edición de Marceliano Acevedo.
KRK Ediciones. Oviedo, 2021.
18 febrero 2022
Kiko Amat. Los enemigos
“La premisa fundamental de este pequeño libro es de una simplicidad pasmosa: tener enemigos puede resultar útil. Yo los tengo, vivo entre ellos desde que desarrollé el uso primigenio de mi conciencia, y no me ha ido mal del todo. Mi vida entera ha transcurrido, desde mi más tierna mocedad, con la percepción clara de que el mundo estaba polarizado en friend or foe, gente a quien amar y gente a quien odiar (con un océano de humanidad irrelevante, o simplemente desconocida, entre ambos continentes). Esta visión, esta (a menudo ingrata) Weltanschauung, era para mí certeza, no conjetura o abstracción: dichos enemigos tenían nombres y apellidos (aunque su enemistad estuviese definida por mi paranoia o traumas o neuras, más que por actos demostrables empíricamente y realizados, desde su lado, por ellos). Dicho de otro modo: existían, y no en la forma de demonios folclóricos abstractos, productos hiperbólicos de la paranoia y el pánico social.
La certeza de que siempre existía un opuesto, un enemigo, contra el que enfrentarse o en quien reflejarse, ha marcado mi comportamiento y destino y relaciones sociales y la forma en que crecí, y por consiguiente también mi oficio y mi obra literaria. La mayoría de mis creaciones, también la mayoría de mis acciones en general, han estado sujetas a la contraposición con un antípoda. Mi blanco existe porque siempre he creído que al otro lado estaba el negro, y viceversa. Soy lo que soy porque no soy eso. Hago esto porque no es aquello: lo contrario de mi esencia.
Este librito es, así, un intento de comprender la enemistad, la obsesión con lo antipódico, las acciones por despecho y el odio (con ocasional elevación) que acompaña a la mencionada posición vital”, escribe Kiko Amat en el prólogo de Los enemigos. O cómo sobrevivir al odio y aprovechar la enemistad, que publica en Nuevos Cuadernos Anagrama.
Desde los opuestos naturales que “irradian desaprobación” hasta los enemigos estériles o evaporados, este es un manual de uso inteligente y punzante para entender conductas como la simulación y la impostura, el narcisismo y la adulación, y algunas claves de la condición humana, de la amistad transitoria y de la enemistad irreconciliables, las reacciones de despecho y el ejercicio del odio como fuerza motriz, la venganza constructiva y el desquite, “pues los enemigos son útiles, y pueden emplearse para el progreso creativo y personal.”
Y es que, aunque hay un evitable odio puramente destructivo, entre las ventajas más aprovechables de tener enemigos destacan el fomento de la autocrítica y la vigilancia para no darles oportunidades de satisfacción. Por eso, explica Kiko Amat, excepto en la enemistad estéril que anula la reacción y no sirve como “combustible para un objetivo concreto”, “los enemigos mejoran tu obra, […] te endurecen, te hacen más aplicado.”
Escrito con una mezcla explosiva de humor y rabia, Los enemigos es una aguda reflexión sobre “la utilidad del rencor y la venganza (la tirria indeleble como eficaz motor vital y artístico)” y una divertida taxonomía que distingue entre “los enemigos equivocados, los enemigos usables, los enemigos naturales, los enemigos invisibles (enemigos con piel de amigo), los enemigos instantáneos y más.”
Porque “lo cierto es que necesitamos a los enemigos, incluso cuando les hemos mantenido cerca por las razones equivocadas, tomándoles por lo contrario de lo que eran.”
Santos Domínguez
16 febrero 2022
Anthony Powell. Una danza para la música del tiempo
Anthony Powell.Una danza para la música del tiempo.I. Primavera. II. Verano.III. Otoño. IV. Invierno.Traducción de Javier Calzada.Compactos Anagrama. Barcelona, 2022.
Así evoca ese cuadro, cuyo sentido podría aplicarse también al impresionante ciclo narrativo de Powell, el narrador Nick Jenkins en la primera novela, Un problema de formación:
Un problema de formación (1951), Un mercado de compradores (1952), El mundo de la aceptación (1955), En casa de Lady Molly (1957), El restaurante chino Casanova (1960), Los bondadosos (1962), El valle de los huesos (1964), El arte del soldado (1966), Los filósofos militares (1968), Los libros sí amueblan una habitación (1971), Reyes temporales (1973) y Escuchando armonías secretas (1975).
Con una equilibrada combinación de de autobiografía y ficción, de profunda introspección y agudo reportaje social, el ambicioso ciclo novelístico, ambientado entre 1921 y el otoño de 1971, está narrado con humor sutil, distancia irónica y mirada retrospectiva por su protagonista, Nicholas Jenkins, un alter ego de Powell, y se sostiene sobre un portentoso despliegue de más de trescientos personajes.
Entre ellos sobresalen unas cuantas figuras inolvidables que se perfilan con mayor entidad en un conjunto narrativo que, entre la evocación y el presente, aborda las costumbres de la alta burguesía urbana inglesa, las conflictivas relaciones entre el individuo y la sociedad y los vínculos entre los personajes sobre un cambiante fondo humano, político y cultural.
Personajes como el obeso antihéroe Kenneth Widmerpoll, un arribista despreciable con cuya muerte se cierra la última novela; el compañero y amigo de Nick, Peter Templer, y su hermana Jean, los Tolland, los Stringham, Pamela Flitton, Hugh Moreland o el doctor Trelawney, integran una parte sustancial del poderoso universo narrativo de Una danza para la música del tiempo, que tuvo una excelente acogida de público y crítica.
Compactos Anagrama recupera esta obra fundamental de la literatura inglesa del siglo XX con las magníficas traducciones de Javier Calzada en los cuatro volúmenes que llegan hoy a las librerías.
14 febrero 2022
Béla Hamvas. La obra de una vida
La verdadera obra es póstuma. Mientras su creador vive, también la obra se impregna de la ilusión que a todo ser vivo le viene dada con la vida. Porque mientras uno vive únicamente posee la vida, que solo se convierte en destino después de su muerte. Y el tema de la obra es lo cerrado y lo acabado y el destino. Conocemos obras que pueden resultar significativas cinco minutos antes de la muerte de su autor; cinco minutos después ya han desaparecido. Por otra parte, hay obras de las cuales no se sabe nada durante cien años y de repente parecen haber sido creadas hoy mismo. No deben verse las ventajas de aquello en lo que uno ha puesto la vida. No existe diferencia de edad entre las grandes obras. Todas las grandes obras son de una y la misma época. Todas las grandes obras están siempre presentes. Todos los grandes obras son mis coetáneas.
Ese párrafo, casi profético, pertenece al texto “La obra de una vida”, del escritor, filólogo y pensador húngaro Béla Hamvas (1897-1968). Lo escribió al final de su vida, en 1966, y cierra la recopilación de ensayos que con ese mismo título y selección y traducción de Adan Kovacsics publica Ediciones del Subsuelo, que hace cinco años editó La melancolía de las obras tardías.
Represaliado por la dictadura comunista, que le destituyó de su puesto de bibliotecario municipal en Budapest y prohibió durante décadas la difusión de su obra, redescubierta póstumamente en los años ochenta, Hamvas es un autor central en la literatura húngara del siglo pasado, un pensador profundo y deslumbrante, un sabio de inagotable curiosidad intelectual y de vastísima cultural que enlaza con la mejor tradición del espíritu europeo que cimentaron los griegos en el siglo V a. C.
Porque, como recuerda Kovacsics en su prólogo, Hamvas “fundó con el filólogo clásico Karl Kerényi un círculo animado por los ideales griegos clásicos del heroísmo y la belleza […] La colaboración dio pie a la publicación de la revista llamada, como el propio círculo, Sziget (Isla). A ese periodo de los años treinta pertenecen algunos de los textos aquí publicados: los artículos sobre Schumann y Montaigne así como ‘Días dorados’, ‘El huerto’, ‘El templo de Alfaya’ , ‘El platonismo de la escritura’. No es desde luego casual que el círculo se llamara ‘Isla’. La idea motriz era una alianza de pensadores, estudiosos, escritores y artistas reunidos en una isla para mantener encendida la llama del espíritu en un tiempo de crisis profunda, política, social y cultural.”
Y esas aptitudes las proyectó en la enorme variedad de intereses artísticos y culturales que reflejan sus escritos, en la amplitud de sus horizontes vitales, literarios y filosóficos, desde el lugar fronterizo de Montaigne al desgarro doloroso de la música de Schumann, desde “la filosofía de lo verde” en el solitario y místico Wordsworth a la música de Liszt, que “rebosa de mentira”; desde la observación de los ciclos naturales a la crítica de arte, desde el platonismo de la escritura de Hölderlin al orfismo de Dante, desde el teatro de Shakespeare a la pintura de Velázquez, desde Aristófanes a Stravinski.
“La presente recopilación -escribe Adan Kovacsics en el prólogo- procura ofrecer una muestra de la amplitud de sus intereses y conocimientos, en arte, en literatura, en música, en filosofía, en historia de las religiones.”
Esa diversidad de temas la despliega Hamvas con excepcional hondura intelectual y admirable brillantez expositiva, con un estilo transparente y con rasgos constantes como la defensa del legado cultural y espiritual desde la antigüedad frente a la crisis europea de su tiempo, la búsqueda de la vida plena y la esencia trascendente de lo real o la síntesis de la tradición occidental y la oriental en el proyecto universalista que caracteriza su obra, que gira en torno a la unidad del espíritu humano y a la busca del alma primigenia, como en Orfeo, al que dedica un memorable ensayo que escribió entre 1932 y 1942 y que se recoge en esta selección.
Y al fondo de todas estas páginas, frente al paisaje o en la pura meditación, Hamvas proclama una renovada afirmación del vitalismo, como en este párrafo:
El milagro más grande del mundo es la alegría. Y más grande aún es el milagro de que la alegría viva de la melancolía. Esa es la paradoja más sublime de la existencia.
Una magnífica celebración de la inteligencia y la música, de la literatura y la vida, que contiene páginas antológicas sobre la naturaleza, como esta, de ‘Jazmín y olivo’:
El verdadero calendario es el creado por el tránsito del sol a través de los signos del zodíaco. La primavera principia el 21 de marzo. Todos los cambios sustanciales se producen en torno al día 21. Y también cuando el sol se halla en el centro del signo, esto es, alrededor del día ocho. El 8 de marzo es cuando comienzan a cantar los mirlos. El 8 de abril empieza el ruiseñor y florece la almendra. El 8 de junio, san Medardo, es el comienzo de la lluvias veraniegas. El 8 de agosto, la culminación de la canícula, el momento de las fiestas populares ancestrales. El 8 de septiembre se marchan las golondrinas. El 8 de octubre callan los grillos. El calendario gregoriano no vale nada. La naturaleza vive según el calendario de la tradición.
O esta otra, del espléndido ensayo inicial, ‘Arlequín’:
En todas las artes aparece junto al elemento del orden, de la disciplina y de la contención el elemento sugerente. Es el arte mágico que de vez en cuando irrumpe y que casi ha arrasado al orfismo en Europa. El arte mágico no refrena, sino que sugiere. No es racional, sino imaginativo. No vive en la armonía, sino en la ebriedad. No busca la certeza, sino el entusiasmo. Libera las fuerzas que alcanza.
[…]
¿Es la ebriedad del poeta el estado natural de la vida? Sí. ¿Es la pasión del amor el estado natural de la vida? Sí. ¿Es el entusiasmo el estado natural de la vida? Sí. ¿Por qué? Porque la lógica de la existencia es paradójica.
Santos Domínguez