20/10/17

Ida Vitale. Poesía reunida


Ida Vitale.
Poesía reunida 
(1949-2015).
Edición de Aurelio Major.
Tusquets. Barcelona, 2017.

Palabras minuciosas, si te acuestas
te comunican sus preocupaciones.
Los árboles y el viento te argumentan
juntos diciéndote lo irrefutable
y hasta es posible que aparezca un grillo
que en medio del desvelo de tu noche
cante para indicarte tus errores.
Si cae un aguacero, va a decirte
cosas finas, que punzan y te dejan
el alma, ay, como un alfiletero.
Sólo abrirte a la música te salva:
ella, la necesaria, te remite
un poco menos árida a la almohada,
suave delfín dispuesto a acompañarte,
lejos de agobios y reconvenciones,
entre los raros mapas de la noche.
Juega a acertar las sílabas precisas
que suenen como notas, como gloria,
que acepte ella para que te acunen,
y suplan los destrozos de los días.

Ese poema de Ida Vitale, titulado Accidentes nocturnos, forma parte de la edición de su Poesía reunida  de la que se ha ocupado Aurelio Major en Tusquets.

Pertenece a la sección Penúltimos, que abre con doce poemas, aún no recogidos en un libro autónomo, una amplísima antología de la obra de la poeta uruguaya (Montevideo, 1923), ordenada cronológicamente en orden inverso: desde el minimalismo intenso de su libro más reciente, Mínimas de aguanieve (2015), hasta La luz de esta memoria, el primer título que publicó en 1949.  

Casi setenta años de escritura en un volumen imprescindible que resume su trayectoria poética en ese orden inverso desde el punto de vista cronológico que es el más lógico desde el punto de vista literario.

La de Ida Vitale es una trayectoria poética unitaria, marcada por la constante y aun creciente exigencia estilística, por la integración de tradición y vanguardia, de música y significado, de sensorialidad y meditación sobre el paso del tiempo.

Esas líneas de fuerza, o la presencia del pájaro y el árbol y la búsqueda de precisión verbal, recorren libros como Mella y criba, Trema,  Jardín de sílice, Oidor andante, Palabra dada o Reducción del infinito, un libro de 2002 que fue el primero que publicó en España y en el que incorporó como carta de presentación una muestra significativa de su trayectoria hasta entonces. Ya utilizaba allí ese criterio cronológico inverso usual en Ida Vitale desde que en 1986 recopiló su obra publicada en el volumen Sueños de la constancia.

Contemplación del mundo y búsqueda de sentido son claves sobre las que se basa su escritura, que resumió en este breve poema de Trema (2005):

Abrir palabra por palabra el páramo,
abrirnos y mirar hacia la significante abertura,
sufrir para labrar el sitio de la brasa,
luego extinguirla y mitigar la queja del quemado.

Meditación sobre el lenguaje y sobre la vida que se concreta en estos versos de Procura de lo invisible (1988):


La palabra infinito es infinita,
la palabra misterio es misteriosa.
Ambas son infinitas, misteriosas.
Sílaba a sílaba intentas convocarlas
sin que una luz anuncie su dominio,
una sombra señale a qué distancia de ellas  
está la opacidad en que te mueves.

Entre el asombro y el desengaño, con el canto del pájaro o la sucesión de las estaciones como fondo, de la larga trayectoria poética de Ida Vitale da cuenta un poema como este Llamada vida:

Ponerse al margen
asistir a un pan
cantar un himno

menoscabarse en vano
abrogar voluntades
refrendar cataclismos

acompañar la soledad
no negarse a las quimeras
remansarse en el tornado

ir de lo ceñido a lo vasto
desde lo opaco a la centella
de comisión al sueño libre

ofrecerse a lo parco del día
si morir una hora tras otra
volver a comenzar cada noche

volar de lo distinto a lo idéntico
admirar miradores y sótanos
infligirse penarse concernirse

estar en busca de alma diferida
preparar un milagro entre la sombra
y llamar vida a lo que sabe a muerte.

Santos Domínguez