26 junio 2013

Equipaje de vacaciones. Poesía


Rafael Saravia.
Carta blanca.
Calambur. Madrid, 2013.

Carta blanca, el cuarto libro de Rafael Saravia, responde a un doble impulso imprescindible en la poesía: la mirada crítica a la realidad y el compromiso ambicioso con el lenguaje.

Por eso sus referentes poéticos, que van de Valente y Pérez Estrada a Gamoneda, Gelman o Mestre, inspiran ese doble impulso, sostenido con variaciones en las tres partes en que se articula el libro -Solo, Hasta que llegue diciembre y Carta blanca- y en unos poemas que pasan de lo íntimo a lo público, de la indignación al amor, de la búsqueda a la insurgencia, para combinar intensidad de lenguaje y altura de voz entre la fidelidad a la memoria y la militancia infatigable en la utopía.

Un ejemplo, estos versos del espléndido Tiempo de contar: Con el tiempo, se hizo medible la esperanza... / La premura se acomodó en el segundo, / el ímpetu en la hora, el cambio en el día, / la razón en los meses venideros, / el poema en cada sentencia futura.



José Ramón Ripoll.
Piedra rota.
Tusquets. Barcelona, 2013.

¿Te ofreces por azar al caminante / o eres tú, piedra rota, el principal motivo de su rumbo?

En la orilla del mar, una piedra rota se convierte en símbolo del mundo, en metáfora de un tiempo sin tiempo, / tiempo sin espacio. / Sólo un punto inasible en el vacío.

En torno a ese eje gira Piedra rota, el último libro de José Ramón Ripoll, que acaba de publicar Tusquets en su colección Nuevos textos sagrados. Porque esa piedra rota es también un espejo del poeta: has llegado hasta aquí para anunciarme, / no tu largo viaje, / sino mi rostro.

Y así, organizado en una secuencia  progresiva- Encuentro, Reconocimiento y Abandono- se desarrolla un texto de intensidad creciente, porque Piedra rota es un poema unitario articulado en una estructura musical con un preludio y esas tres partes -tres movimientos de un mismo proceso espiritual- que sostienen la búsqueda interior sobre la que se construye esta poesía interrogativa en busca de respuestas y de iluminaciones: Es luz este vacío.



Michael Hamburger.
La vida y el arte.
Antología poética.
Edición y traducción de Matías Serra Bradford.
Lumen. Barcelona, 2013.

Sebald trazó de él un retrato inolvidable en Los anillos de Saturno. Michel Hamburger (1924-2007), que llegó a Inglaterra en 1933 huyendo con su familia del nazismo, pasó su vida tendiendo puentes entre el inglés y su lengua materna y entre su casa y la naturaleza desatada de un jardín asilvestrado.

Si lo primero lo convirtió en un poeta inglés de Alemania y en un prestigioso traductor de poesía alemana – sobre todo Hölderlin y Celan- al inglés, lo segundo –la mirada a la naturaleza- constituye el núcleo de su mundo poético, en el que, como otros poetas ingleses, aunó naturaleza y estudio, contemplación y pensamiento: En la media luz tardía, la tierra / nos deshereda por completo.

Hamburger es poeta de descampado, poeta con gato y con paisaje, autor de una poesía de la mirada y la memoria, de unos textos que aspiran a decir lo indecible, a expresar lo inefable. Por eso los mejores poemas –dice Hamburger- son los que saben más que yo, incluso acerca de mí mismo, los que sorprenden en primer lugar al poeta en la revelación de lo oculto, los que descifran un secreto.

Esta es la primera antología individual en español de Hamburger, al que este mismo traductor, Matías Serra Bradford, incluyó en la amplia muestra de poesía inglesa La isla tuerta (Lumen), en la sección Excursionistas.



Alfredo Rodríguez.
Urre aroa.
Seis poetas de Tierra Naba.
Los papeles del sitio. Sevilla, 2013.

Seis poetas nabarros -así, a la manera antigua vascuence- que podrían haber existido. Los que reúne Alfredo Rodríguez en Urre aroa, un volumen espléndidamente editado con tipografía Ibarra en Los papeles del sitio.

Entre Henrique de Ariztarai –el mayor poeta de los nabarros- y el sefardí Inaxio de Huvilzieta, seis complementarios, seis poetas apócrifos que escribieron a las puertas del Renacimiento. Seis poetas necesarios que Alfredo Rodríguez convoca con unos versos que son su verdadera fe de vida.

Seis poetas que viven en unos versos atravesados por la emoción y escritos a prueba de siglos, ajenos al tiempo y a sus destrucciones. Vivos en una memoria sucesiva de vida y muerte en la que se superponen el poeta real y sus criaturas: Yo soy el que cerraba las puertas de la noche.




Mauricio Wiesenthal.
Perdido en poesía.
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2013.

La fuerza de la respiración y el ritmo del aliento distinguen a cada poeta, escribe Mauricio Wiesenthal en la presentación de Perdido en poesía, el volumen en el que La Isla de Siltolá recoge su poesía inédita.

Métrica rigurosa y reflexiva, sensualidad de la palabra meditativa, búsqueda de la armonía son algunas de las claves de unos versos en los que la emoción y la experiencia, la memoria y las iluminaciones construyen una poesía que aspira a conseguir, en palabras de su autor, el aire puro de la oración, la belleza limpia de las aristas glaciares y el refugio de la soledad enamorada.

Una reunión de textos de diversos libros y tonalidades que culminan en el delicado aire de jardín andalusí que tienen los Poemas del Astrónomo, herederos de aquellos poetas que llegaron de Siria o de Bagdad a darnos lecciones de sentidos: No te apiades de mi vejez porque, desde el día que te fuiste con mi juventud, he esperado, con ansia, la triste hora enlutada de los cabellos blancos.


Ángel Rupérez.
Sorprendido por la alegría.
Bartleby Editores. Madrid, 2013.

Entre los cimientos de la identidad, el paisaje familiar de la infancia y un agudo sentimiento de la temporalidad, la poesía serena y meditativa de Ángel Rupérez evoca en Sorprendido por la alegría (Bartleby Editores) al padre enfermo con un ruido de fondo de fuentes y pájaros sin tiempo.

Una poesía cuya hondura se ancla en la memoria, en la emoción recordada en tranquilidad de la que hablaba Wordsworth, junto con la de Emily Dickinson o la de Luis Cernuda una de las presencias más significativas de estos textos llenos de destellos y de sentimiento del paisaje.

Junto con la naturaleza y el recuerdo, en la armonía del pasado y el presente, la música, la luz, la pintura de Rembrandt, los ámbitos urbanos en una constante celebración de la vida, ese eterno retorno: para que no nos deje la luz, / ni nos abandone el entusiasmo.




Enrique Falcón.
Porción del enemigo.
Calambur. Madrid, 2013.

La pregunta que este libro nos confía no es si nuestro enemigo podrá ser vencido, sino si podremos mirarlo de una vez, ahora, al menos un centímetro por encima de nuestros propios terrores, escribe Enrique Falcón en el Preliminar de Porción del enemigo, que cierra en Calambur su Trilogía de las Sombras, de la que forman parte también Amonal Taberna roja.

La poesía de Enrique Falcón brota de una doble actitud crítica: la conciencia del mundo y la conciencia del lenguaje para expresar el conflicto en un momento tan decisivo como este, para mirar la realidad desde la disidencia y para llamar a las cosas por su nombre, que es la primera condición para modificarlas.

Por eso estos poemas, escritos a dos metros del apocalipsis, practican una disidencia múltiple: de las condiciones políticas y sociales de la actualidad y de las convenciones del lenguaje ordinario, invitan a la insurgencia, como en la Canción del levantado ( No esperes casi nada de su magistratura / No reces en su lengua, no bailes con sus ropas / No pierdas nunca el agua que duerme a los guardianes / Ni alojes en su boca la sal de tu sabor), o practican el sarcasmo paródico del Salmo 23 (El Señor es mi pastor, nada me falta).

Poemas escritos contra el enemigo, contra aquellos que esperan que te rindas. / Que devuelvas las canciones a sus cuartos.



Blas de Otero. 
Obra completa (1935-1977). 
Edición de Sabina de la Cruz 
con la colaboración de Mario Hernández. 
Introducción de Mario Hernández 
y Sabina de la Cruz.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2013. 

La búsqueda y la insatisfacción orientan la palabra viva, “móvil y cambiante” de su poesía, como señala Mario Hernández en la introducción a la Obra completa (1935-1977) de Blas de Otero, que se reúne por primera vez en un volumen editado por Sabina de la Cruz y publicado por Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores.

Un volumen con su obra en verso y prosa, en el que se recogen todos los libros que el poeta publicó en vida, el póstumo Hojas de Madrid con La galerna -editado también en Galaxia Gutenberg en 2010- y tres libros inéditos: Poesía e Historia, Historia (casi) de mi vida y Nuevas historias fingidas y verdaderas.

La edición de la obra total de Blas de Otero es una aportación decisiva que refleja la vitalidad poética de un hombre que no se rindió nunca, el crecimiento de un poeta de profundidad progresiva y en constante búsqueda, ofrece un recorrido por sus múltiples registros estilísticos, por su variedad temática y por las distintas propuestas estróficas que exploró en su obra poética, desde el soneto clásico hasta la forma popular y desde el verso libre hasta los poemas en prosa.

Una meritoria y compleja labor de edición de Sabina de la Cruz y Mario Hernández, que además de ordenar los inéditos han tenido que recomponer todo aquello -y no fue poco- que mutiló la implacable censura franquista.

En la última sección del libro, Complementos, doscientas páginas recogen los textos inéditos y dispersos ordenados cronológicamente, traducciones de poetas rusos o de Nâzim Himet, un poeta turco que le influyó mucho, y una abundante muestra de declaraciones y entrevistas en las que Blas de Otero –que siempre quiso averiguar cómo se salva la distancia entre la vida y los libros- habla de su vida y su obra fieramente humana, viva, cambiante y variada.

Esa variedad contrasta con la unidad que les otorga a los versos de Blas de Otero la autenticidad de una de las voces imprescindibles de la poesía española del siglo XX.


Poesía china 
(Siglo XI a.C- SigloXX).
Edición de Guonjian Chen.
Cátedra Letras Universales. Madrid, 2013.


La oscuridad de la noche me dio ojos negros / y yo los utilizo para buscar la luz, escribió Gu Cheng (1956-1993), poeta pekinés y suicida joven. Es uno de los poemas con los que Guojian Chen, un prestigioso hispanista vietnamita experto en poesía china, actualiza en Cátedra Letras Universales la que quizá sea la mejor antología que existe en español de un género muy popular en aquel país.

Desde el siglo XI a. C. hasta finales del siglo XX, sus quinientas páginas recogen más de tres mil años de refinamiento verbal y de delicadeza en la mirada hacia el paisaje o hacia el interior del poeta. Y con mucha frecuencia, como en ese brevísimo texto, la simultaneidad entre la contemplación y la meditación.

Las flores del ciruelo, la oropéndola amarilla, peces dorados en los estanques y pájaros en la enramada, la noche clara, la luna en el río, la niebla en los montes, la escarcha en los caminos configuran el telón de fondo que a veces se convierte en el centro aparente – el centro real es siempre el yo lírico- de una poesía como esta, una de las más antiguas y sutiles del mundo

Una poesía que prácticamente desconoce o desprecia el tono épico y se convierte en forma de conocimiento o en vía de expresión de la meditación  budista, del taoísmo o el confucianismo. Pocas veces tendrá el lector oportunidades como esta para adiestrarse en el consuelo de la quietud y la escuela de la mirada entre bosques de bambú y flores de almendro, bajo la luna llena y por los senderos del tiempo.



Ted Hughes.
Cartas de cumpleaños.
Traducción de L. A. de Villena.
Introducción de Andreu Jaume.
Nota final de Luna Miguel.
Lumen. Barcelona, 2013.

Sylvia Plath y Ted Hughes forman el que quizá sea el último mito literario del siglo XX, señala Andreu Jaume en la introducción de la edición renovada que publica Lumen de las Cartas de cumpleaños de Ted Hughes (1930-1998), el excelente escritor inglés que fue marido de Sylvia Plath y arrastró durante mucho tiempo una leyenda turbia sobre su relación y sobre la injusta responsabilidad del suicidio de su mujer.

Fue una relación tan problemática como la que Hughes tuvo con los ochenta y ocho poemas que en un tono confesional y directo evocan el fantasma de Sylvia. en uno de los libros de poesía más vendidos de la historia. 

Hughes, que había guardado silencio sobre sus relaciones y sobre el suicidio de Sylvia, había huido en su literatura de la introspección autobiográfica y del tono confesional y nunca estuvo muy seguro de si debía publicar estos poemas que fueron más un intento de terapia propia que de explicación pública de un conflicto. Sólo se decidió a publicar el libro cuando supo que le quedaban pocos meses de vida. Hughes murió en 1998, alejado del mundo para sobrevivir en la soledad del campo y en contacto con la naturaleza, admirado y atacado por igual en la distancia, tras provocar rechazos viscerales y recibir reconocimientos como el de Poeta Laureado. 

A los cincuenta años del suicidio de Sylvia Plath y a los quince de la muerte del poeta y de la aparición de este libro, Lumen ofrece una versión corregida, actualizada y matizada de la traducción que Villena hizo en 1999 y añade a aquella edición una espléndida introducción de Andreu Jaume y una creativa nota final de Luna Miguel.


Arthur Rimbaud.
Poesías.
Edición y traducción 
de Antonio Martínez Sarrión.
Austral. Barcelona, 2013.

En una carta de 1871 Rimbaud proponía como objetivo de la poesía llegar a una iluminación de lo desconocido mediante un largo, inmenso y razonado desorden de todos los sentidos.

Eran los años en los que un Rimbaud adolescente escribía los textos del que sería su primer libro, Poesías, que acaba de aparecer en una espléndida versión de Antonio Martínez Sarrión en Austral.

Entre El aguinaldo de los huérfanos (1869), el primer poema conocido de Rimbaud, y los tres sonetos uranianos de Los stupra, este es un libro desigual, pero lleno de sorpresas y destellos como El barco ebrio, tal vez el más visionario del poeta. Un libro que pasó a un segundo plano ante la fuerza de sus libros finales, Iluminaciones y Una temporada en el infierno, pero que en su núcleo central contiene algunos de los momentos más altos de su poesía, como Las despiojadoras –un texto provocador que escribió a la vez que se declaraba en rebeldía con el mundo, se escapaba de casa y comenzaba una interminable peripecia de vagabundeos que expresaban su aversión al sedentarismo-, Las primeras comuniones, Vocales o Los poetas de siete años.

Está aquí ya, potente y precoz, el Rimbaud audaz y escandaloso que explora los límites del lenguaje, de la corrección política, de la moral tradicional y del buen gusto. Precoz y procaz, aquel adolescente rebelde, aquel ángel infernal del exceso acabaría cambiando la poesía europea en cuatro años de escritura.

Dejó de escribir a la edad en la que muchos empiezan. Con veinte años renunció a la literatura, pero antes dejó una obra poética que es una de las bases de la poesía contemporánea. No existe movimiento poético que no afirme deberle sus orígenes, aunque sin duda el mismo Rimbaud no hubiera aprobado la mayor parte de sus ideas. Los jóvenes escritores de todo el mundo descubren hoy en Rimbaud al portavoz de su exasperación con el pasado y con la tradición; de su desacuerdo con las normas aceptadas y con lo que la llamada civilización ha hecho del mundo en el que vivimos; y sienten el mismo deseo de destruirlo todo.

Traducirlo no es fácil. Y a esa tarea se ha enfrentado Martínez Sarrión, que habla en su prólogo de la condición poliédrica de su poesía y del enigma Rimbaud de su biografía antes de ofrecer una traducción espléndida en la que se ha esforzado en respetar “el espíritu y la letra del original” y en “poner igual o mayor cuidado en el verso castellano.”

Y el resultado está sin duda a la altura de ese objetivo, difícil siempre que se traduce poesía, casi inalcanzable si la poesía que se traduce es la de Rimbaud, un barco ebrio: Cuando iba descendiendo por impasibles ríos...




Juan Ramón Jiménez.
Apartamiento.
Edición crítica, introducción y notas 
de Joaquín Llansó Martín-Moreno 
y Rocío Bejarano Álvarez
Linteo. Orense, 2013.

   
Hay una cosa negra, que pudo ser de oro, / que no se borra, que es, como este olor, amargo, escribe Juan Ramón Jiménez en Remordimiento, uno de los cuarenta poemas inéditos de Apartamiento, un libro esencial que Juan Ramón escribió entre 1911 y 1912, en uno de los momentos de mayor creatividad de su trayectoria.

Un libro espléndidamente editado -como Ellos, Libros de amor, La frente pensativa, Arte Menor, Espacio y Tiempo– por la impagable colección de poesía de Linteo, que se ha convertido en una editorial de referencia y sigue recuperando títulos esenciales de Juan Ramón en ediciones críticas ilustradas como esta, de la que se han ocupado dos expertos tan eficientes como Joaquín Llansó Martín-Moreno y Rocío Bejarano Álvarez.

Domingos, El corazón en la mano y Bonanza se titulan las tres secciones de un conjunto disperso e inédito hasta ahora, aunque bastantes de sus poemas habían aparecido en distintas recopilaciones desde las Poesías escojidas de 1917 a la Segunda antología de cinco años después, sobre todo los de Bonanza, que allí parecía un libro exento -así lo concibió en un principio Juan Ramón y llegó a editarse por separado- , aunque acabó formando parte de un proyecto más amplio que tituló Apartamiento.

Pero, aunque ya conocidos en parte, es en el conjunto –las dos primeras partes se publican ahora por vez primera- donde cobran su verdadero sentido esos poemas, porque culminan un trayecto espiritual, un camino de perfección y de búsqueda de transcendencia que se inicia en Domingos y que en Bonanza adquiere una dimensión religiosa.

Un Juan  Ramón distanciado ya emocionalmente de Moguer: ¡Cielo azul de aquel pueblo/ que pudo ser la dicha y sólo fue el cansancio!





Antonio Gamoneda. 
Antología poética. 
Selección e introducción 
de Tomás Sánchez Santiago.
Alianza Editorial. Madrid, 2013.

Alianza publica en formato de bolsillo una edición actualizada de la Antología poética de Antonio Gamoneda, con doce textos de su reciente Canción errónea. Una nueva edición imprescindible de una poesía en constante proceso de formación.

Poeta de la extralimitación llama Tomás Sánchez Santiago a Antonio Gamoneda en La armonía de las tormentas, el enjundioso y contenido prólogo que ha escrito para introducir la lectura de esta antología de una obra en la que –como señala el antólogo en la nota a esta nueva edición- “no hay añadiduras ni poemas de vocación suplementaria. Todo se concita en una única respiración verbal que sigue siendo fértil en su confesa insistencia.”

Y es que si la poesía es casi siempre una experiencia extrema de límites, lo es más en un poeta como Gamoneda que no está por encima de las modas, sino por debajo, porque en su poesía hay algo profundamente telúrico que tira de nosotros hacia abajo, un río subterráneo y torrencial, una voz sumergida y oculta, no tan secreta como acallada por la censura en el franquismo.

De Gamoneda hemos aprendido sus lectores a convivir con la luz del plomo, con la injusticia y la soledad, a soportar el peso del mercurio, el temblor del azufre y el óxido que sabe a una desaparición y tiene el mismo olor que la tristeza. A entender que para un poeta un libro es una aparición y un poema,"un pensamiento que canta."

Articulada en torno a una serie de elementos temáticos y expresivos que contienen las claves de su unidad, el tiempo y el espacio son los ejes referenciales de su evolución poética. Una evolución marcada por la temporalidad hasta Descripción de la mentira y por la abolición del tiempo en favor de una poética de lo espacial a partir del Libro del frío. O, lo que es lo mismo, el paso del canto a la contemplación a través de palabras e imágenes de una enorme fuerza expresiva.

Imágenes y palabras fundidas en el magma oscuro de la memoria violenta y armónica que vive en el armario lleno de sombra del que surge una poesía que no se comprende con la inteligencia racional, sino de otra manera más intensa, más primaria, más duradera: como se comprende / un fruto con la boca, una luz con los ojos.


Santos Domínguez

Equipaje de vacaciones. Narrativa


Eugenio Fuentes.
Si mañana muero.
Tusquets. Barcelona, 2013.

Madrid, 17 de julio de 1936. Un comprador paga a un pintor mil pesetas –el doble de su valor inicial- por un cuadro de su primera exposición individual, una Maternidad en llamas a la que prende fuego nada más salir de la exposición. Rubén, el pintor novel y sorprendido, reacciona y quema en respuesta al agravio las mil pesetas. 

Con esa fuerza comienza Si mañana muero, la última novela de Eugenio Fuentes, que publica Tusquets. El torbellino que se desata en España al día siguiente con la sublevación militar arrastra al pintor, al lector y al resto de personajes en una trama con la que el novelista regresa al territorio de Breda con una novela inolvidable.

Si mañana muero es la cima provisional de una trayectoria novelística creciente que acometía aquí su proyecto más ambicioso y por eso mismo no solo el más trabajado, sino el que más riesgos contenía. Da la impresión de que la obra de Eugenio Fuentes ha ido creciendo en técnica y en hondura en el trazado sicológico de los personajes, matizando su sintaxis, ganando en solvencia narrativa y en capacidad descriptiva del paisaje a la vez que maduraba esta historia. Y aunque el telón de fondo sea la guerra civil y la posguerra, esta no es una novela sobre aquel conflicto. Es una novela sobre la dignidad en tiempos de cólera desatada que abarca quince años, de 1936 a 1951, una obra que mira, más que hacia el fondo de llamas y banderas que presagiaba el cuadro incendiado al comienzo de la novela, al interior de unos personajes que son los verdaderos soportes de Si mañana muero.

Y seguramente ha considerado el novelista que este era el momento adecuado para culminar un proyecto que rondaba por su mente desde hace más de veinte años y que fragua brillantemente en una novela que no da tregua al lector porque tampoco el autor ha permitido que se produzca el menor desaliento, la menor arritmia en su admirable y sostenido pulso narrativo.




J. M. Coetzee.
Escenas de una vida de provincias.
Traducciones de 
Juan Bonilla (Infancia).
Cruz Rodríguez (Juventud).
Jordi Fibla (Verano).
Mondadori. Barcelona, 2013.

Mondadori reúne en un volumen (Escenas de una vida de provincias) las tres entregas de la espléndida autobiografía novelada en la que J. M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) proyecta una mirada distante, panorámica y lúcida sobre sí mismo.

Un narrador en tercera persona resume ese distanciamiento emocional sobre su propia historia al evocar la niñez a comienzos de los años cincuenta en Infancia o al trazar en Juventud el autorretrato del artista adolescente lleno de dudas en la búsqueda de su propia identidad vital y literaria.

La tercera parte -Verano- culminaba ese proceso con una implacable vuelta de tuerca para contemplar un periodo crucial de su vida desde la distancia definitiva de la otra orilla. Muerto ya, recurre a la figura de un investigador que intenta reconstruir esa época del escritor a través de cinco entrevistas a personas que lo conocieron. Una antigua amante, que destaca su tendencia al onanismo, su prima Margot, una viuda brasileña que despreció su debilidad, y dos colegas de la Universidad: Martin y Sophie. Sus testimonios completan una imagen coherente y autocrítica que explora el límite de la escritura introspectiva y de la memoria y atraviesan una obra en la que brillan por igual el estilo y la inteligencia.

La reflexión autocrítica sobre su vida y su vocación literaria se recogen ahora en un solo volumen que permite leer de un tirón las memorias noveladas de uno de los narradores imprescindibles de los últimos años.



Julio Llamazares.
La lluvia amarilla. 
Edición conmemorativa.
Seix Barral. Barcelona, 2013.

Cuando se cumple un cuarto de siglo de la aparición de un clásico contemporáneo como La lluvia amarilla, de Julio Llamazares, Seix Barral publica una edición conmemorativa enriquecida con un prólogo del autor y con un DVD que contiene el documental Anielle, de Eduardo de la Cruz, sobre el pueblo del Pirineo aragonés donde se ambienta esta novela, la más leída y traducida de todas las suyas, como señala Llamazares en el prólogo.

Fue una novela, segunda de su autor, que se había dado a conocer con Luna de lobos, que superó todas las expectativas y que acabó por convertirse en símbolo de los paraísos perdidos evocados por la memoria. Tuvo un enorme éxito de crítica y público, a lo que contribuyó no solo su evidente valor literario, sino la lectura sociológica, una de las posibles que admite un texto tan rico en matices,  que se hizo de sus páginas.

En el duro paisaje de ese lugar despoblado por el éxodo rural, el monólogo interior de Andrés, su último habitante moribundo en su última noche, tiene una potencia literaria y una tensión estilística que lo coloca en muchos momentos cerca del lenguaje poético: Pronto llegó noviembre con su pálido aliento de lunas y hojas muertas.

El documental Anielle que recoge el DVD incluido en esta edición se rodó a partir de la novela en los paisajes en los que transcurre y aporta también fotografías de un Anielle aún habitado, lo que permite conocer los escenarios reales en los que aún suena el melancólico y febril monólogo de Andrés en soledad.




Enrique Serna.
La ternura caníbal.
Páginas de Espuma. Madrid, 2013.

Intensos, compactos y sorprendentes, los diez relatos que Enrique Serna ha reunido en La ternura caníbal, que publica Páginas de Espuma, exploran las relaciones de poder en la pareja, la lucha destructiva entre los amantes por la dominación.

Condensación, eficacia narrativa, reducción de la trama a su núcleo conflictivo son algunas de las constantes técnicas que acreditan a Enrique Serna como un narrador eficiente en estos relatos. Unos textos que mezclan crueldad y humor negro, tragedias grotescas y una mirada irónica e implacable que recuerda al esperpentismo y a Buñuel.

Desde la venganza póstuma de Entierro maya hasta La incondicional que ajusta cuentas al pie de la cama de su marido moribundo, diez espléndidos cuentos habitados por personajes tan contradictorios como sus sentimientos y sus comportamientos.





Koda Rohan.
El samurái barbudo.
Traducción de Naoaki Shimada.
Introducción de Carlos Rubio.
Satori Ediciones. Gijón, 2012.

En su magnífica colección Maestros de la Literatura Japonesa, Satori Ediciones publica dos novelas de Koda Rohan (1867-1947), La pagoda de los cinco pisos y El samurái barbudo, presentadas por un prólogo de Carlos Rubio en el que destaca que “con su voz antigua, la obra de Rohan supo capturar la vitalidad y el optimismo constructivo de la sociedad japonesa” de finales del XIX.

El destino colectivo y el individual, la vida y la muerte, a través de las diversas situaciones a las que se enfrentan los personajes de estas novelas que son también una parábola de la condición humana, el honor y la dignidad, la amistad y el sentido de la existencia en una síntesis de ideas y propuestas que van de lo filosófico a lo estético, del humanismo al optimismo social, del taoísmo a la confianza en el arte como medio de iluminación del hombre.



Anatole France.
Tais.
Traducción de Luis Ruiz Contreras.
Grabados de Paul Albert Laurens.
Edición y prólogo de Luis Alberto de Cuenca.
Reino de Cordelia. Madrid, 2013.

Reino de Cordelia publica una bellísima edición ilustrada de Tais, la novela histórica y alejandrina de Anatole France.

Esta edición reproduce los grabados de Paul Albert Laurens que aparecieron en la edición de 1900 y la traducción de Luis Ruiz Contreras, actualizada por Luis Alberto de Cuenca, que ha escrito un prólogo sobre la historia bibliográfica de este libro, del que hace “una vindicación entusiasta” de “su enorme fuerza narrativa, su profundidad psicológica y su capacidad descriptiva fuera de lo común.”

Su asunto es la historia de Tais, la cortesana de Alejandría que vivió en el siglo IV y sería canonizada después de ingresar en un convento para someterse a una dura disciplina durante cinco años para redimir su pasado y de que la monja Roswitha de Gandersheim reivindicase su figura en el siglo X. En contraste con ella, la infelicidad obsesiva de los anacoretas tentados por diablos en el desierto egipcio. Y entre ellos, en primer lugar Pafnucio, el monje atormentado y enamorado que sabía que Tais era su pecado.



Bhajju Shyam.
El libro de la selva de Londres.
Traducción de Carlos Mayor.
Sexto Piso. Barcelona, 2013.

Un siglo largo después de que Kipling publicase El libro de la selva, el artista indio Bhajju Shyam, de la tribu gond, devuelve a los británicos la visita cuando desde su aldea viaja a Londres para decorar un restaurante indio y descubre la selva urbana con una mirada insólita que dejó reflejada en El libro de la selva de Londres.

Es el libro deslumbrante de un artista deslumbrado ante ese mundo desconocido hasta entonces para él. Un bestiario simbólico y visual, contemporáneo y urbano que es también una respuesta irónica a Kipling con peces y tortugas, con un autobús metaforizado en un perro o el Big Ben transformado en gallo. Un libro que ha deslumbrado a John Berger o a Roberto Calasso, para quien “muestra el significado verdadero de la palabra encantamiento”.

Lo edita Sexto Piso, con traducción de Carlos Mayor de los textos que Sirish Rao y Gita Wolf escribieron a partir del relato oral del autor de las ilustraciones, Bhajju Shyam.




 James McClure.
El cazador sordo.
Traducción de Susana Carral.
Reino de Cordelia. Madrid, 2013.


Hugo Swart entró en el purgatorio pasadas las nueve de la noche más calurosa del año. Para él fue toda una sorpresa, al igual que para varios de sus conocidos, que lo tenían por un joven soltero y mojigato, y fueron incapaces de conciliar esa idea con la de que hubiese sido brutalmente asesinado.

Así comienza El cazador sordo, una novela policiaca del sudafricano James McClure que se publicó en 1974, en los peores años del apartheid, y que ahora publica Reino de Cordelia con traducción de Susana Carral. Un caso del teniente Kramer y el sargento Zondi, que –como La canción del perro, que apareció en esta misma editorial hace ahora un año- revela en McClure a un narrador poderoso. Y más que eso, a un escritor que combina una trama elaborada con brillantez y desarrollada con agilidad y pulso narrativo con la crítica del apartheid.

Porque, por encima de su estructura de novela policiaca, El cazador sordo es una bajada a los infiernos de los asentamientos negros de Jabula, una crítica del terror y de la violencia racial en la Sudáfrica anterior a Mandela.




Guadalupe Nettel.
El matrimonio de los peces rojos.
Páginas de Espuma. Madrid, 2013.

Se aprende mucho de los animales con los que convivimos, dice la narradora del cuento que da título a un conjunto de cinco relatos con los que Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973) ganó el III Premio de narrativa breve Ribera del Duero.

Los cinco relatos de El matrimonio de los peces rojos confirman esa observación, porque los animales que aparecen en ellos (un matrimonio de peces rojos que convive con un matrimoniohumano, las cucarachas que invaden una casa de la clase alta, una estudiante con una gata en celo, los hongos que mantienen unidos a dos amantes en la distancia o la serpiente que encarna las desavenencias conyugales) plantean un juego de espejos entre animales domésticos y hombres, desvelan los vínculos complejos que unen sus existencias y sus comportamientos.

Ese juego de espejos es el reflejo de las pulsiones secretas de unos personajes obsesivos y angustiados en cuyos mundos más ocultos bucean estos relatos que sacan a la luz lo subterráneo, lo raro, la corriente anómala que discurre bajo la superficie de sus vidas y brota finalmente.

Con una escritura muy precisa y una admirable eficacia narrativa, los cuentos de este volumen equilibran la calidad de una prosa de elaborada transparencia y una tensión argumental que va creciendo a medida que se avanza en cada uno de ellos.


Rubino Romeo Salmonì A15810.  
He derrotado a Hitler.
Traducción de Leo Caro Calvo.
Confluencias Editorial. Almería, 2013.

En esta autobiografía del italiano Rubino Romeo Salmonì, un superviviente de Auschwitz, se inspiró Roberto Benigni para su película La vida es bella. Desde la mañana del 30 de abril de 1944, el domingo en que fue detenido en el mercado romano de Porta Portese, hasta su regreso a Roma el 3 de septiembre de 1945, transcurre una larga estancia en un infierno que Dante no pudo imaginar.

Desde la prisión de Regina Coeli a un campo de concentración en Modena y de allí al amanecer del 26 de junio de 1944 en que llega al planeta Birkenau donde se le asigna el identificador A15810, transcurre un viaje hacia la muerte y hacia una destrucción a la que Salmonì pudo escapar para dejar en este Yo derroté a Hitler la memoria del horror de quien nunca abandonó por completo Auschwitz y, pese a todo, una orgullosa declaración de esperanza y de compasión por los muertos narrada de manera directa y eficaz: Birkenau me había robado mi bondad, mi dignidad, mi sonrisa, pero no la piedad por quienes sufrían.

Lo acaba de publicar la Editorial Confluencias en su colección Apeninos con una intachable traducción de Leo Caro Calvo.


Carson McCullers.
¿Quién ha visto el viento?
Traducciones de José Luis López Muñoz 
y María Campuzano.
Austral. Barcelona, 2013.

Todo lo que sucede en mis relatos me ha sucedido o me sucederá. En esa declaración, tan confesional como inquietante, de la materia autobiográfica que nutre sus cuentos se resume el mundo narrativo de Carson McCullers. ¿Quién ha visto el viento?, que publica Austral, es una antología de cuentos extraída de la edición imprescindible de sus relatos en El aliento del cielo (Seix Barral, 2007), traducidos por José Luis López Muñoz y María Campuzano.

Salvo las tres novelas cortas que incorporaba aquel volumen, están aquí los diecinueve cuentos que escribió la narradora norteamericana, uno de los referentes del género. Algunos de ellos son la prehistoria de su excelente primera novela, El corazón es un cazador solitario. 

De un lirismo desgarrado, o sombríos y conmovedores en su mirada al interior de unos personajes acosados por la soledad, eficaces desde la primera frase en la precisión de su economía técnica y en su agilidad narrativa, turbadores en la desolación característica del gótico sureño, los recorre una voz sutil y poderosa que desde la maravillosa región solitaria de las historias sencillas y del mundo interior sitúa en el centro del relato un núcleo conflictivo para hablar de la complejidad de las relaciones humanas, de la dificultad de la comunicación en la pareja, de la enfermedad, del alcohol y la muerte.

Cualquiera de estos cuentos podría servir como modelo del relato norteamericano contemporáneo sin desmerecer de Faulkner, Tennessee Williams, Scott Fitzgerald, Cheever o Carver por la huella imborrable que dejan en la memoria del lector.



Natsume Sōseki.
Misceláneas primaverales.
Prólogo de José Pazó.
Traducción de Akira Sugiyama.
Satori. Gijón, 2013.

Un recorrido demorado por la obra, la vida y los temas de Natsume Sōseki abre la edición de sus Misceláneas primaverales en Satori. Lo propone José Pazó en el estupendo prólogo que ha escrito para este volumen que además de ese título incluye Los sueños de diez noches.

Sueños melancólicos y terribles que tienen como centro la muerte, los miedos, el sentimiento de culpa, el sexo, los juegos de espejos. Esas son las claves de unas intensas incursiones en el relato onírico que presagian a Borges.

Las Misceláneas primaverales contienen veinticinco historias breves de carácter introspectivo y autobiográfico. Historias atravesadas también por un potente carácter onírico y de una asombrosa modernidad en su fragmentarismo y su sentido simbólico que se mueven, como señala el prologuista, “entre la melancolía y la sonrisa”, aunque lejos del Soseki humorístico de sus primeros libros.




Santos Domínguez

25 junio 2013

Juan Ramón Jiménez. Apartamiento




Juan Ramón Jiménez.
Apartamiento.
Edición crítica, introducción y notas 
de Joaquín Llansó Martín-Moreno 
y Rocío Bejarano Álvarez
Linteo. Orense, 2013.

     
Hay una cosa negra, que pudo ser de oro, / que no se borra, que es, como este olor, amargo, escribe Juan Ramón Jiménez en Remordimiento, uno de los cuarenta poemas inéditos de Apartamiento, un libro esencial que Juan Ramón compuso entre 1911 y 1912, en uno de los momentos de mayor creatividad de su trayectoria.

Un libro espléndidamente editado -como Ellos, Libros de amor, La frente pensativa, Arte Menor, Espacio y Tiempo– por la impagable colección de poesía de Linteo, que se ha convertido en una editorial de referencia y sigue recuperando títulos esenciales de Juan Ramón en ediciones críticas ilustradas como esta, de la que se han ocupado dos expertos tan eficientes como Joaquín Llansó Martín-Moreno y Rocío Bejarano Álvarez.

Domingos, El corazón en la mano y Bonanza se titulan las tres secciones de un conjunto disperso e inédito hasta ahora, aunque bastantes de sus poemas habían aparecido en distintas recopilaciones desde las Poesías escojidas de 1917 a la Segunda antología de cinco años después, sobre todo los de Bonanza, que allí parecía un libro exento -así lo concibió en un principio Juan Ramón y llegó a editarse por separado-, aunque acabó formando parte de un proyecto más amplio que tituló Apartamiento.

Pero, aunque ya conocidos en parte, es en el conjunto –las dos primeras partes se publican ahora por vez primera- donde cobran su verdadero sentido esos poemas, porque culminan un trayecto espiritual que se inicia en Domingos y que en Bonanza adquiere una dimensión religiosa.

Es un Juan  Ramón distanciado ya emocionalmente de Moguer -¡Cielo azul de aquel pueblo/ que pudo ser la dicha y sólo fue el cansancio!- que escribe estos poemas en un momento crucial de su obra en marcha, de esa constante búsqueda de belleza y verdad que orienta toda su poesía.

Compuesto al final de su época sensitiva, a la vez que Libros de amor y La frente pensativa y un poco antes de Idiliosen Apartamiento se anuncia el giro poético de Juan Ramón, su camino hacia la desnudez expresiva de una poesía liberada del recargamiento formal modernista y construida con una mirada cada vez más introspectiva a la que cada vez le dice menos la contemplación del paisaje.

De Domingos ("Está desierto el mundo; mi amor es el silencio") a El corazón en la mano y su dolor solitario ("por el dolor hacia la sabiduría") y de ahí a Bonanza, en donde intuye la transcendencia de "un dios posible por la poesía" que anticipa la poesía metafísica de Animal de fondo.

En esa tercera parte se corona un camino de perfección y de búsqueda religiosa cuyo sentido, junto con las claves poéticas del libro, examinan Joaquín Llansó y Rocío Bejarano en una parte importante de la excelente introducción que han escrito para esta edición.

Santos Domínguez

24 junio 2013

Pierre Hadot. La ciudadela interior


Pierre Hadot.
La ciudadela interior.
Prólogo de Arnold I. Davidson.
Traducción de Maria Cucurella Miquel.
Alpha Decay. Barcelona, 2013. 

La contención moral y la coherencia del estoico son los objetivos que definen la ética del presente que dio uno de sus mejores frutos en las Meditaciones, que el emperador Marco Aurelio escribió en griego helenístico en el siglo II.

Marco Aurelio se convirtió así en el eslabón de una cadena de filósofos morales de la que formarían parte también Montaigne y Spinoza que, como él, hicieron de la ética el eje de su pensamiento y sus escritos.

La ecuanimidad, la independencia de juicio, la piedad y la liberalidad, la constancia y la continencia, la frugalidad y la vigilancia sobre sí mismo, la llaneza en el trato y la impasibilidad ante las adversidades, la autosuficiencia, la razón natural y la tolerancia son algunas de las claves de la vida y la obra de quien hizo de la contención su disciplina espiritual y existencial y dejó testimonio de ello en unas Meditaciones que no contienen la propuesta de un sistema filosófico orgánico, pero constituyen –como señaló Stuart Mill- la más alta producción ética del espíritu antiguo.

Sobre ese libro escribió el helenista y filósofo francés Pierre Hadot (1922-2010) un voluminoso tratado que tituló La ciudadela interior aprovechando la metáfora con la que Marco Aurelio se refería al alma y al gobierno de sí mismo.

Traducida por Maria Cucurella Miquel y presentada con un magnífico prólogo de Arnold I. Davidson (La escritura como ejercicio espiritual), acaba de publicarla Alpha Decay, como los anteriores libros de Hadot (Plotino o la simplicidad de la mirada y La filosofía como forma de vida).

Pierre Hadot afianzó su prestigio como investigador, docente y filósofo en la idea de que –como para los antiguos griegos- la filosofía no es la construcción abstracta de un sistema de pensamiento, sino una  elección vital. Como Platón, Hadot sabe que filosofar es aprender a morir; pero, en la  estela de Marco Aurelio y de Montaigne, va un paso más allá y se plantea la experiencia filosófica como experiencia de pensamiento para aprender a vivir, como ejercicio espiritual que permite elevarse por encima del yo individual a la  perspectiva universal de lo que Hadot llama sentimiento oceánico haciendo suya una expresión de Romain Rolland.

Cuando se perfila definitivamente el planteamiento de Pierre Hadot, su  discurso filosófico se concreta en un ejercicio espiritual, un concepto que, más allá de sus connotaciones jesuíticas, entronca con los griegos, con la búsqueda de la sabiduría y con la idea de la filosofía como forma de vida.

Es el modelo del filósofo que enseña a vivir y a morir en una tradición ininterrumpida que va de Sócrates a Foucault , pasa por Marco Aurelio y Montaigne, por Kierkergaard y Nietzsche y llega al existencialismo de Heidegger, Sartre y Camus, que conciben la práctica de la Filosofía como diálogo con la realidad, consigo mismo y con el otro.

Con ese planteamiento consolidado ya en 1992, cuando publicó este libro, Pierre Hadot hace en La ciudadela interior un acercamiento profundo y riguroso a las Meditaciones de Marco Aurelio como parte de esa tradición de ejercicios espirituales en la que se ubica también la concepción del filósofo francés.

Marco Aurelio, el filósofo estoico que escribió sus Meditaciones para sí mismo, estaba construyendo a la vez –aunque lejos de cualquier sistema cerrado y dogmático- una de las obras más imperecederas del pensamiento clásico. Y es que en las Meditaciones, como se encarga de subrayar Hadot, se produce un milagro inusual: Marco Aurelio se habla a sí mismo, pero tenemos la impresión de que se dirige a cada uno de nosotros.

Y esa es probablemente una de las claves que explican la vigencia de un clásico como este: su capacidad de estar por encima de las circunstancias individuales, espaciales o temporales para entablar un diálogo con cualquier hombre de cualquier lugar en cualquier tiempo.

Pero Hadot propone además una lectura que se acerque al mundo intelectual y existencial de Marco Aurelio y a sus circunstancias históricas: las del emperador que sabe que en la raíz del buen gobierno está la serenidad y la contención, que el dominio de sí mismo es el primer paso para el gobierno del imperio.

Dicho de otro modo, Hadot invita al lector a un ejercicio espiritual de aproximación al discurso interior del estoico para acercarse al sentido original de las Meditaciones y entenderlas cabalmente en su contexto.

Un ejercicio de lectura que cierra el círculo abierto por el otro ejercicio espiritual, el que practicó Marco Aurelio con la escritura de estos diálogos consigo mismo, desdoblado –explica Hadot- en un yo psicológico y un verdadero yo que es la Razón universal.

De esa manera, en su lectura –y es otra de las claves de la vigencia de los clásicos- encontramos, no un sistema orgánico de pensamiento, sino a un hombre; no el sermón de un predicador, sino las palabras de un hombre que piensa cómo vivir conscientemente en esa disciplina interior, en esos ejercicios espirituales que prescribe la tradición estoica y en los que desarrolla además una búsqueda estilística de la concisión y el ritmo que convierte sus Meditaciones en un admirable ejercicio de estilo sereno y equilibrado.

Y esos dos rasgos, la serenidad y el equilibrio, son también los que definen al clásico.

Santos Domínguez



23 junio 2013

La creatividad literaria


José Antonio Marina. 
Álvaro Pombo.
La creatividad literaria.
Generación creativa. Ariel. Barcelona, 2013.

Un poeta metido a novelista, Álvaro Pombo, y un filósofo metido a pedagogo, José Antonio Marina, mantienen un largo y profundo diálogo sobre la creatividad y el oficio en La creatividad literaria, un volumen que publica Ariel en una nueva colección, Generación creativa, coordinada por José Antonio Marina.

Un diálogo vivo e intenso en el que se cruzan dos perspectivas para abordar la creatividad literaria: como excepcional revelación misteriosa (Pombo) o como método que se puede aprender (Marina). Dos perspectivas que coinciden en una común fascinación por el lenguaje como eje de la creatividad literaria natural o aprendida, inspirada o trabajada.

En ese intercambio se hace una anatomía de la creatividad como búsqueda y un elogio del entrenamiento o se intenta entender cómo funciona el mecanismo que controla el misterio de un texto como este de Álvaro Pombo en Variaciones:

Yo no soy de esta ciudad ni de ninguna
he venido por casualidad y me iré por la noche
aquí no tengo primos ni fantasmas.

Ahora veré los árboles despacio
la calle entre dos casas neutras
que conduce a un parque vacío.

He visto ya en otros sitios cómo el viento
hace huir un papel de periódico
y sé que la lluvia será hermosa desde esta taberna 
de provincia desierta.

Cenaré temprano y antes de que salgan del cine las parejas de novios
habré dejado de ser en la mirada enumerativa
de la estanquera.

Y habrán fregado ya mi taza de café
y mi tenedor y mi cuchillo y mi plato
en la Fonda sustituible

Escrito con una voluntad creativa  que elige una tercera voz narrativa que no es la de ninguno de los dos interlocutores –Llamadme Ismael, en homenaje a Melville- para enhebrar y comentar estas conversaciones, el punto de partida del diálogo es una pregunta elemental: “¿Se puede aprender la creatividad literaria?”

Entre el elogio pindárico del talento y la confianza en el trabajo, entre el desdén por el esfuerzo del poeta inspirado y tocado por el don de las revelaciones y la propuesta de un hábito creativo, parece que se puede encontrar un punto intermedio que admita que se puede aprender a escribir con un aceptable nivel de corrección expresiva.

Pero la pregunta siguiente, la nuclear, es esta: “¿Se puede aprender la excelencia literaria?” 

Y en el caso improbable de que se pueda, "¿cuál es el procedimiento?"

A partir de ahí, de esa pregunta incontestable, la perspectiva del libro se abre a temas más amplios en un recorrido lleno de afluentes y sugerencias: la ética y la estética de la creación a partir de dos situaciones igual de escandalosas: que con buenos sentimientos se haga pésima literatura y lo contrario: que con malos pensamientos pueda hacerse buena literatura.

La escritura como forma de conocimiento  (Escribir es ir descubriendo lo que se quiere decir, decía Max Aub), la bi-biografía lectora de Pombo y Marina, un repaso por su propia obra y por las de aquellos autores que les han marcado un camino a la creación o a la reflexión: Rilke, Eliot, Kant, Rimbaud, Juan Ramón, Thomas Mann...

Es posible que crear sea un hábito. Es mucho menos probable que el talento sea el resultado de un largo entrenamiento. Que el lector piense lo que quiera a la vista de estos dos versos - ¿inspiración o trabajo?- con los que Álvaro Pombo abría sus Protocolos:

Aña hice caca
Nene de nobis ipsis silemus.


Santos Domínguez


22 junio 2013

Leopardi. Las pasiones


Giacomo Leopardi.
Las pasiones.
Edición e introducción de
Fabiana Cacciapuoti.
Traducción del italiano 
y epílogo de Antonio Colinas. 
Siruela. Madrid, 2013.


El sentimiento de la venganza es tan grato que, con frecuencia, uno desea ser injuriado para poderse vengar, escribe Giacomo Leopardi en una de las notas del Zibaldone di pensieri, el monumental diario que escribió el poeta de Recanati entre 1817 y 1832.

Como Schubert en música, Leopardi (Recanati, 1798-Nápoles, 1837) representa en poesía la síntesis de lo clásico y lo moderno en un estilo nuevo. Sus personalidades, atormentadas y complejas, propensas a la huida, crearon obras de asombrosa modernidad de lenguaje y de tono.

En 1827 Leopardi redactó una nota que tituló Tratado de las pasiones. Era un índice temático en el que señalaba los 164 fragmentos del Zibaldone que debían constituir esa unidad temática.

Esos fragmentos, ordenados según la nota autógrafa del poeta, son los que acaba de publicar Siruela en una espléndida edición preparada y prologada por Fabiana Cacciapuoti y traducida por Antonio Colinas, que ha escrito un breve epílogo para la ocasión.

Las pasiones eran un proyecto de libro porque sus temas son uno de los centros de interés del pensamiento y la obra de Leopardi, uno de los ejes vertebrales de las miles de páginas del Zibaldone. En estos fragmentos está el escritor sensible y lúcido, amargo y sutil que escribió algunos de los poemas más memorables del siglo XIX a la luz de una vela en sus noches de insomnio.

La idea central en la que insiste Leopardi es que el hombre moderno es indiferente a las pasiones o las vive con baja intensidad y contención frente al desbordamiento apasionado del hombre natural o a la armonía con la naturaleza del hombre antiguo.

Como en tantas otras zonas de su vida y su obra, Leopardi está en la frontera contradictoria e integradora que separa la actitud del hombre moderno de los comportamientos del hombre antiguo. Él, que no se siente moderno y sabe que sus modelos son anacrónicos, vive apartado del mundo en la biblioteca familiar en una actitud evasiva muy característicamente romántica que en su caso se intensifica por sus problemas físicos y su deformidad

Y desde esa tierra de nadie Leopardi analiza, antes que nada, sus propias pasiones y recorre la literatura y los modelos clásicos para ejemplificar o analizar el amor, el odio, la tristeza o la envidia ( Yo no he probado nunca la envidia en lo que atañe a asuntos  en los que me he creído hábil, como en la literatura, donde,  es más, he sido inclinadísimo a alabar), el miedo, la compasión (la única cualidad y pasión humanas que no posee en  absoluto mezcla alguna de amor propio), el valor o la gloria:

La gloria no es una pasión propia, en absoluto, del hombre primitivo y solitario. Sin embargo, la primera vez que un grupo de hombres se unió para matar a alguna fiera o por cualquier otro motivo en el que hubiese sido necesario un intercambio  de ayuda, aquel que mostró más valor se sintió llamado valiente  de manera sincera, y sin adulación por parte de aquella gente que aún no conocía este defecto. Dicha palabra le complació,  y así él, como cualquier otro espíritu magnánimo que hubiese estado presente, sintió por vez primera el deseo de alabanza. Y así nació el amor por la gloria. 

El de Leopardi, no solo en sus Cantos, también en su prosa, de la que este volumen es una inmejorable muestra, es el Romanticismo más profundo y por eso mismo el menos efímero y el más integrador, el que hace de él un clásico en el que el pesimismo y la angustia encuentran un doble consuelo en la serenidad contemplativa y en la armonía de la palabra. 

Santos Domínguez



21 junio 2013

Ocho ensayos sobre William Blake



Kathleen Raine. 
Ocho ensayos sobre William Blake.
Traducción de Carla Carmona.
Imaginatio vera. Atalanta. Vilaür, 2013.


William Blake (1757-1827) es uno de los poetas más enigmáticos y asombrosos de la tradición occidental. Inclasificable e irrepetible, su intensa poesía fue una isla deslumbrante en el racionalismo del siglo XVIII, una profecía del irracionalismo romántico y de la actitud visionaria del superrealismo.

Grabador y poeta, místico y pintor, visionario y filósofo, excéntrico y astuto, Blake fue un artista total que fundió la palabra y la imagen en una doble actividad que nunca concibió por separado y que dio lugar a libros tan desasosegantes como el Matrimonio del cielo y del infierno o Los cantos de experiencia y de inocencia. 

Aquel poeta iconoclasta y profético, en cuyos versos conviven en raro equilibrio las luces y las sombras, fundó una cosmogonía prometeica propia sobre el hombre anterior a la caída en los Cantos de inocencia y sobre el conocimiento del dolor en los Cantos de experiencia, creó una obra de enorme potencia imaginativa, murió cantando y -como explicó Antonio Rivero Taravillo- dejó una huella importante en Yeats o en el Graves de La diosa blanca, en Cirlot o en Borges.

Atalantaque anuncia para septiembre una edición de los Poemas proféticos prologados por Patrick Harpurpublica en su colección Imaginatio vera Ocho ensayos sobre William Blake, de Kathleen Raine, que dedicó gran parte de sus investigaciones a dilucidar el sentido simbólico y la base mística del mundo de Blake. Un esfuerzo interpretativo sostenido durante cuatro décadas en las que Kathleen Raine iluminó las claves espirituales y artísticas de una obra tan opaca y de tanta fuerza expresiva y en la que las luces y las sombras conviven con tanta naturalidad.

La relación entre ciencia e imaginación en Blake, el tiempo mitológico y la ciudad como tema en sus libros proféticos, la vinculación con el pensamiento de Swedenborg o la expresión del sufrimiento en sus ilustraciones son algunos de los temas que se tratan en estos ocho ensayos que abordan desde distintas perspectivas gráficas y literarias la obra del artista complejo que fue Blake, la convivencia en ella de lo oscuro y lo deslumbrante a la vez, de la inspiración y el caos, de lo disparatado y lo convencional, de un raro equilibrio, de una inusual coexistencia de lucidez y locura que recorre sus textos. 

“Para Blake –explica Kathleen Raine-, vivir según la Imaginación es el secreto de la vida.” Y la Imaginación, “la escalera por la que los ángeles ascienden y descienden eternamente.”

Por eso la obra de Blake, con su fusión de lo plástico y lo verbal, encuentra un espacio propio en el que se conjuntan la poesía y la pintura en el territorio común de la imagen, compartida por dos artes que Blake entiende, igual que las civilizaciones orientales, como una forma de meditación.  

Santos Domínguez

20 junio 2013

Eugenio Fuentes. Si mañana muero


Eugenio Fuentes.
Si mañana muero.
Tusquets. Barcelona, 2013.

Madrid, 17 de julio de 1936. Un comprador paga a un pintor mil pesetas –el doble de su valor inicial- por un cuadro de su primera exposición individual, una Maternidad en llamas a la que prende fuego nada más salir de la exposición. Rubén, el pintor novel y sorprendido, reacciona y quema en respuesta al agravio las mil pesetas. 

Con esa fuerza comienza Si mañana muero, la última novela de Eugenio Fuentes, que publica Tusquets. El torbellino que se desata en España al día siguiente con la sublevación militar arrastra al pintor, al lector y al resto de personajes en una trama con la que el novelista regresa al territorio de Breda en esta novela inolvidable.

Si mañana muero es la cima provisional de una trayectoria novelística creciente que acometía aquí su proyecto más ambicioso y por eso mismo no solo el más trabajado, sino el que más riesgos contenía. Da la impresión de que la obra de Eugenio Fuentes ha ido creciendo en técnica y en hondura en el trazado psicológico de los personajes, matizando su sintaxis, ganando en solvencia narrativa y en capacidad descriptiva del paisaje a la vez que maduraba esta historia.

Y seguramente ha considerado el novelista que este era el momento adecuado para culminar un proyecto que rondaba por su mente desde hace más de veinte años.

Y aunque el telón de fondo sea la guerra civil y la posguerra, esta no es una novela sobre aquel conflicto, ni una clasificación de buenos y malos. Es una novela sobre la dignidad en tiempos de cólera desatada que abarca quince años, de 1936 a 1951, una obra que mira, más que hacia el fondo de llamas y banderas que presagiaba el cuadro incendiado al comienzo de la novela, al interior de unos personajes complejos y muy matizados que son los verdaderos soportes de Si mañana muero.

Además de los abundantes personajes secundarios –como ese barbero frentepopulista que tiene el cuello de Franco bajo el filo de su navaja-, además de otras historias amorosas que funcionan como contrapunto de la trama central, además de un Franco en  persona que ha ido a cazar ciervos a Breda o de las cien vacas que cambian de bando y de hierro, los dos artistas, Rubén, el pintor, y Marta, intérprete de viola, son el eje de la novela: viven la guerra de cerca, sufren sus consecuencias y encuentran en el arte una forma de sobrevivir en ese paisaje de violencia desatada en contraste con personajes que viven anclados en un dolor insuperable, como Jerónimo de las Hoces, el terrateniente coleccionista de arte que quema aquella Maternidad que le perturba porque remueve su pasado.

Esta es una novela que, con sus ágiles cambios de perspectiva y de narrador, no da tregua al lector porque tampoco el autor ha permitido que se produzca el menor desaliento, la menor arritmia en su admirable y sostenido pulso narrativo.


Santos Domínguez

19 junio 2013

Ospina. La serpiente sin ojos



William Ospina. 
La serpiente sin ojos. 
Mondadori. Barcelona, 2013.

Detrás de las selvas cerradas había un reino de agua.  

A ese reino de agua lo llamaban los indígenas la serpiente sin ojos. Y los españoles, que manejaban otra mitología y creyeron ver en sus orillas a mujeres guerreras a caballo, lo llamaron Amazonas.

Allí llegó Pedro de Ursúa en busca de El Dorado en una segunda expedición amazónica, entre 1559 y 1561, en la que encontraría la muerte cuando la cólera de Lope de Aguirre -el déspota lleno de espadas y cuchillos, que controlaba por el terror los campamentos, siempre rodeado por su guardia siniestra- se sublevó contra la corona de Felipe II.

De esta segunda expedición trata La serpiente sin ojos, con la que William Ospina cierra una prodigiosa trilogía sobre la conquista que publica Mondadori, como las dos novelas anteriores, Ursúa y El país de la canela.

Quienes conocen la obra de Ospina saben que es seguramente el más interesante de los escritores latinoamericanos actuales, el equivalente de lo que representaron en sus mejores momentos García Márquez o Vargas Llosa, un escritor consciente de que, como él mismo ha explicado, no puede ignorar que está escribiendo después de Borges y de Rulfo, de Neruda y de García Márquez, y en la lengua riquísima que tenemos después de ellos para interrogar nuestro pasado y nuestro futuro.

Autor de una obra poética memorable en la que destacan El país del viento y ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?, ensayista lúcido y comprometido con la problemática realidad de su país y del continente, con títulos fundamentales como Las auroras de sangre, sobre Juan de Castellanos, y En busca de Bolívar, se internó en el terreno de la novela cuando ya era un poeta y ensayista reconocido.

Y lo hizo de forma espectacular en 2005, con Ursúa, la primera entrega de una trilogía sobre la conquista a la que siguieron El país de la canela y La serpiente sin ojos.

Si en la primera la guerra y en la segunda el viaje eran los ejes temáticos, en La serpiente sin ojos el centro de interés es el amor apasionado y destructivo por Inés de Atienza:

Para Inés se afanaban las nodrizas indias, para Inés tejían los tejedores, para Inés traían las llamas los cántaros con leche de vaca y los bultos de maíz y de trigo, y ante Inés se inclinaban las filas de indios sujetos en las encomiendas. Veían en ella el poder de los nuevos amos que ahora sometían la cordillera, pero también la dignidad y la imagen de los poderes que se habían desplomado con los truenos de Cajamarca. 

En conjunto, una trilogía que reúne a Homero y a Shakespeare, a los cronistas de Indias y a Cervantes en la construcción de una épica del fracaso y la desmesura, del asombro y la crueldad, de las selvas y la sangre, del viaje y la muerte, el cuento y el canto, la ambición y las cicatrices, la heroicidad y la locura.

Con una rara mezcla de crueldad y maravilla sobre cuyo equilibrio se sostiene el conjunto de la narración de aquellos delirantes excesos, Ospina corona una trilogía monumental y densa que exige una lectura tan lenta y asombrada como pudo ser la travesía de los intrincados laberintos americanos por aquellos aventureros febriles y violentos enloquecidos por la ambición y la naturaleza:

Venían de todas partes y cada uno tenía un pasado. ‘Yo nunca les pregunto por sus orígenes’, me dijo Ursúa en el astillero, ‘puedo presumir que todos guardan una historia turbia, pero aquí llegan buscando la oportunidad de ser valientes, de ser héroes y de ser ricos’. Lo cierto es que casi se veía en sus rostros que no sólo andaban buscando un futuro sino huyendo de recuerdos tortuosos, maquinando la mejor manera de vengarse de su propio pasado.

Una bajada a los infiernos de la violencia en una narración tan exuberante como la selva, tan torrencial como la corriente del Amazonas, que culmina la trilogía amazónica de William Ospina, un autor deslumbrante, heredero de los cronistas de Indias, de Carpentier o de García Márquez, maestros en transmitir su propio asombro al lector.

Santos Domínguez