09 febrero 2015

Ensayos literarios de Auden



W.H. Auden.
El arte de leer.
Ensayos.
Edición y prólogo de Andreu Jaume.
Traducción de Juan Antonio Montiel Rodríguez.
Debolsillo. Barcelona, 2014.

Lleva este lugar, desde su creación hasta estos días en que se acerca ya al millón de visitas, un lema de W.H. Auden que resume su forma de entender la crítica. Forma parte de Leer, y en la versión de Juan Antonio Montiel dice: Atacar los libros malos no solo supone una pérdida de tiempo, sino que es malo para el carácter.

Uno de los rasgos más significativos de la crítica contemporánea es que algunas de sus mejores muestras las han realizado críticos que antes que eso son poetas. La nómina es larga en cualquier literatura. Baste recordar en la crítica hispánica algunos nombres: Dámaso Alonso, Cernuda, Salinas, Valente, Gil de Biedma o Borges. O Pound, Eliot y Brodsky en el ámbito anglosajón. O Valèry en Francia. No es un fenómeno estrictamente contemporáneo, hay precedentes tan brillantes como el de Fernando de Herrera, temprano y brillante comentarista de la poesía de Garcilaso.

En ese panorama, el nombre de Auden es uno de los más relevantes. Poliédrico en su escritura, en sus intereses y en sus influencias, Auden, uno de los grandes poetas del siglo XX, es también un crítico de importancia incuestionable cuya lucidez ha dejado una huella imborrable en el ensayo literario posterior.

De esa línea crítica, paralela y complementaria de su actividad creadora, dan una certera muestra los dieciséis ensayos que se recogen en El arte de leer, que publica Debolsillo con edición y prólogo de Andreu Jaume y traducción de José Antonio Montiel.

Una selección que se abre con Leer y Escribir, dos ensayos especialmente significativos pese a su carácter fragmentario e impresionista, que Auden concibió como prólogo de La mano del teñidor y que resumen ejemplarmente sus dos facetas creadoras, la del poeta y la del crítico, convergentes en tantos momentos de su obra. Dos facetas inseparables en su labor literaria, porque su crítica es la del poeta y su poesía está sometida a una autocrítica constante.como en el espléndido Hacer, conocer y juzgar.

Por eso, la relación del poeta con su obra es una relación problemática y en revisión constante. Escritor en conflicto consigo mismo y con sus textos, sometidos a un constante proceso de corrección o de impugnación. Confuso y perplejo, en el filo de la navaja que corta el terreno de lo racional y lo irracional, la religión y el psicoanálisis, el marxismo y el cristianismo, Auden resolvió parte de esas tensiones, y otras más subrepticias, menos emergentes, a través del proceso de escritura.

En él, la actividad crítica es una exploración del sentido, impropia de dioses menores que premian a los buenos y castigan a los malos, de porterillas del Parnaso, de reseñistas intransitivos con vocación de guardias de la circulación o de gafapastas profesorales especializados en celebrar la insustancialidad del humo con palabras vacías.

Son las antípodas del excelente crítico que es Auden cuando escribe sobre el legado griego, sobre Marianne Moore, sobre Poe, Valèry, Eliot o Cavafis, o cuando proyecta hacia los sonetos de Shakespeare una mirada tan contemporánea como imprescindible.

Tan imprescindible como esta colección de ensayos que se cierra con algunos fragmentos de la conversación que recogió y editó su alumno, el poeta Alan Alsen en el libro The Table Talk of W.H. Auden.

Santos Domínguez

04 febrero 2015

Matt Sumell. Hacer el bien


Matt Sumell.
Hacer el bien.
Traducción de Ismael Attrache.
Turner. Madrid, 2014.

Dura, originalísima, magistral. Son algunos de los calificativos que ha suscitado Hacer el bien, la novela de Matt Sumell que publica Turner en su nueva colección El Cuarto de las Maravillas.

Hacer el bien es una novela escrita con una sorprendente mezcla de humor y crueldad, de violencia y sentimentalismo, desde la perspectiva verosímil y conflictiva de una primera persona –la del complicado Alby- que no es estrictamente autobiográfica, aunque se nutre parcialmente de la experiencia personal de su autor.

La agresividad narrativa del personaje que la cuenta y la protagoniza refleja su problemática relación con el mundo, con los demás y consigo mismo. Esta es la primera novela de un narrador que sin embargo no es un principiante en la narrativa, porque ya había dado muestras de su talento en una serie de relatos publicados en distintas revistas.

Santos Domínguez

02 febrero 2015

Juan Carlos Abril. Lecturas de oro


Juan Carlos Abril.
Lecturas de oro. 
Un panorama de la poesía española.
Bartleby. Madrid, 2014.

En Lecturas de oro, que acaba de publicar Bartleby, Juan Carlos Abril reúne una selección de materiales críticos y reseñas dispersas publicadas en distintas revistas.

Referidas a libros aparecidos entre 2002 y 2014 de autores nacidos entre 1965 y 1988, se trata de un panorama ordenado a partir de un prólogo en el que el crítico reflexiona sobre su oficio y de un artículo inicial –Hacia otra caracterización de la poesía española actual- que sirve de pórtico al volumen y fija las coordenadas de la navegación por el mar cambiante y diverso de la poesía española actual.

Escritos con una actitud abierta y sin prejuicios críticos porque “la poesía buena- explica Juan Carlos Abril- no responde a ningún a priori estético sino a la calidad del resultado, es un camino de llegada y nunca de salida” estas páginas son el reflejo crítico de unas lecturas hechas desde la independencia de criterio.

Lecturas que evitan los indeseables compartimentos estancos que suele provocar en algunos ambientes académicos la aplicación rígida de la teoría de las generaciones. Lecturas que reflejan la diversidad de voces poéticas y plantean la necesidad imprescindible de repensar las periodizaciones de la poesía española contemporánea y las líneas de fuerza que la atraviesan.

Porque si es verdad que los árboles a menudo impiden ver el bosque, no es menos cierto que con frecuencia la excesiva generalización de las visiones de conjunto no dejan  percibir lo verdaderamente importante: las peculiaridades de cada una de las voces diversas que coexisten en la poesía española.

Lo demás es una cuestión que solo interesa a quienes, con mejor o peor intención, con propósitos más o menos confesables, se dedican a elaborar clasificaciones de grupo a costa de tergiversar la realidad, de deformarla y de simplificar su complejidad esencial mutilando sus límites.

Es verdad que el ímpetu gregario de algunos poetas les mueve a la emulación y a la integración en un grupo que les daría la identidad literaria que no acaban de encontrar en su propia obra, pero la tarea del crítico es también esa: la de saber separar las voces de los ecos, aquel cansino coro de grillos que no ha dejado de mover los élitros desde Machado hasta ahora.

Porque lo que importa de verdad en cada poeta, incluso en cada libro, es lo que lo distingue del conjunto, no lo que tiene de parecido con otros poetas o con otros libros. Y a eso, exactamente a eso, es a lo que se dedica Juan Carlos Abril en este volumen recopilatorio.

Santos Domínguez

30 enero 2015

La tierra baldía


T. S. Eliot.
La tierra baldía.
Prufrock.
Edición y traducción de Andreu Jaume.
Lumen. Barcelona, 2015.

“No hay, en el siglo XX, una obra que concentre con tanta intensidad todas las ideas preconcebidas acerca de lo que se entiende por poesía moderna como La tierra baldía. Un poema que ha llegado a encarnar no sólo una imagen devastada de su tiempo, sino también una teoría de la tradición exhausta, a la vez que ha propuesto un paradigma de complejidad, oracular e intimidante, donde genera una especie de ansiedad interpretativa por donde han transitado todas las escuelas críticas, desde el formalismo y el estructuralismo hasta el psicoanálisis y el feminismo”, escribe Andreu Jaume en el prólogo de su edición de La tierra baldía que acaba de publicar Lumen cuando se  cumplen cincuenta años de la muerte de T. S. Eliot.

Es una nueva traducción del que no es solamente uno de sus libros fundamentales, sino también uno de los poemas imprescindibles del siglo XX, el mayor poema del siglo para algunos críticos, que comienza con estos versos memorables:

Abril es el más cruel de los meses, pues engendra
lilas en el campo muerto, confunde    
memoria y deseo, revive
yertas raíces con lluvia de primavera.
El invierno nos dio calor, cubriendo
la tierra con nieve sin memoria, alimentando
un hilo de vida con tubérculos secos.

Entre El entierro de los muertos y Según dijo el trueno, La tierra baldía acumula en sus menos de quinientos versos organizados en cinco partes varios estratos de significación y una desconcertante diversidad de voces en un palimpsesto textual que incorpora literalmente textos de Dante –el eje de su canon poético-, de Shakespeare y Ovidio, de Conrad o de Baudelaire.

Escrito por un Eliot sumido en una crisis personal, en la hora violeta de un episodio de depresión profunda, se publicó a finales de 1922, corregido drásticamente, quirúrgicamente casi, por Ezra Pound, il miglior fabbro, al que está dedicado el libro.

Es, en palabras de Edmund Wilson, “el grito de un hombre al borde de la locura”, un texto desolado escrito en los límites de la desesperación. Pero por encima de su trasfondo autobiográfico, al que Eliot aludía cuando reconocía la función terapéutica de su escritura como “insignificante queja contra la vida” y como “rítmico lamento”, La tierra baldía tiene una dimensión más amplia, es un caleidoscopio que muestra la crisis del hombre contemporáneo desorientado y traza la imagen opaca del vacío en medio de la confusión.

La desolación, la angustia y la ironía, la ruptura de la subjetividad romántica de un yo poético diluido en la polifonía dramática de las voces que hablan en La tierra baldía provocan fascinación y perplejidad en el lector de un texto enigmático, discontinuo y alusivo, elusivo y fragmentario en el que hay una enorme diversidad de voces, de tiempos y géneros, de lenguas y culturas y un mosaico de prosodias heterogéneas y de tonos distintos. 

Conviven en sus versos alucinados el Tarot y el Grial, la vida de los muertos y el viaje a Emaús, el deseo y la incomunicación, la sordidez del erotismo y la esterilidad del mito, Wagner y la peregrinación por un Londres infernal, las leyendas vegetales y la capilla peligrosa, la mitología y la religión, Tiresias y San Agustín, la cultura antigua y la época contemporánea, la tradición pagana y la cristiana, Flebas el fenicio y la tierra estéril que forma parte de la leyenda del Rey Pescador.

Una rata se deslizó en la vegetación
fregando el vientre viscoso en la orilla
mientras estaba yo pescando en el canal sombrío
una tarde de invierno ahí tras la fábrica de gas
pensando en el naufragio de mi hermano el rey
y en la muerte de mi padre el rey antes de él.

Collage, caleidoscopio y palimpsesto, pasado, presente y futuro que no se integran en una unidad lógica sino emocional, para trazar una imagen pesimista de la Europa de entreguerras, del desarraigo, la soledad y la incomunicación entre la memoria y el olvido, con el añadido de unas notas de autor que más que orientar al lector lo sitúan en el clima espiritual del poema y en su relectura irónica de la tradición.

Con Tiresias como eje vertebrador del poema, La tierra baldía plantea una búsqueda desde el caos, es una bajada los infiernos con la guía de Dante y con los símbolos artúricos como clave contemporánea de esa búsqueda espiritual.

En la hora violeta, cuando los ojos y la espalda 
se levantan de la mesa, cuando el motor humano aguarda 
como un taxi resollando en espera, 
yo, Tiresias, aunque ciego, resollando entre dos vidas,
viejo con arrugados pechos de mujer, puedo ver
en la hora violeta, la hora del atardecer que se afana 
hacia casa, y a casa devuelve del mar al marinero,
a casa la secretaria para el té, que prepara el desayuno, enciende
el fogón y saca comida en conserva.
En la ventana se tienden peligrosas
sus combinaciones, secándose con el último sol,
se apilan en el diván (cama, de noche) 
medias, zapatillas, camisas y sujetadores.
Yo, Tiresias, viejo de arrugadas tetas,
contemplé la escena, y predije el resto
-aguardaba también al huésped anunciado.

Eliot se convirtió en un cartógrafo que fija el territorio de la poesía y del lenguaje poético cuya potencia crea un ámbito autónomo con este poema que, “sigue conservando una enorme juventud y vigor” en palabras de Andreu Jaume, que hace en su prólogo – Volver al poema- un espléndido análisis de las claves del texto y de sus distintos niveles de significación con comentarios “descargados de la disciplina erudita” que se complementan con las notas añadidas a las que redactó el propio Eliot.

La edición se enriquece además con una nueva traducción de Prufrock y otras observaciones, el primer libro que publicó Eliot y que contiene como una obertura el germen de su obra posterior hasta los Cuatro cuartetos.

Santos Domínguez

28 enero 2015

Marga


Marga. 
Edición de Juan Ramón Jiménez.
Prólogo de Carmen Hernández-Pinzón.
Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2015.

Qué dulce es el amanecer del día último, anotaba Marga Gil Roësset en su diario. Y añadía en esa noche última en la que ya había tomado la decisión de suicidarse por el amor sin correspondencia de Juan Ramón Jiménez:

Pero en la muerte, ya nada me 
separa de ti... solo la muerte
... ... solo la muerte, sola... y, 
es ya... vida ¡tanto más cerca así
... ... muerte... cómo te quiero!

Con suicidarse ha descompuesto mi vida, afirmaba Juan Ramón Jiménez poco después de la muerte de aquella joven artista plástica de 24 años que se suicidó el 28 de julio de 1932. 

Aquella misma mañana había visitado al poeta, como venía haciendo casi con regularidad desde unos meses antes, y le había dejado en la mesa unas cuartillas que contenían el diario del amor imposible de aquella muchacha enamorada que ya había decidido suicidarse horas después.

Juan Ramón decía de ella que llevaba el alma fuera, el cuerpo dentro, la describió como Amarga. Persa. Fuerte, viril le dedicó algunos poemas (¡Qué solo suena el tiempo rojo y verde / contra tu comenzada ausencia eterna!) que se reproducen en esta edición y guardó aquel diario en una carpeta que tituló Marga 

Era un diario desconocido por la familia de la joven artista, como explica su sobrina Marga Clark en la semblanza que reivindica su memoria. Juan Ramón dejó preparado para su publicación aquel material con el que deseaba homenajear a la mujer que se quitó la vida por él, pero la complicada peripecia de la carpeta que contenía el proyecto frustró su realización hasta esta edición que acaba de publicar la Fundación José Manuel Lara en un volumen cuidado por Carmen Hernández-Pinzón que se completa con abundante material gráfico, fotografías y manuscritos y con poemas y textos en prosa de Juan Ramón y de Zenobia, a quien la artista le pide perdón en una carta que comienza así: Zenobita… vas a perdonarme… ¡Me he enamorado de Juan Ramón!

Es un diario atravesado por la admiración sin límites al poeta y al hombre y escrito en un estilo que recuerda mucho o imita abiertamente al Juan Ramón de la Segunda Antología:

Me parece que tendré que morirme triste, sin beso, ni corazón, ni voz de plata, ni versos.

Qué bruma, densa noche negra, noche enferma, cuando siento que apenas si te importo

Se te adentra en el alma por los ojos... manos... boca... parece que soy yo la que amanezco, azul y nueva...

Fue un triángulo raro en el que se mezclaron los destinos del poeta, de la joven escultora enamorada y de Zenobia, que recordaba sus trágicos ojos sombríos. Una mezcla explosiva de idealización y erotismo, de pasión posesiva y admiración estética, de arte y carnalidad, que interrumpió un disparo en la sien. La decisión se la explica a su hermana en una carta de despedida: Me he matado porque no podía ser feliz... y no quería no serlo.

Así evocaba Juan Ramón su último recuerdo de Marga en uno de los textos que incluye esta edición:

Estaba en la mesa de operaciones. Un tiro en la cabeza, con la belleza no destrozada, descompuesta. Su mano estaba caliente, latía su pulso. Sangre a borbotones porla boca, la frente vendada de gasa. Una mirada ancha, dilatada, salida, ¿sin ver?

Santos Domínguez

26 enero 2015

Balzac Cuentos completos


Honoré de Balzac. 
Cuentos completos 
de La Comedia humana.
Edición y traducción de Mauro Armiño.
Páginas de Espuma. Madrid, 2014.

Páginas de Espuma publica una espléndida edición de los Cuentos completos de La comedia humana de Balzac, un cuidadísimo volumen con casi treinta cuentos, entre ellos textos tan fundamentales como La obra maestra desconocida o El elixir de larga vida, reunidos, traducidos y anotados por Mauro Armiño, que explica en su introducción la génesis y las peculiaridades de cada uno de los relatos del volumen, que en conjunto “pertenecen a todas las divisiones citadas en que Balzac distribuyó su gran obra: desde escenas de la vida privada a la militar y política, desde escenas de la vida de provincias a la vida parisiense o rural, así como los estudios filosóficos.”

Forman parte del ambicioso proyecto que había decidido titular La comedia humana parodiando el título de la obra mayor de Dante, un empeño titánico que le igualaba a Napoleón, porque si el emperador había acumulado un poder inmenso, él se enorgullecía de llevar una sociedad entera en su cabeza y de componer una obra de enorme ambición, con tres o cuatro mil personajes, siguiendo los modelos de los tratados de biología para reflejar la sociedad de su tiempo.

Escenas de la vida privada, de provincias, parisiense, política, militar y rural. En esos seis libros se organizan los Estudios de costumbres, la parte fundamental en que se agrupan los casi cien títulos que Balzac afrontó en menos de veinte años para reflejar la historia de quienes no aparecen en los libros de historia, para poner en el primer plano de sus novelas a quienes hasta entonces habían sido figurantes anónimos, para revelar la vida privada y los comportamientos sociales y familiares de cientos de personajes intensamente individualizados en su carácter y en sus actitudes.

Santos Domínguez

23 enero 2015

Neruda inédito


Pablo Neruda.
Tus pies toco en la sombra 
y otros poemas inéditos.
Edición, introducción y notas de Darío Osés.
Prólogo de Pere Gimferrer.
Seix Barral. Barcelona, 2015.

Pero yo hablaba de otra cosa. 
Me levanté y sobre el navío 
no había más que cielo y cielo, 
azul interrumpido por 
una red de nubes tranquilas 
inocentes como el olvido. 
La nave es la nube del mar 
y olvidé cuál es mi destino, 
olvidé la proa y la luna, 
no sé hacia dónde van las olas, 
ni dónde me lleva la nave. 
No tiene mar ni tierra el día. 

Así termina uno de los poemas inéditos de Pablo Neruda que publica Seix Barral en el volumen Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos.

Escrito durante un viaje marítimo de Valparaíso a Venezuela a comienzos de enero de 1959, casi a la vez que La insepulta de Paita, de Cantos ceremoniales, es uno de los 21 poemas inéditos que fueron localizados en una revisión exhaustiva de los manuscritos del poeta que se inició hace tres años en los archivos de la Fundación Pablo Neruda. 

Escondidos en esa “selva de los originales” del poeta a la que alude Darío Osés en su introducción, no son, como suele ocurrir en estos casos, poemas de formación de un adolescente dubitativo ni descartes exhumados por viudas venales en busca de liquidez.

Quien habla en ellos es un Neruda maduro, dueño de una voz propia y un universo poético inconfundible, un poeta seguro y poderoso, torrencial y telúrico, que los escribió desde principios de los años 50 hasta el mismo año de su muerte: el más tardío está fechado el miércoles 10 de enero de 1973. 

Se ha encargado de su edición, de la introducción y las notas el director de la biblioteca y archivo de la Fundación Pablo Neruda, Darío Osés, que organiza el libro en dos secciones, una con seis poemas de amor y otra con quince textos de diversa temática -la naturaleza, la biografía, los viajes, el compromiso de la poesía militante-, cuya calidad no desmerece del resto de la extensa obra conocida de Neruda. Por eso Pere Gimferrer destaca en su prólogo -"apuntes de lectura"- “la pugnaz condición que de liberadora fortaleza verbal tienen estos poemas definitivos e irrefutables.”

Con rítmicos versos largos y versículos de extensión desbordante o con versos extremadamente cortos como los de las Odas elementales, conviven en estas páginas los senos de la amada y el vuelo de los cormoranes, las cordilleras andinas y el mar antártico de Chile, los mascarones de los barcos y los bosques del Sur, la protesta y el humor.

Escritos unos en hojas sueltas, en el reverso de programas musicales o en la cuartilla de un menú, otros en un cuaderno, esta edición incorpora una reproducción facsimilar de varios de los manuscritos y un apéndice de notas que explican las circunstancias que rodean la composición de cada uno de estos poemas.

Espléndidos poemas la mayoría de ellos, escritos

en estos altos
años
en plena 
cordillera de mi vida
después de haber
subido
la nieve vertical
y haber entrado
en la diáfana meseta 
de la luz decisiva

Textos que permitirán a algún lector rezagado paliar las limitaciones de su alfabetización deficiente y descubrir medio siglo después del Memorial de Isla Negra, ochenta años después de Residencia en la tierra -nunca es tarde- a uno de los grandes poetas de la lengua española.


Santos Domínguez


21 enero 2015

Hugo Mujica. Del crear y lo creado 3


Hugo Mujica.
Del crear y lo creado 3
Prosa selecta. 
2: Ensayo. Narrativa.
Vaso Roto Esenciales Prosa. Madrid, 2014.

Tal como uno de esos pálidos ángeles de mármol que se emplazan sobre los sepulcros, como un pálido mensajero sobre las ruinas del fin de una época, Georg Trakl se alza como el testigo —testigo, partícipe y víctima— de la imposibilidad de nuestro tiempo: encarnar el alma en el mundo.

Trakl miró la vida y vio la muerte, por eso escribió, para vivir. Para dejarnos lo que fue esa vida: su obra.

Con esas palabras comienza el prólogo que Hugo Mujica puso al frente de La pasión según Georg Trakl. Poesía y expiación, uno de los ensayos que Vaso Roto publica en Del crear y lo creado 3, que reúne la prosa selecta del escritor argentino.

Se recogen en este volumen los cuatro ensayos más recientes de Mujica  sobre las poéticas del vacío en Orfeo, San Juan de la Cruz o Celan o sobre la poesía de Trakl, además de sus textos narrativos, agrupados con el título de uno de sus relatos, Bajo toda la lluvia del mundo.

La de Hugo Mujica es una palabra potente y en tensión, palabra que calla más que dice, una palabra en la frontera que escucha más que habla. Palabra en la frontera de los géneros que integra la poesía y el aforismo, el ensayo y la visión, la filosofía y la mística, el logos y el mito.

Desde el no saber sabiendo de los místicos, en una línea de escritura que recuerda a Jabès en el desierto de la palabra, Mujica convoca al pensamiento y al sentimiento, y aúna lectura y escritura, razón e intuiciones, reflexión y revelación.

Porque, explica el poeta, ser creador es saber, creer, que eso que abrió desde lo oculto está presente y oculto en esa apertura. 

Y lo hace desde el vacío, desde ese no-lugar de la utopía y el sueño que es el espacio propio de la poesía, desde ese vacío en el que surgen la creación y la palabra. Es el vacío convertido en fuente de creación y en base del sentido, es la ausencia que está en la raíz del fulgor de la palabra: la ausencia que se hace fecundidad en Orfeo; la nada convertida en fuente y metáfora en San Juan de la Cruz o exilio esencial en Paul Celan.

Como en el resto de su obra, los textos de Mujica en Del crear y lo creado están más cerca del chispazo intuitivo e iluminador del relámpago poético que del pensamiento articulado y sistemático propio del ensayo. Como en los presocráticos, cuyos textos viven en una zona intermedia entre la poesía y la filosofía, como en el Hölderlin más desestructurado y más genial, como en Jabès, la tonalidad y el procedimiento de Mujica son propios de la poesía. 

No hay en estos ensayos conclusiones ni propuestas, sino búsquedas; no un sistema, sino la intuición como método; no metas, sino caminos.

Porque la creación remonta desde el fondo de la palabra abismada y abismática, desde ese vacío creador y transcendente que escuchan quienes, como Mujica, como los místicos, están en sazón de recibir, porque saben que el creador es un ser de la espera.

Y oír ese vacío, interpretarlo y recrearlo desde esa actitud receptiva, convertirlo en palabra iluminadora es lo que hacen estas páginas deslumbrantes, siempre a medio camino entre la fulguración del poeta y la lucidez del ensayista irrepetible que es Hugo Mujica. 

Santos Domínguez

19 enero 2015

La muerte de Olivares



Javier de Juan.
Sic Transit
o La muerte de Olivares.
Los tebeos de Cordelia.
Reino de Cordelia. Madrid, 2014.

Treinta años después de su primera aparición, Reino de Cordelia reedita Sic transit o La muerte de Olivares, uno de los cómics que renovaron decisivamente el panorama de la historieta gráfica en España.

Una historia potente gráficamente basada en un guión truculento, desarrollado en cuatro capítulos y muy bien resuelto. Una historia protagonizada por el torero Olivares, que muere en su última tarde víctima de una cornada y de una Muerte celosa de la novia del matador.

Porque entonces, en 1984, señala Javier de Juan en el prólogo -La muerte y el torero- “solo dos cosas parecían importantes de verdad. Importantes y definitivas: El Amor y la Muerte.”

Con una evidente influencia del cine expresionista alemán, Sic Transit revisa el mito de Orfeo y Eurídice para invertirlo con una perspectiva que recuerda la mirada de postrimerías del Barroco y una mirada proyectada sobre “un Madrid más cerca del siglo XIX que del XXI. La Calle Mayor mojada y gris como en una novela de Galdós. Un mundo sin teléfonos móviles, sin Internet. Un Madrid analógico y atemporal.”

Esta bellísima edición recupera en un apéndice los apuntes y bocetos que utilizó Javier de Juan para diseñar este clásico imprescindible del género en España, del que dice su autor: “Si los cómics tuvieran música, la de Sic Transit debería ser épica.”

Santos Domínguez

16 enero 2015

Carlos Aguilar. Guía del cine


Carlos Aguilar.
Guía del cine.
Cátedra Signo e imagen. Madrid, 2014.

Corregida y aumentada con entradas nuevas, llega a su quinta edición la espléndida Guía del cine de Carlos Aguilar, que publica Cátedra. Más de dos mil páginas de una obra en marcha que no se limita a la mera recopilación de miles de fichas técnicas sobre películas de todo tipo, de diversas épocas y distintas procedencias geográficas y culturales.

Lo que hace que en estos tiempos de internet y bases de datos en red siga teniendo vigencia esta monumental obra es que, junto con los datos objetivos de fechas, directores, guionistas o actores de reparto, Carlos Aguilar proyecta en cada título breves y certeros juicios de valor que agradece el aficionado al cine.

Juicios positivos como el que le merecen películas cimeras como El séptimo sello –“inmensa fuerza visual”, “genial”, “inolvidable”- o Campanadas a media noche–“sobrecogedora visualmente” con un Welles “exuberante y espléndido.”

O juicios demoledores como estos: “el problema de Tarantino es cuando hace cine para los tarantinistas”; “Un engendro de lujo que, por añadidura, no termina nunca” (Avatar); “Un falsamente brillante dechado de petulancia y autoafirmación autoral, repleto de gratuidades y excesos” (El gran Lebowski); “Apoyado en el irritante underplaying de Bill Murray, y con un humor lamentable (…) supone uno de los filmes más preocupantemente sobrevalorados de su momento”  (Lost in Translation)

Organizada con un criterio alfabético de títulos en español y completada con dos índices de consulta rápida: uno de títulos originales y otro de directores, esta obra es una guía titánica que también  se puede leer, como quiere su autor, “a base de cruzar referencias, como una sintética y personal historia de un siglo de Séptimo Arte.”

Santos Domínguez

15 enero 2015

George MacDonald. Fantastes



George MacDonald.
Fantastes.
Traducción de Juan José Llanos.
Prólogo de C. S. Lewis
Imaginatio vera.
Atalanta. Gerona, 2014.

"Nuestra vida no es un sueño, aunque debe convertirse en uno, y quizá lo haga". Esa cita de Novalis encabeza el último capítulo de Fantastes, la novela fantástica que George MacDonald publicó en 1858 y que edita Atalanta con traducción de Juan José Llanos y prólogo de C. S. Lewis.

Una novela de hadas para hombres y mujeres es el significativo subtítulo de esta obra tardorromántica, marcada por la influencia de románticos alemanes e ingleses como Heine, Schiller, Shelley o el mismo Novalis.

Una novela de formación en la que se acumulan elementos mágicos y míticos propios de un mundo onírico al que no se desciende, porque es el resultado de un ascenso espiritual simbolizado en el nombre griego –Anodos- del protagonista, que despierta una mañana en su habitación con una puerta abierta que comunica el mundo real y la fantasía.

Una puerta abierta a los ritos de paso y al bosque encantado en el que se suceden los prodigios y los seres mágicos imaginados por este creador moderno de mitos, autor de los Cuentos de hadas que se publicaron en esta misma editorial.

A esa “frontera significativa” que acababa de rebasar con su lectura se refiere C. S. Lewis, el autor de Las Crónicas de Narnia, que evoca la noche decisiva en que leyó este libro: “Esa noche mi imaginación fue, en cierto sentido, bautizada supe que acababa de rebasar una frontera."

Santos Domínguez

14 enero 2015

El castillo ilustrado


                                         

                                                          David Zane Mairowitz.
                                                                     El castillo.
                                                     Traducido por Carlos Mayor.
                                                         Ilustrado por Jaromír 99.
                                                          Nórdica. Madrid, 2014

Inconclusa y póstuma, El castillo fue una de las obras que Kafka encargó destruir a su amigo y albacea Max Brod, que la publicó en 1926. Junto con El proceso, es una de las novelas fundamentales de Kafka, quizá también la más compleja en su entramado simbólico. La peripecia del agrimensor que llega a la aldea que está al pie del inaccesible castillo plantea una alegoría de la frustración y la autoridad, de la absurda e implacable máquina burocrática que aniquila al individuo en medio de una atmósfera opresiva.

Como siempre en Kafka, al fondo está el padre, la búsqueda y el problema de la identidad, la construcción de un objetivo vital. Desorientado y perplejo, como los protagonistas kafkianos, esperanzado a veces, K. acaba asumiendo el fracaso de sus proyectos, porque –como explica David Zane Mairowitz- “en el fondo nada está al alcance de K., que se ve sentenciado a deambular por el pueblo nevado, sorteando toda una serie de tentaciones eróticas.”

En la versión gráfica que publica Nórdica con el texto adaptado por David Zane Mairowitz y las ilustraciones de Jaromír 99, la novela de Kafka adquiere una nueva dimensión con unos dibujos expresionistas que captan a la perfección el agobiante universo literario de Kafka.

                                                                                             Santos Domínguez

13 enero 2015

Doppo Kunikida. Musashino


Doppo Kunikida.
Musashino.
Traducción de
Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.
Prólogo de James Cahill.
Ardicia. Madrid, 2014.

Ardicia publica una joya narrativa: siete relatos en los que el japonés Doppo  Kunikida (1871-1908) expresó el sentimiento del paisaje y exploró la relación del hombre con su entorno natural.

La doble condición de novelista y poeta de Kunikida le permitió indagar con una mirada intensa en la naturaleza y en la relación del hombre con ella: un paisaje oriental con luna y con ciruelos, con nieblas y sombras en el bosque, un paisaje animado con mares y montañas que recuerda mucho al de la poesía es el centro de estos relatos en los que la acción apenas importa y no hay intriga, sino puro transcurso emocional sobre el trasfondo de los ciclos naturales y las estaciones.

Con variados procedimientos narrativos que van desde la incorporación de un diario al uso agilísimo de los diálogos, estos delicados relatos comparten lo mejor de la prosa y la poesía oriental y revelan, en palabras del prologuista, “una apacible y melancólica nostalgia en sus imágenes que recuerdan a los poetas de los haikus y los tankas.”

Santos Domínguez

12 enero 2015

Conan Doyle. El relato de John Smith


Arthur Conan Doyle.
El relato de John Smith.
Edición e introducción de
Jon Lellenberg, Daniel Stashower y Rachel Foss.
Traducción de José Miguel Parra Ortiz.
Confluencias Editorial. Almería, 2014.

Confluencias rescata la primera novela de Conan Doyle, El relato de John Smith, un texto que se publica por primera vez en España tras una peripecia que lo mantuvo inédito y que salió a la luz hace diez años en una subasta en la que la Biblioteca Británica adquirió el manuscrito.

Conan Doyle escribió esta novela primeriza y precursora cuando ya había empezado a publicar relatos sueltos en revistas y decidió dar un paso adelante con esta obra que contiene algunos elementos que se desarrollarían en el ciclo de Sherlock Holmes, pero que que se extravió antes de llegar al editor.

Tras su reescritura en un ejercicio de memoria, El relato de John Smith se quedó casi siglo y medio en un cajón hasta que, finalmente, tras la subasta del segundo manuscrito, se editó en Londres hace tres años.

La traducción de José Miguel Parra Ortiz que acaba de publicar Confluencias es la primera que se hace del texto original, en el que Conan Doyle utiliza a un cincuentón misántropo como portavoz de sus ideas y su visión del mundo, que en parte traspasó luego a su memorable detective.

                                                                                                             Santos Domínguez

09 enero 2015

La gruta y la luz



Francisco Ruiz Noguera.
La gruta y la luz.
Visor. Madrid, 2014. 

No arde la ceniza, pero guarda 
la memoria del fuego,
el recuerdo dorado de la llama, 
el claror de la luz,
y, así, es ceniza viva
lo que tengo en mis manos.

Ese poema, Ceniza, el más breve del libro, quizá también el más intenso, resume el tono y el núcleo temático de La gruta y la luz, la última obra de Francisco Ruiz Noguera.

Esa ceniza viva contiene en su oxímoron la clave no sólo de este volumen, sino de la mayor parte de una producción poética caracterizada por su rigor y su coherencia.

Porque, más allá de que La gruta y la luz lleve como pórtico una cita gongorina –A batallas de amor campo de pluma- que abre como un exlibris poético todos los volúmenes que ha venido publicando Ruiz Noguera, están aquí sus temas fundamentales: la memoria, la luz, el tiempo y la ciudad, la pintura o el mar ritual de los solsticios, la ejemplar integración de vida y cultura que recorre sus versos desde el inicial y ya lejano Campo de pluma, que cumple ahora treinta años.

Memoria y mirada son los dos ejes de este libro que, como la gota del espléndido poema inicial, Gruta, le toma el pulso a la vida desde un presente que está a medio camino entre su memoria de roca y su futuro destino de columna.

Entre la luz y la sombra, esa gota destructiva se convierte en metáfora de la vida con su “fragilidad potente” y traza un recorrido que va del interior de la caverna al exterior urbano de las aceras, de la evocación de lo perdido (el recuerdo dorado de la llama) y hasta del lamento con resonancias de tópico clásico (¿Qué fue de la certeza, qué del hilo?) a la noche celebratoria del sueño o de la pesadilla, a la contemplación de lo plástico como asidero y a la afirmación en el presente del paseante que ve y mira y piensa en los potentes poemas en prosa de la segunda parte del libro.

Es la mirada urbana de un flâneur heredero de Baudelaire, pero más aún de Cavafis y de la prosa poética de Ocnos. Una mirada que recorre la ciudad para elaborar la “poética de la luz y de la arquitectura urbana” a la que se refirió Antonio García Berrio en la introducción a su poesía reunida hace ya casi veinte años.

En un itinerario que va de lo interior a lo exterior, de la oscuridad a la luz, entre el pasado y el futuro, hacia lo que no está todavía aunque se lo espera, La gruta y la luz se mueve entre el anclaje en el tiempo -la memoria del fuego- y la mirada –a menudo guilleniana- que encuentra su ámbito en el espacio urbano.

Ciudad de la memoria que es también la ciudad del paraíso, espacio convertido en espejo de la conciencia del creador que transforma la oscuridad en palabra de luz y reflexiona sobre su poesía y los límites de la expresión (¿dónde están los raíles verdaderos?), habitante de la frontera indecisa que es el territorio de la escritura y de la vida. 

Lo pide así el poeta en Rogativa, uno de los mejores poemas del libro:

Libranos. No te olvides de este ruego: 
no nos dejes caer 
—sin salvación posible— 
en negra tentación de oscuridades, 
pero mantennos —pido— 
no lejos del misterio: siempre al borde.


Santos Domínguez

08 enero 2015

Winesburg, Ohio





Sherwood Anderson.
Winesburg, Ohio.
Prólogo de Luis Chitarroni.
Traducción de Natalia Moret.
Eterna Cadencia. Madrid, 2014.

La intrahistoria rutinaria de una pequeña población del Sur profundo bajo la mirada penetrante de George Willard, un reportero local que crea el fresco inolvidable de las vidas de Winesburg, Ohio.

Por debajo de la superficie de esas vidas cotidianas, Sherwood Anderson, maestro reconocido de Faulkner y padre estilístico de Hemingway, exploró en esta obra coral las pulsiones ocultas que marcan de verdad el tono de la existencia sombría de estos personajes en su pequeño mundo.

Eterna Cadencia recupera este clásico fundamental de la literatura norteamericana en una cuidada edición traducida por Natalia Moret y presentada por un breve e intenso prólogo -Optimismo supernumerario- de Luis Chitarroni, que destaca en Winesburg, Ohio “su suficiencia feliz, desbordante, su acertada forma.”

Casi cien años después de su primera edición en 1919, gran parte de la narrativa breve del siglo XX sigue teniendo aquí su fuente inagotable. Una de esas obras maestras a las que se vuelve una y otra vez porque no se agotan nunca y siguen aportando en cada relectura nuevos matices ocultos bajo su aparente sencillez y dando una lección de eficacia narrativa y de solvencia estilística.

Santos Domínguez

07 enero 2015

Sade. Cuentos eróticos


Marqués de Sade.
Cuentos eróticos.
Traducción de Enrique Martínez Fariñas.
Hermida Editores. Madrid, 2014.

En el bicentenario de la muerte del Marqués de Sade, Hermida Editores publica una selección de veintidós cuentos eróticos que Sade escribió en la cárcel – fue el último de La Bastilla- o ingresado en el manicomio de Charenton, de donde salió ya muerto en 1814.

Un simulacro de envenenamiento ideado por un marido celoso, una serpiente doméstica y con poderes sobrenaturales, gascones de buen humor, mujeres divertidas y príncipes de Sodoma, fantasmas que se aparecen para dejar herencias y tesoros escondidos, intrigas cortesanas y sátiras anticlericales, libertinos desvirgadores y esposos complacientes, el olor de la flor del castaño y el esperma que Sade –ignorante de la fisiología- situaba en los riñones varoniles, un preceptor de filosofía carnal que explica en clase práctica el concepto de trilogía, un cornudo de sí mismo...

Una variada fauna moral presentada por el buen humor y la ironía de Sade en los relatos breves que conviven en este volumen con El magistrado burlado, casi una novela corta muy representativa, porque contiene las claves temáticas y estilísticas de un narrador irrepetible en una estupenda traducción de Enrique Martínez Fariñas.

Santos Domínguez

06 enero 2015

La saga de los Forsyte




John Galsworthy.
La saga de los Forsyte.
Traducción de Susana Carral.
Reino de Cordelia. Madrid, 2014.

Con una nueva traducción de Susana Carral, Reino de Cordelia publica en un espléndido volumen La saga de los Forsyte al completo. Tres novelas y dos interludios que las conectan y contienen la historia de tres generaciones de la alta burguesía de profesionales y propietarios en la transición desde la Inglaterra victoriana hasta la que se sobrepuso a la Gran Guerra.

Esa clave del cambio de dos mundos y dos épocas es la que explica también la peculiar situación de John Galsworthy, que –como sus personajes- representa el final de una época literaria, la de la novela victoriana y su realismo con gotas de melodrama.

De ahí la crítica demoledora que de la escritura de Galsworthy –“escribe sobre cosas carentes de importancia” – hizo Virgina Woolf, que pertenecía ya a otro sistema de valores sociales y practicaba otra manera muy distinta de escribir novelas.

Aun así, esta novela río contiene el panorama social y la geografía moral de un mundo que estaba a punto de desaparecer. Las tres generaciones de los Forsyte se reflejan en sus espacios interiores de salones privados y clubes selectos, en las calles del Londres victoriano y en los  paisajes intemporales de la campiña inglesa. Y mantiene la fidelidad de un público amplio aficionado a los largos novelones ambientados en un mundo como aquel, refinado y decadente, del final de una época.

Santos Domínguez