1/3/19

Andrés Sánchez Robayna. El libro, tras la duna


Andrés Sánchez Robayna.
El libro, tras la duna.
Prefacio de Yves Bonnefoy.
Sexto Piso. Madrid, 2019.



Ahora,
en la mañana oscura del desceñido octubre,
en que, umbroso y en calma, yace el mar
entregado a la pura aquiescencia del cielo,
al deslizarse de las nubes blancas
que un gris ya casi mineral golpea,
marmóreo, dilatado,
ahora,
mientras el tiempo gira 
a punto de ser siempre alumbramiento, 
sin dar a luz más que el instante cierto
y siempre tembloroso, 
y damos vueltas en su vientre ciego,
y entrega solamente 
un puñado de arena 
que vemos escurrirse entre las manos,
mientras un niño juega,
después de echar los dados, 
ahora,
sólo ahora,
el comienzo
comienza.

Es el primero de los setenta y siete fragmentos en los que se organiza El libro, tras la duna, un poema extenso y unitario que Andrés Sánchez Robayna escribió hace casi veinte años, entre el 15 de octubre de 2000 y el 29 de junio de 2001, y publicó en 2002.

Con el tiempo, la identidad y la memoria como ejes, acaba de aparecer en una nueva edición en la colección de poesía de Sexto Piso. 

“Esta nueva edición -explican los editores-, revisada y corregida por el autor, enriquecida con nuevas notas y fragmentos, es la edición definitiva de esta obra esencial que, en palabras de Juan Goytisolo, marca el renacer de la poesía en nuestra lengua.”

La abre un Prefacio de Yves Bonnefoy que concluye con estas palabras: “Sánchez Robayna nos ofrece un poema, nos incita también a cuestionarnos lo poético en este siglo, y esta doble aportación en una misma obra es, por sí sola, una prueba de su calidad, de su actualidad, de su importancia para nosotros.”

En un apéndice se añaden las anotaciones que hizo Andrés Sánchez Robayna en su Diario mientras escribía el poema, como explica el propio poeta en la nota previa, donde afirma que “estos versos sólo pudieron ser escritos en el preciso momento en que lo fueron, es decir, en una fase concreta de mi evolución, cuando la memoria, a una determinada edad, necesita de un modo u otro ordenar el pasado o el tiempo vivido con el fin de entenderlo, o de intentar entenderlo.”

En esas anotaciones el poeta aborda el libro que está escribiendo no sólo como “una autobiografía lírica bajo el ejemplo del Prelude de Worsdworth”, sino como “recomposición de un espejo roto”, el de la identidad, porque “la única autobiografía poética hoy posible (a diferencia de los tiempos de Worsdworth) es un conjunto de astillas.”

Con ese planteamiento, El libro, tras la duna es el testimonio de un itinerario vital, poético y espiritual hacia la luz que prefiguran algunos de los versos del Preludio de Wordsworth que encabezan la obra: “Nuestro destino /.../ está en el infinito y sólo en él.”

Es este un libro central en la trayectoria poética de Sánchez Robayna porque culmina el proceso de escritura previo y supone un nuevo comienzo y un regreso al origen, porque, como se lee en el segundo fragmento,

Todo comienzo es sólo un enlazarse / del principio y del fin en la cadena / del tiempo.

Por esa razón, en su diseño circular desde ese Ahora del presente del primer fragmento hasta los dos versos finales del libro en los que reaparece ese niño (El niño juega. Ruedan / los dados), los setenta y siete textos de El libro, tras la duna son una reordenación de fragmentos en busca de la memoria de la infancia y la adolescencia, en busca del sentido y de la identidad. 

Tiempo, espacio y ser son los componentes esenciales de esa reconstrucción de la identidad sobre los lugares de la memoria. Con el soporte simbólico de la duna como metáfora del tiempo y el libro como metáfora del mundo y de la vida, el poema tiene su núcleo central en el fragmento XXXV, donde aparece el verso que da título a la obra. Allí el protagonista del poema:

Verá arder
el tiempo en el crepúsculo espacioso
de una ciudad, al norte, escuchará
una canción de póstuma belleza,
viajará hasta las aguas estuosas,
y llorará, verá caer un pétalo
en la mañana oscura. En las arenas
verá su rastro. Y mirará las nubes. 
Verá formarse el libro, tras la duna.

Con una suma de la actitud rememorativa y la contemplativa para evocar el pasado y celebrar el presente, se cruzan en estos versos lo autobiográfico con lo cósmico, la escritura con la naturaleza, la luz y la sombra, el azar y el destino, el mal y el dolor o el amor y el deseo, para culminar en la serenidad que se impone a la angustia, en la búsqueda de la trascendencia frente a la temporalidad, como sucede al final del penúltimo fragmento: 

Blanda materia de tiniebla y nada, 
acógenos. Que el cielo remontado 
alce nuestra ceniza y que seamos 
una nube cernida sobre el mar. 

Las notas que el poeta incluye al final del libro resumen la integración de las fuentes literarias, las referencias plásticas y las influencias filosóficas que hacen de este poema un palimpsesto, una reescritura de la tradición moderna en la que se sustenta la poesía de Sánchez Robayna.

 Santos Domínguez