22/6/09

Razón del mirlo


Miguel Veyrat.
Razón del mirlo.
Renacimiento. Sevilla, 2009.

Alta como el vuelo del mirlo al que convoca en el título y honda como su canto, la poesía de Miguel Veyrat da en Razón del mirlo, que publica Renacimiento, un nuevo motivo para leerle y para oír su canto confundido con el del pájaro que cantaba en Trakl o en Cernuda.

A una cita de Ocnos encomienda el poeta este libro: ¿qué puede importarle al mirlo la muerte?, como si ella con su flecha pesada y dura no pudiera pasarle, silba el pájaro alegre, libre de toda razón humana.

Y en torno a esa primera clave musical y metafórica -hay otras, recurrentes y circulares como los laberintos, el mar, la luz o el fuego-, Razón del mirlo desarrolla un amplio proceso de indagación poética y existencial en la que los poemas se articulan en seis apartados: desde los textos de Mapas y pecios, que trazan la hoja de ruta del itinerario, hasta La lengua de los pájaros, en donde un único poema corona de sentido e ilumina los textos de las otras secciones: el triunfo del amor sobre la muerte, de la luz sobre el tiempo en Sombras vacías y Sobre la tierra desnuda y la potencia de lo órfico en Dáimôn o Minuit.

Porque más allá de la invocación a Cernuda, Razón del mirlo pertenece a una tradición órfica que hunde sus raíces en el mundo clásico, en la mitología como expresión de la búsqueda de sentido, y se remonta a Rilke.

Identificada con el canto del mirlo, sin más razón que el canto mismo, y contra el fondo previsible de la noche, el tiempo y el laberinto, la palabra del poeta se levanta en vuelo y canto -alto y hondo, oscuro y luminoso- contra la muerte:

un mirlo canta -sin miedo a la muerte, su limitada transparencia.

Poemas del conocimiento, la rebeldía y la incertidumbre, escritos para conjurar la muerte o para disimular la noche, como la primera palabra de la adánica Lilith, madre de los poetas, para volver a una patria definitiva que no es Ítaca, sino un laberinto con un hilo roto de Ariadna /Adriana. Un laberinto que está hecho más de tiempo que de espacio:

Tu nombre
es estela -y lo borran

constantes el viento y las mareas.


Ante eso, los mapas sólo dibujan el territorio borroso de lo incierto, las fronteras contradictorias del mundo, la secuencia temporal de las mareas. Porque Razón del mirlo no es un libro de tierra, sino de aire y mar.

Un libro escrito como un grito de rebeldía frente al tiempo y a la nada para cambiar en himno la elegía, para afrontar el debate múltiple entre lo solar y lo lunar, el fuego y la nieve, la luz y la sombra, la vida y la muerte, la tierra y el aire, lo blanco y lo negro, el presente y el futuro y resolver ese conflicto en un amanecer del canto, en un vuelo abismado como el del pájaro.

En Razón del mirlo, tan abierto a las brumas atlánticas, a su luz, a sus vientos y a sus mareas, Miguel Veyrat ha escrito un libro de fuego y nieve donde el toreo, el amor o los ritos de paso y renacimiento de la Semana Santa se erigen triunfantes ante la muerte y arde la música del mirlo que en su canto bello, inmenso y carente de sentido ignora la muerte que le aguarda.

Y así también el poeta, con canto desgarrado y transparente como el del mirlo –un dios que va a morir y aún no lo sabe- escribe en Acantilado, uno de los textos centrales del libro:

El viaje no termina en estas playas mientras alguno
a quien amaste aguarde cara al viento —roto

de esperanza,

sobre otro acantilado.

Santos Domínguez