29/2/16

Una relectura de Celan


Arnau Pons.
Celan, lector de Freud. 
Herder. Barcelona, 2016.

De una conferencia de Arnau Pons, poeta y traductor, en un ciclo sobre “El lenguaje ante lo insondable” surge el ensayo central de este Celan, lector de Freud  que publica Herder y en el que el autor aborda una lectura a contracorriente de la poesía de Paul Celan.

El filólogo Jean Bollack, una autoridad en la obra de Paul Celan, definió a Pons como “un maravilloso descifrador, atento y lúcido, de lo que el poeta ha escrito.” Y de esa perspicacia crítica deja cumplida muestra este libro al afrontar desde una nueva perspectiva la interpretación y el desciframiento de una poesía tan difícil como la de Celan.

Una poesía tan oscura que, como señala Pons, “se ha convertido en un lugar de confrontación entre diferentes corrientes hermenéuticas” y que plantea “la necesidad de abordar los poemas de Celan de modo diferente a lo habitual. Se trata de buscar la persona y entender su mensaje.”

Porque los de Celan son poemas esencialmente dialógicos en los que, señala Arnau Pons, se produce el desdoblamiento del sujeto poético en el yo del sujeto histórico y en el tú del sujeto lírico. La suma indisociable de esos dos elementos da lugar al nosotros en el que se funden lo analítico y lo poético. 

Por eso Celan concebía el poema como “un mensaje que se envía en una botella con la creencia -no siempre muy esperanzada, es cierto- de que en cualquier lugar y en cualquier momento pueda ser arrastrado hasta la orilla, tal vez la orilla del corazón.” 

“Hay que dejar –explica Arnau Pons- que los textos hablen por sí mismos, en lugar de proyectar en ellos las expectativas o las experiencias que uno tiene.” Y a esa concepción del poema responde la exigencia de un método hermenéutico que permita que el lector se deje ocupar por el poema, que debe invadir su corazón. 

Es la antítesis de la concepción habitual de la lectura que aborda el poema como un ámbito ocupable. Y a esa nueva luz se hace una relectura -una lectura a contracorriente- de cuatro textos de Celan: Francfort, septiembre; Torcida; ...Y tampoco ningún tipo, y Arroja el año solar. Cuatro textos con la huella del simbolismo psicoanalítico y con la herida del holocausto al fondo.

Al acometer una nueva interpretación y una relectura de la obra de Celan en el ámbito de otra lengua, inevitablemente se plantea una mirada a las traducciones. De hecho, además de hacer una evaluación muy crítica de la traducción de Reina Palazón, Pons propone una nueva traducción de cada uno de los cuatro poemas que analiza.  

Completa el volumen la reproducción del coloquio con los asistentes a la conferencia y el texto de una conversación de Arnau Pons con Jean Bollack sobre la manera de leer a Celan.

Santos Domínguez

26/2/16

Javier Sánchez Menéndez. El libro de los indolentes


Javier Sánchez Menéndez.
El libro de los indolentes
(Sobre la poesía).
Prólogo de Jesús Moreno Sanz. 
Plaza y Valdés Editores. Madrid, 2016.

Presentada por un prólogo de Jesús Moreno Sanz, aparece en Plaza y Valdés Editores una nueva edición de El libro de los indolentes, de Javier Sánchez Menéndez.

Un volumen que incorpora a las dos anteriores ediciones -El encuentro en Camarinal y Saúl, el ángel negro- un tercer capítulo, El vuelo, que comienza así:

De los indolentes aprendí que la poesía no se pone por el este ni sale por el oeste, que la poesía se escribe en todos los países, que ella se aprende universalmente (...). De los indolentes comencé a valorar el verso libre, a justificar la ética por encima de la estética.

Sigue hablando en estos cuarenta y ocho fragmentos nuevos el farero distante que reflexiona sobre la vida y la poesía, sobre la vida en la poesía, sobre la poesía en la vida, sobre ética y estética en unos textos atómicos e intensos de prosa sincopada y fragmentaria que viven en un territorio donde coexisten la alucinación y la lucidez.

No se trata de una poética en sentido estricto, ni de una propuesta basada en una lógica poética, sino de tanteos asistemáticos en la sombra a través de estos apuntes que a veces se instalan en la calma serena de un claro del bosque y otras veces tienen la agitación desatada de las aguas bravas de la costa atlántica.

Se trata de un peculiar ejercicio ascético en el que importa menos lo racional que las intuiciones, de un juego -en el sentido más serio de la palabra- de espejos para indagar sobre la vida, sobre el otro, sobre sí mismo y sobre las máscaras proteicas que se suceden en esas páginas. 

Porque aquí el yo se difumina y se desdobla en muchos y el sueño y la vigilia desdibujan sus fronteras visibles en un viaje de búsqueda hacia lo hondo y hacia lo alto; un viaje en el que -como Dante a Virgilio en su bajada a los infiernos- el autor elige a sus guías: Platón y Claudio Rodríguez, María Zambrano y los presocráticos, Hölderlin y Rilke, Parra y Juan Ramón.

Y es en esa elección de compañeros de viaje donde se perfila una línea poética que construye su propio territorio –el de la poesía como forma de conocimiento- no desde el ensayo, sino desde la poesía misma sobre los cimientos frágiles de lo incomprensible, lo inefable y lo contradictorio:

Los indolentes me ayudaron a comprender el origen del mundo, los errores y los misterios de todo aquello que un hombre busca en los años de su más insensata rigidez.
(...)
En la administración de la justicia radica la esencia de los indolentes, de la justicia poética y de la ética y la estética humana. Ambas circunstancias se unen de la mano para conseguir la veracidad, que es el ejercicio de la contradicción y el caos. Sin ella no existiríamos, ni seríamos, ni habría poesía entre los seres humanos.

Entrar en este libro –y sobre todo salir de él- supone para el lector asumir que se asoma al abismo de las galerías de la conciencia, a un confuso laberinto de espejos como el que recorrió Machado cuando llegó al límite de la sinceridad.

Santos Domínguez

24/2/16

De Orfeo a David Lynch


Fernando Broncano 
y David Hernández de la Fuente (eds.)
De Orfeo a David Lynch.
Escolar y Mayo. Madrid, 2015.

Del mito al logos, de lo mágico a lo simbólico y de la antigüedad clásica a la contemporaneidad en un proceso que abarca lo humanístico y lo tecnológico, la filosofía y la poesía, la música, la pintura o el cine.

Esos son algunos de los itinerarios que recorren los quince ensayos recogidos en el volumen De Orfeo a David Lynch que publican Escolar y Mayo Editores con la coordinación de Fernando Broncano y David Hernández de la Fuente.

Un volumen colectivo que reúne las ponencias de un curso celebrado en 2010 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid alrededor de la figura de Orfeo, “un héroe mítico –explican los editores en su Introducción- muy particular, quizá el más extraño de la antigua mitología griega, entre músico enamorado y mágico cantor, muy conocido por el amor a su mujer Eurídice, por la que cruzó la frontera del mundo de los muertos. (…) Pero, además, su figura es tal vez la que más ha inspirado a la posteridad como símbolo del creador y de su anhelo por perdurar en el amor y en la música (…) y ciertamente, triunfar de la muerte.”

Orfeo es el padre de la música y el fundador mítico de la poesía lírica, el que bajó a los infiernos y regresó frustrado de donde nadie vuelve, del mundo de los muertos, el artista que se cruza con la muerte y por un momento triunfa sobre ella y sobre el olvido.

Una figura que inspiró los cultos órficos y que recorre la historia del arte y de la cultura con la magia de su música y con su conflictiva relación con el amor y la muerte. Junto con Prometeo al que le vincula una semejante potencia trasgresora y una común y dolorosa conciencia de los límites, Orfeo es el más vivo de los mitos clásicos: tiene una presencia constante la cultura occidental y su presencia forma una parte esencial del imaginario artístico y amoroso de la historia del arte y la literatura.

Entre la poética, la mitología y la filosofía, Orfeo representa el poder de la armonía de la música y de la creatividad de la poesía para ordenar el mundo frente al caos. 

De la poesía de Ovidio a la ópera inaugural de Claudio Monteverdi, de los sonetos de Rilke al cine de Cocteau pasando por Víctor Hugo o la iconografía cristiana, autores como Carlos García Gual,  Fernando R. de la Flor, Pilar Pedraza o Alberto Ávila Salazar exploran, entre el ensayo y la ficción, la presencia de Orfeo -"el viudo en el laberinto” lo llama Pilar Pedraza en el rastreo minucioso de su huella- en la poesía española de los Siglos de oro, en la pintura, la escultura, el teatro, la música o el cine.

"El arte es el poder por el cual la noche se abre,” titula Hugo Castignani su análisis del mito de Orfeo el oscuro en Mauricio Blanchot antes de que cierre el libro un espléndido epílogo narrativo ("Damnatio ad Bestias") en el que Alberto Ávila Salazar evoca a través de Werner Herzog y David Lynch la presencia del orfismo en su cine. 

Un mito órfico que nos descubre que el infierno no es más que el pasado irreversible en el que Orfeo estuvo con Eurídice. Lo resumen con brillantez estas palabras de Fernando Broncano y David Hernández de la Fuente: “El infierno no es sino lo que fuimos. Lo sabe Orfeo.”

Santos Domínguez

23/2/16

Diario de una vida breve


Juan Manuel Silvela Sangro.
Diario de una vida breve.
Prólogo de José Muñoz Millanes.
Epílogo de Julián Marías.
Pre-Textos. Valencia, 2015.


¿Para qué estábamos todos ahí? ¿Para qué estábamos todos alrededor de algo? ¿Alrededor de una casa, de un coche, de un símbolo? ¿Para qué estábamos todos absurdamente distribuidos en esta fría mañana de otoño? ¿Para qué estaban los ministros, los académicos, los catedráticos, los estudiantes y los simples transeúntes? ¿Para qué tantas flores, tan inmensas coronas de dalias, tantos crisantemos, tanta rosa cubriendo aquel coche negro? ¿Qué hacía allí García Gómez mirando seriamente detrás de sus gafas, Ruiz Giménez moviéndose incesantemente de un lado para otro? ¿Garrigues, que imponía respeto por sí mismo, José María Entrecanales, que se acababa de fugar de la Escuela de Caminos, Peque Bustelo y Víctor Pradera? ¿Por qué tanta gente desconocida? ¿Para qué se aglutinaban tan heterogéneos individuos? ¿Para qué estábamos de pie en plena calle, juntos mi hermano y yo en esta mañana azul y soleada, pero terriblemente fría? Para que Ortega no tuviera frío.

Esa es una de las anotaciones más intensas del Diario de una vida breve, de Juan Manuel Silvela Sangro, que murió en París en 1965, meses antes de cumplir los 33 años. Dos años después, por iniciativa de su madre, se publicó este diario que recupera Pre-Textos con un prólogo de José Muñoz Millanes. 

En aquella edición de 1967, de la que esta no es exactamente una reedición, sino una selección, el prólogo -que aquí aparece como epílogo- lo firmaba Julián Marías, amigo de la familia, que aclaraba que este diario “es sumamente juvenil, durante varios años adolescente. Todo él está penetrado de una fragilidad, procedente, probablemente, de su conciencia de salud insegura, de amenaza permanente, que al coexistir con una ‘normalidad’ habitual tiene una repercusión biográfica y no biológica. Quiero decir: no es el diario de un enfermo, sino de alguien que vive con una impresión reforzada de incertidumbre. Una vida considerablemente cómoda, holgada, refinada, en última instancia feliz, pero suspendida, más allá de lo habitual, en el vacío sobre el que se cierne siempre toda existencia humana.”

A aquella primera caracterización añade esta otra en su prólogo Muñoz Millanes: “este es un diario donde la introspección y las conclusiones son secundarias, donde lo que más importa es la atención sorprendida, la curiosidad insaciable, el descubrimiento gozoso de los distintos aspectos de la vida entre la adolescencia y la primera juventud.” 

De esa curiosidad y de la situación privilegiada de aquel joven con inquietudes intelectuales, un señorito de la alta burguesía ilustrada madrileña de la posguerra, procede el valor testimonial que destacaba  Marías en su prólogo: “el diario en tono menor de Manolo Silvela, velado de grises, hecho de bondad y buena educación, muestra con mucha más fuerza que tantas novelas lo que ha sido Madrid –al menos, un fragmento de Madrid- desde 1949; y en él, yendo y viniendo, ensayando la vida, soñándola, esperándola, deseándola, temiéndola, desconfiando de ella, tratando de entenderla, gozándola siempre, un personaje atractivo, sincero, lleno de matices, generoso y por ello a última hora feliz.”

Los conciertos de música clásica, la pintura abstracta del grupo de Cuenca, la poesía de Vivanco o las greguerías de Ramón, la crónica del entierro de Ortega, una presencia constante y cercana en la vida de Silvela y en estas páginas en las que se resumen las actuaciones del filósofo en el cine Barceló, la relación con Julián Marías, que encauzó muchas de sus inquietudes intelectuales, la capacidad para evocar ambientes y escenarios no sólo refinados, también populares -tabernas y mercados, descampados y calles- son, en coexistencia con muchas anotaciones triviales  -Comimos en casa de mamá sin mamá. Me fui al fútbol-, lo más destacado de este diario.

Un diario de formación y aprendizaje que refleja, en sus propias palabras, cómo va  creciendo en criterio y pensar serio, el proceso de maduración intelectual y la educación sentimental de quien va tomando conciencia de la vida y de sí mismo entre la melancolía, la exaltación y la esperanza desde enero de 1949 hasta finales de 1958, cuando distintas frustraciones e insatisfacciones le empujaron a romper con el pasado y a interrumpir este diario para siempre. 

Santos Domínguez

22/2/16

Upton Sinclair. Entre dos mundos


Upton Sinclair.
Entre dos mundos.
Traducción de Pablo González-Nuevo.
Hoja de Lata. Gijón, 2015. 


Tras El fin del mundo, el título que inauguraba la serie Historia narradaHoja de Lata publica Entre dos mundos, que Upton Sinclair escribió a distancia suficiente de los hechos para tener perspectiva del telón de fondo panorámico en el que transcurre la peripecia de Lanny Budd.

La época de entreguerras, entre el Tratado de Versalles y el crack de Wall Street en 1929 es el periodo que abarca este novelón de casi mil páginas en el que la paz da lugar a la explosión vitalista de los felices años veinte y a la especulación con un dinero que parecía crecer en los árboles.

En aquel fin de época se estaba enterrando el mundo anterior a la Gran Guerra y se estaban poniendo los cimientos de los totalitarismos y el desastre económico.

Con el contrapunto sostenido de la acción novelesca y la crónica periodística, aquel sueño degeneró en pesadilla, en el despertar de la fiesta y en una mala resaca de la borrachera como en la canción que se evoca al final de estas páginas, cuando los nubarrones de la historia asoman ya en el horizonte: “Porque esta noche seremos felices, felices seremos / y mañana sobrios estaremos.”

Sinclair lo publicó en 1941, cuando ya había estallado la Segunda Guerra Mundial y podía preguntarse en el texto inicial: ¿Cuánto durará todo esto? No puedo precisarlo. Depende en gran medida de dos figuras públicas y bien conocidas ya: Hitler y Mussolini. ¿Qué serán capaces de hacerle a la humanidad y cómo responderá la humanidad ante dichos actos? Me resulta difícil creer que cualquiera de los dos se resigne a una muerte pacífica. Tan  solo espero sobrevivir a ambos para poder contarlo. Y, ocurra lo que ocurra, Lanny Budd estará lo suficientemente cerca como para contarlo.

Eso ocurriría al año siguiente, en Los dientes del dragón.

Santos Domínguez

20/2/16

Benítez Ariza. Nosotros los de entonces



José Manuel Benítez Ariza.
Nosotros los de entonces.
(Poesía amatoria 1984 2015)
La Isla de Siltolá. Colección Arrecifes. Sevilla 2015.

"Nosotros, los de entonces, / esos desconocidos", escribe José Manuel Benítez Ariza en uno de los últimos poemas de su antología de poesía amatoria que publica La Isla de Siltolá en su colección Arrecifes.

Una antología temática que reúne a lo largo de tres décadas de poesía una parte significativa de la obra de José Manuel Benítez Ariza, que señala en su introducción que “poesía amorosa” equivale simplemente a “poesía” y que "no hay poesía amorosa que no sea elegíaca.”

Y por eso ese título nerudiano que el autor ha elegido para recoger esta selección que incorpora un libro inédito, La intemperie, hasta completar un conjunto de sesenta poemas que reflejan la persistencia del tema amoroso en la poesía de Benítez Ariza, su matizada evolución de tono, enfoque y estilo.

Entre una Canción inicial – “Amor que acaricia el cuerpo / buscando tocar el alma” y la Canción final –“en ese espacio sin gente / hay sitio para los dos”- en el centro del libro el texto que le da título  resume desde el presente la nostalgia de otro tiempo: “Hoy es domingo y llueve. / Esta lluvia me trae nostalgia de la nieve.”

Santos Domínguez

19/2/16

José María Jurado. Gusanos de seda


José María Jurado García-Posada. 
Gusanos de seda.
JMJ. Badajoz, 2015.

Spiegel im Spiegel (Espejo en el espejo) es el título de una bellísima composición para piano y violín de Arvo Part que inspira uno de los poemas de este emocionante Gusanos de seda, de José María Jurado García-Posada

Esa imagen del espejo en el espejo es también una manera de resumir el núcleo de este libro sobrecogedor, tan atravesado por la muerte y por las sombras, que se lee con el corazón en un puño y con el pasmo admirativo que provoca –desde siempre, pero cada vez más- la poesía de José María Jurado. 

Entre dos fotografías –dos espejos- que anulan el tiempo con su disposición inversa, desde el presente a un pasado distante más de cuarenta años, lo que se cuenta aquí es un viaje interior por la memoria del padre y la ruta de la seda, que no es sólo la de los viajeros medievales, sino otra imagen en el espejo: el ciclo de la vida de los gusanos de seda -tan distintos de aquellos que describió el Baudelaire más macabro- que en su secuencia circular de capullos, mariposas, huevos y larvas se convierte también en cifra de la vida de los hombres. 

“Se canta lo que se pierde”, nos dejó dicho el maestro Antonio Machado, que en una de sus cimas, “Esta luz de Sevilla… Es el palacio / donde nací, con su rumor de fuente./ Mi padre, en su despacho...”— fijó la imagen joven de su padre en unos versos que hacen el milagro no sólo de parar el tiempo, sino de invertirlo ("ya vuelven de su ayer a su mañana...") y que cumplen exactamente la misma función de la última fotografía de este libro. 

Y ese tono machadiano con su luz de Sevilla, que es también la luz de la última fotografía en la que el padre levanta en brazos a su hijo, es el que recorre Águilas, 14 y su evocación de la casa familiar, la memoria de un pasado traído al presente por el milagro de la palabra:

Águilas, 14

[Sevilla]

Llueve sobre la casa de mi madre.
El agua descuartiza las paredes.
De pie, bajo la lluvia, ante el umbral contemplo
cómo pasan las sombras,
cómo pasan las sombras de las sombras,
a través de los siglos y los siglos.

Este solar,
que alguna vez fue huerta, cuadra,
horno de pan, taller de alfarería,
vio desfilar las águilas de Roma
y ya llevaba mil años habitado.
Desde aquel remotísimo fenicio
que atravesó la niebla y los pantanos
y cobijó sus sueños tras un muro
en el siglo, ¿cuál?, antes del tiempo.

En su recinto
hubo alegría y duelo;
en primavera, flores y, en el invierno, lumbre.
Engendrados y muertos en la casa
se sucedieron hombres y mujeres
bajo los alminares y los galeones
como las hojas de los árboles.

Acaso pudo dar refugio
a un soldado de Urbina
o alojar a una escuadra de dragones franceses,
y escuchó –esto es seguro-
las radiadas arengas de Queipo de Llano
(«y nadie se atrevía a asomarse a las ventanas»).

Sentados a la mesa cuatro niños
atienden a sus juegos.
Mi madre borda y canta,
junto al balcón su padre lee
y una luz cereal ilumina la estancia.
Es una tarde clara de verano.
La última. 

Pasajeros terrestres de la casa

Porque igual que a la infanta Margarita la salva Velázquez de la muerte –Pero a ti, Margarita / Velázquez te ha salvado de la muerte-, el arte sirve para hacernos la ilusión de que refutamos el tiempo, de que rescatamos de la muerte y del olvido ese coro de sombras que entona desde ningún lugar el oscuro estribillo de las pérdidas. 

¿Por qué estamos aquí? se pregunta el presente del poeta tras hacerse otra pregunta -ubi sunt?- que mira a un tiempo antiguo. Entre esos dos tiempos, los viejos arqueros de la muerte han tensado la sangre, pero el poeta mantiene viva la punta de fuego de su esperanza y aguarda la luz. 

La luz de Trafalgar, fijada para siempre en la mirada memoriosa del paisaje, la música y la pintura, en las palabras de la noche oscura de este libro, en ese viaje hacia Oriente –quizá también por eso haya aquí un naranjo chino- y hacia el origen a través de las ciudades de la memoria y del corazón: además de Sevilla, esa cervantina "Roma triunfante en ánimo y grandeza" que no ha perdido del todo su condición de centro del mundo, además de la ciudad gremial y mesetaria, monumental a cachos, un lugar que ya no tiene ni dos cines y medio, habitado desde tiempo inmemorial por fantasmas que han hecho de ella un tranquilo cementerio con calles amarillas, un café de Lisboa, una calle expresionista de Salzburgo, el mármol de la luna llena en Piazza Navona. 

Las palabras de este Gusanos de seda –que se nutre del recuerdo y la emoción, del cine y la literatura, de la pintura y la música- construyen una casa de la memoria que conjura todos los sentidos, un espacio-tiempo lleno de flores y de cuadros, de músicas y olores, de imágenes y de sonidos. 

Y de poemas memorables como Fin de curso, un texto esencial del libro, un conmovedor viaje hacia el presente del poeta adulto que mira las nieblas y las cruces o el sorprendente Let it be, camino de Emaús. 

Decía Nabokov, aquel escritor sabio en mariposas y experto ajedrecista, que la verdadera literatura se escribe y se lee con la médula. Si hubiera leído este libro, lo hubiera aportado como ejemplo. 

Porque este es un libro en el que cabe el mundo: la literatura y la música, la vida y la muerte; un libro en el que sobre todo cabe un hombre bueno y un poeta todavía mejor que lo corona con ese estallido final del último poema, que el lector sólo puede leer con el rabillo del ojo, porque quema como un bloque de hielo antártico.

Empezaba esta reseña donde quiero acabarla: evocando como una clave central la composición de Arvo Part, Espejo en el espejo, que tiene la textura tonal de los sueños, “esa borrosa patria de los muertos” de la que habló inolvidablemente Octavio Paz a propósito de sus reencuentros oníricos con el padre muerto.

Santos Domínguez

18/2/16

La noche de los muertos vivientes


John Russo.
La noche de los muertos vivientes.
Traducción de Hernán Sabaté.
Prólogo de George A. Romero.
Hermida Editores. Madrid, 2016.

¿Qué podríamos aprender de los muertos si éstos tuvieran los medios para regresar a nosotros? ¿Si volvieran de la muerte? ¿Serían amigos? ¿O enemigos? ¿Podríamos enfrentarnos a ellos, nosotros que..., nosotros que jamás hemos vencido nuestro temor a afrontar la muerte?, escribe John Russo en la primera secuencia narrativa de La noche de los muertos vivientes, que edita Hermida Editores en su colección La Caja de Pandora.

Russo la publicó como novela en 1974, con prólogo de George A. Romero, que había dirigido la película seis años antes e intervenido junto con él en un guión inspirado en Soy leyenda, de Richard Matheson.

La transcendencia de la película está fuera de duda. La noche de los muertos vivientes inauguró un nuevo género, el de los zombies, cuyas secuelas más recientes llegan a The Walking Dead; elevó el nivel de una película de serie B hasta la categoría de clásico, y sobre todo actualizó el terror trasladándolo de los ambientes góticos o expresionistas europeos al presente norteamericano. 

Se pasaba así de Transilvania a Pensilvania, de la capa del vampiro al zombie en albornoz, del vuelo de los murciélagos a un fondo sonoro de grillos en el campo, alrededor de una granja abandonada donde siete personajes resisten la invasión de los muertos vivientes –esas cosas- , un ejército de resucitados caníbales que asesinan en masa y provocan primero la perplejidad y luego el caos en el tercio este del país.

Narrada con frialdad distante y rodada casi como un documental, asoma en su trasfondo -y ahora, con la perspectiva de los años se ve mejor que entonces- el panorama problemático de la sociedad estadounidense de los 60: los conflictos raciales, los cambios de modelo familiar, la prevención ante las masas o la ineficacia de la administración para proteger la seguridad de los individuos. 

Santos Domínguez

17/2/16

Arriva Italia



Marcos Pereda.
Arriva Italia.
Popum Books. Santander, 2015.

“La historia del toreo – afirmaba Ortega y Gasset- está ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera resultará imposible comprender la segunda.” Sin ir tan lejos, Jovellanos también había observado dos siglos antes el reflejo de la situación política y social de España en los espectáculos y las diversiones públicas.

De un punto de partida parecido arranca Marcos Pereda en este Arriva Italia que publica Popum Books. Subtitulado significativamente Gloria y miseria de la nación que soñó ciclismo, propone un recorrido por la historia de Italia, una historia en bicicleta, a través de su ciclismo en tres décadas del siglo XX -los treinta, los cuarenta, los cincuenta- a través de la estaticidad mayestática de un Coppi, de la agonía extrema de un Magni, de la grandilocuencia en la forma y en el fondo de un Bartali.

Porque, como explica su autor, este libro construye el relato de tres personas y un país que estaba contenido en ellas, que comprendía a millones como ellas. Es la historia de Gino Bartali, el Vecchio Gino, Gino el Piadoso, el hombre católico, ferviente, el que pedaleaba heroísmo, el que exudaba tenacidad. Es la historia de Fausto Coppi, la clase, la elegancia, la entrega absoluta del aficionado, el mito, la leyenda, el mártir. Es la historia de Fiorenzo Magni, el del pasado oscuro, el de los secretos a medio decir, el de las victorias tristes, el de la derrotas gozosas. 
Es, claro, y sobre todo, el relato de un país, de todo un país, que se pensó a sí mismo a partir de la bicicleta en el momento más delicado de su existencia. Es la historia de Italia en los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo XX. Es fascismo, es Guerra Mundial, es nazis, bombardeos, Solución Final, cuerpos en las cunetas y devastación, sí, pero también la historia de adversarios abrazándose, de actos de valentía inmensa, de lucha frente a la sombra, de pecado y redención. Es la historia de todos los italianos, de tres de ellos, de todos ellos.

Una historia que va más allá del deporte para indagar en la construcción de un imaginario patriótico a partir de tres ciclistas elevados a la categoría de héroes populares, semejantes a los que en la épica clásica o medieval se convertían en referentes simbólicos de una nación: el potente Bartali, el antifascista al que quiso rentabilizar el fascismo y del que acabó renegando Mussolini; el elegante Coppi, un personaje a medio camino entre la Iliada y la Odisea, entre Aquiles y Ulises cuando lo moviliza el ejército en la Segunda Guerra Mundial, una leyenda que acaba siendo el símbolo de la Italia de la posguerra, y Magni, un ciclista enigmático y misterioso, inteligente y tosco sobre la bicicleta, en la que llevaba ocultos mensajes de la resistencia antifascista.

Así resume su libro Marcos Pereda: 

Es una Historia en bicicleta, nada más y nada menos. 
La de un país que imagina sus campeones para no recordar sus desdichas. Que vibra con sus mitos para celebrar su vigor. 
Es la historia de Italia, del Giro, de Bianchi, de Bartali, de Legnano, de Coppi, de la Wilier, de Cottur, de Binda, de Bottecchia, de Magni, del Stelvio, del Pordoi, de los tiffosi, de Monte Cassino, de Trento, Trieste y Corvara, la de Alcide, la de los Goldenberg, y Togliatti, la de Mussolini o Skorzeny. Es la historia de Pavese y Moravia, de Buzzati y Calvino, pero también la de Pasolini, la de Visconti, la de Baricco y la de Fellini. Todas esas historias. 
Nada más que esas historias. 
Silencio. 
Arriva Italia.

Santos Domínguez

16/2/16

Joan Margarit. Ensayos sobre poesía



Joan Margarit. 
Un mal poema ensucia el mundo.
Ensayos sobre poesía, 1988-2014.
Selección y prólogo de Jordi Gracia.
Arpa Editores. Barcelona, 2016.

Cantamos al propio misterio. Queda por decidir desde dónde cantar, y esa es la búsqueda que cada poeta realiza a su manera. En esto consiste el estilo, la voz propia, esa voz que hay que encontrar si se quiere ser escuchado. El lugar desde el cual yo lo intento es un lugar en el tiempo. Es el instante durante el cual se conecta el mundo con el sentimiento. El instante del fogonazo, cuando se ilumina lo que es opaco y oscuro. Intento ejercer una inteligencia sentimental a través de la poesía, a la cual no pienso que le quede más característica para identificarse respecto de la prosa que la concisión y la exactitud. Es la más exacta de las letras en el mismo sentido que las matemáticas son la más exacta de las ciencias. Y si se trata de un mal poema, ensuciará el mundo, como una bolsa de basura dejada en medio de la calle. Porque un mal poema no es neutral, sino que contribuye a ensuciar, a desordenar el mundo, igual que un buen poema contribuye de algún modo al orden y la higiene del mundo, escribe Joan Margarit en uno de los textos que forman parte de Un mal poema ensucia el mundo, una reunión de sus ensayos sobre poesía que publica la nueva editorial Arpa.

Con selección y prólogo de Jordi Gracia, se recopilan en este volumen una serie de ensayos dispersos en los que Margarit reflexiona sobre la poesía desde dos orillas, la del autor y la del lector, que  tiene más que ver -haciendo un paralelismo con la música- con el intérprete que con los que se han de limitar a escuchar un concierto. Por esto hay tan pocos lectores de poesía, y por esto son tan fieles. Los que han hecho el esfuerzo de aprender a interpretar un poema, de aprender a escuchar el orden fundamental de las palabras, han accedido a un mundo al cual difícilmente renunciarán.

Con la precisión de su prosa y a través de la lucidez de sus reflexiones sobre la escritura y la lectura, sobre el amor y la muerte, el tiempo y la memoria, la historia o la ciudad, que son también ejes fundamentales de su obra poética, se concreta en estos ensayos breves el Margarit ensayista que hay detrás de sus poemas, el que escribe que la poesía es una herramienta para gestionar el dolor y la felicidad y, sobre todo sus vertientes más domésticas, la tristeza y la alegría, una gestión de la que depende lo que se guarda de la vida pasada o que la memoria es el lugar donde he buscado mis poemas.

Son ensayos anclados en la subjetividad y en la libertad de la reflexión,  porque como señala Jordi Gracia en su prólogo –La conquista de la libertad- “sin yo y sin libertad no hay ensayo literario.” 

Provistos de “la luminosidad y hasta la contundente naturalidad” con que los caracteriza el editor y organizados en cuatro secciones,  la primera –Un viaje poético- contiene artículos, prólogos y epílogos de Margarit sobre libros propios como Joana, Cálculo de estructuras o Casa de Misericordia y sobre autores como Thomas Hardy o Gabriel Ferrater, con abundantes reflexiones y revelaciones sobre la manera de escribir sus poemas y su manera de leer los de los otros.

La segunda parte –Las razones de los poemas- reúne un conjunto de notas que utiliza el autor para presentar sus poemas más significativos en una lectura comentada, mientras que la tercera sección recoge las Nuevas cartas a un joven poeta que aparecieron en un volumen exento en 2009. Este es quizá el núcleo de la reflexión teórica de Joan Margarit sobre el fenómeno poético, la tradición y la inspiración, la poesía y el amor o la poesía y la soledad, desde la perspectiva doble y privilegiada del escritor consciente y del lector excepcional de poesía.

Finalmente, la cuarta parte –Poesía y otras ciencias- recoge cuatro conferencias que exploran las relaciones entre  la poesía y las matemáticas, la palabra y la arquitectura o el poema y el misterio.

Un conjunto de textos que iluminan la obra y resumen la poética de Joan Margarit y su concepción de la escritura -Un poema ha de decir justo lo que necesita (la mayor parte de las veces sin saberlo) su lector o lectora-  y su reivindicación del papel decisivo del lector:

Me siento encerrado, no dentro de una casa, sino dentro de cada uno de estos lectores, imprescindibles, porque los poemas no existen sin ellos. Dentro de nosotros, en el lugar donde somos más solitarios, hay unos poemas y una música cerca de una chimenea encendida que sólo se apagará con la muerte. Mientras tanto, en medio del hielo y la niebla, rodeado por la inclemencia de la intemperie, este amparo siempre nos está esperando.

Porque entender un poema es un proceso de entrada y salida de una caja negra y no hay nadie más difícil engañar que los lectores de poesía.

Santos Domínguez

15/2/16

Gonzalo Calcedo. Las inglesas


Gonzalo Calcedo.
Las inglesas.
Menoscuarto. Palencia, 2015.

Deseo de ser piel roja se titula un conocido relato de Kafka. Mucho más modesto es el deseo de ser inglesas que une a la narradora y a su amiga Sandra, compañera de instituto, en el cuento que cierra y da título al volumen Las inglesas, que reúne nueve relatos de Gonzalo Calcedo en la colección Reloj de arena de la editorial Menoscuarto.

En ese último relato, que arranca del efecto que produce en dos muchachas la deslumbrante libertad de costumbres e indumentaria de unas jóvenes inglesas de vacaciones en un pueblo costero, se resumen algunas de las claves temáticas y técnicas de un conjunto que tiene como eje de referencia los ritos de paso del mundo adolescente.

Los nueve relatos del libro están narrados en primera persona por muchachos o muchachas de instituto que experimentan un conflictivo proceso de crecimiento personal en el que lo que empieza como un juego de afirmación de la identidad acaba trágicamente en medio de un mundo hostil.

Con finales abiertos o cerrados, con situaciones muy variadas, a esos narradores subjetivos los unen unas circunstancias y unos impulsos parecidos: su voluntad de huida entre el miedo y las indecisiones, el peso del entorno familiar, la rebeldía y el ansia de libertad, el descubrimiento del sexo y de la muerte, la construcción de la personalidad propia y una cierta sensación de desamparo y soledad.

Junto con el primero –Tesoros-  y el que ocupa el lugar central -Lo que tuvimos- ese cuento final constituye la columna vertebral de un libro que vuelve a confirmar la solvencia narrativa de Calcedo, la agilidad de su prosa eficaz y la fuerza convincente de sus diálogos vivos. 

Santos Domínguez

12/2/16

André Breton. Pleamargen


André Breton.
Pleamargen. 
Poesía 1940-1948.  
Edición bilingüe de Xoán Abeleira.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2016.

El amor, la poesía, el arte: sólo con estas fuerzas podrá la humanidad recobrar la confianza. Y, solo impulsado por ellas, podrá el pensamiento humano alzar velas de nuevo, escribe André Breton en Arcano 17, un deslumbrante texto en prosa que es el resumen cifrado y la cima literaria de su obra.

Es uno de los títulos recogidos en el volumen Pleamargen, que publica Galaxia Gutenberg con edición bilingüe de Xoán Abeleira.

Ese texto está inspirado en el arcano 17 del tarot, “La Estrella”, que representa el renacer a la luz, la eterna juventud y la esperanza en la renovación a través de la figura de una joven que vacía el contenido de dos jarrones -uno sobre el agua, otro sobre la tierra- bajo un cielo presidido por una gran estrella rodeada de otras siete de menor tamaño.

Estaba acabando la Segunda Guerra Mundial y a la vez se estaba produciendo en Breton una resurrección personal, una nueva etapa en su vida amorosa con la que sería su tercera mujer, Elisa Bindhoff. En ese contexto de renovación histórica y vital escribió Arcano 17 en Canadá entre el 20 de agosto y el 20 de octubre de 1944, cuando creía haber accedido a un nivel superior de conciencia a través del esoterismo y del viaje interior, aquel vertiginoso descenso al interior de nosotros mismos que defendía en el Segundo manifiesto superrealista de 1929.

Era un renacer a la luz que no puede conocerse más que por tres vías: la poesía, la libertad y el amor, los cuales deben inspirar el mismo fervor y convergir en el punto menos expuesto y más iluminable del corazón humano para formar así la copa de la eterna juventud.

Con esa reivindicación de la esperanza se cierra “el más complejo y mejor acabado de los textos mayores del superrealismo” en palabras de René Alleau en el catálogo de la exposición que le dedicó a Breton el Centro Pompidou de París en 1991.

En palabras de Abeleira, “dar por sentado que la vida, la obra y el pensamiento multidireccional de un poeta como Breton caben en un solo libro es seguramente injusto. Pero quien conozca, aunque sea someramente, esa vida, esa obra y ese pensamiento, se percata enseguida, al leer Arcano 17, de que este es, en muy buena medida, la quintaesencia de su inapreciable legado.” 

Es la culminación de su trayectoria literaria, una síntesis que amalgama las claves poéticas de la cosmovisión bretoniana, construida con analogías e imágenes que son el resultado, más que de la escritura automática, de la suma de dos métodos: la asociación libre y la imaginación activa que Jung consideraba la vía de comunicación de la vigilia con lo inconsciente.

Cuando se cumple medio siglo de su muerte, este volumen reúne la poesía de madurez de Breton entre 1940 y 1948, años agitados de exilio de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, pero de una intensa fecundidad creativa que se refleja en estas páginas.

Las claves poéticas y temáticas, conceptuales y de método del superrealismo las explica detalladamente Xoán Abeleira en un espléndido estudio introductorio –Un grito fulgurante del espíritu- que recorre temas como el sueño, el amor o la libertad, técnicas como la analogía o la escritura automática y el carácter visionario de esta poesía.

Un carácter visionario que une todo este conjunto del que forman parte también Pleamargen y su defensa de la libertad en un contexto de auge de los totalitarismos; Fata Morgana, donde conviven el amor y el mito; la esperanza en una nueva situación política mundial de Los Estados Generales o la perturbadora épica de la Oda a Charles Fourier, su último gran poema.

Cierra el volumen un capítulo final, amplio e imprescindible, con 150 páginas de comentarios y notas que iluminan una obra tan potente, pero a la vez tan oscura y tan necesitada de aclaraciones. 

Santos Domínguez


10/2/16

Luis Goytisolo. Antagonía


Luis Goytisolo.
Antagonía.
Edición, prólogo y notas de Carlos Javier García.
Epílogo de Gonzalo Sobejano.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2016.

En un libro de  formato amplio, mayor de lo habitual en esta colección en tamaño y en volumen, Cátedra Letras Hispánicas publica una edición crítica monumental de un monumento literario: Antagonía, de Luis Goytisolo, con edición, prólogo y notas de Carlos Javier García y epílogo de Gonzalo Sobejano –“Antagonía, gran teatro del mundo.” 

Recuento (1973), Los verdes de mayo hasta el mar (1976), La cólera de Aquiles (1979) y Teoría del conocimiento (1981), son los títulos de las cuatro partes relativamente autónomas en que se articula una novela única, Antagonía, que se reunió por primera vez en un voluminoso tomo en 2012.

Reconocida como una de las cumbres de la narrativa española contemporánea, Antagonía es un irrepetible edificio novelístico con el que Luis Goytisolo construye la trama del conocimiento a la que se refiere Carlos Javier García en su prólogo: una autobiografía intelectual, un retrato generacional y un monumento literario que desmitifica la historia reciente y reflexiona sobre la escritura, la lectura y el pensamiento a partir de un eje de referencia: el protagonista, Raúl Ferrer Garminde, un novelista en el que no es difícil reconocer al propio Luis Goytisolo.

En esa articulación Recuento es, con Barcelona como espacio narrativo, el cimiento y el referente del resto del ciclo, la memoria crítica del franquismo y los antifranquistas trazada desde la ironía del desencanto, un retrato sarcástico de la burguesía barcelonesa y una novela generacional.

Luis Goytisolo ha explicado que si Recuento es la biografía de un hombre, Los verdes de mayo hasta el mar reflejan la vida cotidiana y la experiencia literaria de ese hombre convertido ya en escritor, mientras que la tercera parte, La cólera de Aquiles, lo muestra desde la perspectiva externa de una antigua amante que era también su prima lejana. Y  finalmente Teoría del conocimiento es no sólo el cierre de la tetralogía, sino una integración que reúne en la novela de ese título, escrita por el protagonista Raúl Ferrer, las experiencias personales de Recuento, la experiencia literaria de Los verdes… y los elementos aportados por la perspectiva exterior de La cólera de Aquiles.

Así lo resumía años después el propio Goytisolo, cuando explicaba que Antagonía "funciona como una unidad que se estructura en cuatro partes. La primera de ellas, Recuento, corresponde a la vida del autor desde sus primeros balbuceos hasta el momento mismo en el que decide escribir, mientras que la segunda, Los verdes de mayo hasta el mar, lo retrata en pleno trabajo, de forma que se entremezcla lo que escribe con lo que le acontece. El punto de vista de La cólera de Aquiles, la tercera parte, es distinto: el autor es visto desde fuera, como la tierra desde la luna, transformado en el personaje de la novela de una prima suya. Y la cuarta, Teoría del conocimiento, es la obra escrita por aquel niño que balbuceaba en las primeras páginas."

Y además de todo eso, Antagonía, resultado de veinte años de escritura, es una reflexión sobre la literatura, un juego de espejos que se proyectan en la alternancia de narradores y en los cambios estilísticos, en lo vivido y lo escrito, en lo pensado y lo imaginado. 

Un juego de espejos que tiene su referente pictórico en Las Meninas, como destaca Carlos Javier García en el espléndido estudio introductorio sobre las claves argumentales y estructurales del libro. Y, como Velázquez en el cuadro, Luis Goytisolo participa en ese juego de espejos analizando su propio estilo, con personaje interpuesto, en estas líneas de Teoría del conocimiento:

en lo que se refiere al estilo, no es difícil descubrir la huella de Luis Goytisolo: esas largas series de períodos, por ejemplo, esas comparaciones que comienzan con un homérico así como, para acabar empalmando con un así, de modo semejante, no sin antes intercalar nuevas metáforas encabalgadas, metáforas secundarias que más que centrar y precisar la comparación inicial, la expanden y hasta la invierten en sus términos, no sin antes sentar las bases de nuevas asociaciones subordinadas, no sin antes establecer nuevas relaciones de concepto no más afines entre sí, y nuevas asociaciones de apariencia no menos coloidal, que el mercurio y el azufre que mezclan los alquimistas.

Como un “ciclo catedralicio” define Gonzalo Sobejano en su epílogo esta ambiciosa empresa narrativa, una obra fundamental de la novelística española contemporánea por su renovación de forma y contenido, de técnica y enfoque sobre el telón de fondo de la España del último medio siglo. 

Construcción, lenguaje y estructura que son las vigas de carga de un edificio verbal levantado sobre la conciencia de la escritura y la lectura como forma de descubrimiento de la realidad y como método de conocimiento de sí mismo por parte del escritor y del lector.

Un clásico que ocupa ya con esta magnífica edición su lugar entre los clásicos.

Santos Domínguez

9/2/16

Gustav Mahler. Un piano olvidado


Norma Sturniolo.
Gustav Mahler. 
Un piano olvidado.
Paladares de Cordelia. Madrid, 2015.

El 18 de mayo de 2011 fue un jueves tormentoso en Viena. En la Ópera se representaba con éxito la Elektra de Strauss y aquella noche, a las once y cinco, moría Gustav Mahler. Le faltaba poco más de un mes para cumplir 51 años y sobre su tumba sólo quería una lápida con su nombre. Sin más. "El que venga a verme sabrá quién fui –decía-. Y el resto no necesita saberlo."

Sabía que su tiempo era el futuro. Y lo vuelve a confirmar un libro como este Gustav Mahler. Un piano olvidado, que publica Norma Sturniolo en Reino de Cordelia.

Un libro primorosamente editado, iluminado con abundantes ilustraciones y rematado con la esquemática biografía esencial de un músico imprescindible, autor de una obra que probablemente es la más significativa e influyente de la música contemporánea.

Un libro que -señala su autora- no es un ensayo ni una biografía. La escritura de lo que viene a continuación empezó como un juego o quizás tuvo que ver con un sentimiento de gratitud. El origen remoto está en la escucha de las composiciones de Gustav Mahler, en la posterior lectura de libros sobre la creación mahleriana y, principalmente, en la lectura apasionada de biografías sobre el compositor.

Un acercamiento breve e intenso a las experiencias infantiles de Mahler que da respuesta a preguntas como estas, que enumera Norma Sturniolo en su prólogo: ¿Cómo fue su infancia? ¿Cómo era la sociedad en la que le tocó vivir? ¿Quiénes fueron sus padres, sus familiares, sus amigos? ¿Quiénes lo ayudaron en el desarrollo de su labor creativa y quiénes le pusieron obstáculos? ¿Quiénes fueron sus amigos? ¿Qué artistas influyeron en él?

Preguntas que tienen su raíz en esta otra: ¿Por qué Mahler me acompaña de una forma especial? y a las que responden estas páginas que recorren una serie de momentos cruciales de la infancia del músico, como el episodio del piano olvidado en un desván que da título al libro, y que marcaron su vida adulta: los desfiles de las bandas militares que impresionaron su niñez en Iglau, los cuentos infantiles de hadas, su relación con la naturaleza, el recuerdo de las canciones campesinas, un pequeño acordeón, las clases de piano o las tardes de lluvia.

A través de ciertos momentos de su infancia [que] se grabaron a fuego en mi memoria, explica Norma Sturniolo que Un piano olvidado es su manera de agradecer al héroe vulnerable y por eso humano que fue Mahler, su música fraternal.

Una música que es el producto de una vida en la que convivieron las luces y las sombras, la alegría y la tristeza en un claroscuro del que surge la parte más significativa de su obra desde que en su juventud en Praga decidió transformar en música la alegría y el dolor.

Santos Domínguez

8/2/16

En lo alto de la torre



Albert Robida.
En lo alto de la torre.
Traducción de Julián Gea.
Ardicia. Madrid, 2015.

Ardicia publica, con traducción de Julián Gea, En lo alto de la torre (1895), una novela corta del francés Albert Robida (1848-1926), junto con Verne el más significativo autor de literatura de anticipación fantástica.

Visionario e imaginativo, previó en su obra los medios de transporte y comunicación del futuro, pantallas murales que emitían noticias ininterrumpidamente y permitían algo parecido a una videoconferencia o los problemas medioambientales que ocasionaría el progreso.

A la vez fábula y parábola, En lo alto de la torre se desarrolla en Flyssemugue, donde Narcisse Gurdebeke obtiene el puesto de vigilante de la torre del ayuntamiento, encargado del carillón de la iglesia, director de la banda municipal y archivero.

Ejercerá ese empleo cuarenta y cinco años y vive con su mujer y sus siete hijos en una torre de seis pisos separada del suelo por cuatrocientos veinticinco escalones que no invitan a bajarlos y subirlos a diario. 

En la torre, a ochenta metros del suelo, en busca de autosuficiencia y de contacto con la naturaleza, construirá jardines colgantes y un huerto, mantendrá una granja elevada y fabricará un arroyo en lo alto. Y ahí empezarán a surgir algunos problemas.

Santos Domínguez

5/2/16

Por la carretera de Sintra


Por la carretera de Sintra.
Antología de poesía portuguesa contemporánea.
Edición y traducción de Marta López Vilar. 
La Lucerna. Palma de Mallorca, 2015.

Bajo ese título que homenajea a Pessoa en uno de sus textos más conocidos ha reunido Marta López Vilar una espléndida antología de poesía portuguesa contemporánea que publica Ediciones La Lucerna

Traductora de poesía en catalán, griego y portugués, Marta López Vilar es también una admirable poeta, lo que inevitable y felizmente se refleja en la calidad de su trabajo como traductora, del que dejamos constancia en la reseña de su modélica traducción de las Elegías de Bierville de Carles Riba.

Y en ese mismo nivel de brillantez se sitúa esta antología de poesía portuguesa, una selección amplia y significativa que recoge cinco muestras de cada uno de los veintiún poetas antologados. De António Ramos Rosa a Catarina Nunes de Almeida pasando por Nuno Judice o Fernando Pinto do Amaral, una selección planteada con la voluntad de reflejar -indica la traductora en su prólogo- “qué poesía se hace ahora en Portugal a manos de poetas que han cruzado el umbral del siglo XXI y que no han gozado de suficientes traducciones al castellano (algunos no han sido nunca traducidos).” 

Una multiplicidad de voces que dibujan un variado panorama de conjunto, porque lo que buscaba la antología es “que el tono del libro fuera heterogéneo, que fuera una fotografía clara de la poesía portuguesa contemporánea.” 

Un panorama amplio que se traza con la palabra viva que late en estos textos en los que conviven la búsqueda y el silencio, la vida y la pérdida, el cuerpo y el paisaje, el amor y la memoria, la luz y el tiempo, la noche y la escritura, como en un memorable texto de Ruy Ventura, o el mar de este espléndido Agosto de Fernando Pinto do Amaral:

En tardes como ésta el mar es una 
bendición, 
el gesto azul de un dios, 
la memoria de un tiempo sin tiempo. 

En tardes como ésta cada instante 
sabe a eternidad 
y el horizonte, este horizonte 
es una señal de lo que aún puede ser 
eso a lo que llaman la belleza: 
una ola que nace mientras otra 
muere deshecha en espuma 
llevando nuestro miedo tras de sí, 
nuestra esperanza demasiado humana, 
el pacto que sellamos y rompimos 
con los sueños más antiguos, los que un día 
fueron sólo nuestros 
y son ahora del mar, sin nombre ni 
destino, 
cosas que van y fingen regresar 
y ya no nos pertenecen.

Santos Domínguez

4/2/16

El huésped


Marie Belloc Lowndes.
El huésped.
Traducción de Susana Carral.
Menoscuarto. Palencia, 2015.

Bajo la niebla de un Londres aterrorizado por los crímenes de Jack el Destripador –el Vengador en la novela- transcurre El huésped, una novela que Marie Belloc Lowndes publicó en 1913.

El sostenido suspense del relato, a caballo entre la novela de terror y la de detectives, explica que sirviera de base a la primera película de Hitchcock, una cinta muda de 1927 que el director tituló como la novela -aquí se tradujo absurdamente como El enemigo de las rubias- y subtituló Una historia de la niebla de Londres.

Hasta cuatro películas más –la última, Misterioso inquilino, de David Ondaatje- se han basado en la fuerza de esta intriga envolvente en la que se combinan el desasosiego y el desconcierto, la sospecha y el pánico psicológico, la apariencia y la culpa en torno al excéntrico señor Sleuth, el huésped afable y discreto que se instala sin equipaje en casa de los Bunting.

Con una nueva traducción de Susana Carral la recupera Menoscuarto en su colección Cuadrante nueve.

Santos Domínguez

3/2/16

Stephen Greenblatt. El espejo de un hombre



Stephen Greenblatt.
El espejo de un hombre.
Vida, obra y época de William Shakespeare.
Traducción de Teófilo de Lozoya 
y Juan Rabasseda.
Debolsillo. Barcelona, 2016.


Un joven de una pequeña ciudad de provincias —un hombre sin fortuna personal, sin contactos familiares importantes y sin educación universitaria— se traslada a Londres a finales de la década de 1580 y, en un tiempo considerablemente breve, se convierte en el mejor dramaturgo no tan solo de su época, sino de todos los tiempos. Sus obras causan sensación entre los individuos cultos y los analfabetos, entre el sofisticado público urbano y las gentes de provincias que asisten por primera vez a una representación teatral. Consigue que el público ría y llore; convierte la política en poesía; combina arriesgadamente la payasada vulgar y la sutileza filosófica. Sabe adentrarse con la misma penetración tanto en la vida privada de los reyes como en la de los mendigos; en un momento dado parece haber estudiado derecho, en otro teología, en otro historia antigua, y tiene al mismo tiempo la virtud de imitar los acentos de los pueblerinos y de deleitarse con cuentos de viejas. ¿Cómo explicar un éxito de tal magnitud? ¿Cómo Shakespeare se convirtió en Shakespeare?

Así comienza el Prefacio de Stephen Greenblatt a El espejo de un hombre, una obra maestra del género biográfico que publicó en 2004 con el título Will in the World y con el que al año siguiente fue finalista del Pulitzer y del National Book Award en Estados Unidos.

Con el subtítulo Vida, obra y época de William Shakespeare, acaba de editarlo en español Debolsillo con traducción de Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda.

Con una admirable combinación del rigor y la solvencia narrativa que luego confirmó en la excelente reconstrucción de los orígenes del Renacimiento que hizo en El giro, Greenblatt elabora en este libro que se lee como una novela un estudio serio que se ha convertido desde hace años en una referencia insoslayable en los estudios sobre Shakespeare. Porque se lee, sí, como una novela pero su consistencia es la de un estudio serio como acreditan las orientadoras notas bibliográficas que se incorporan en el apéndice

“Asombrosamente bueno –escribió Adam Gopnik en The New Yorker-. Es el libro más inteligente y sofisticado, y también el estudio más colosalmente apasionado que he leído jamás sobre la vida y obra de Shakespeare.”

De la vida de Shakespeare se conocen bastantes datos, tan externos como poco significativos: sus partidas de nacimiento y defunción, su matrimonio a los 18 años con Anne Hathaway, ocho años mayor que él y embarazada de tres meses, los nacimientos de sus hijos, la muerte a los once años de su hijo Hamnet, sus operaciones inmobiliarias, el testamento en el que deja a su mujer su segunda mejor cama... 

Pero hay también muchas zonas oscuras que obligan a sus biógrafos a ejercicios de especulación imaginativa para llenar esas lagunas. Lo explica así Greenblatt:

Aparte de los poemas y las obras teatrales, los datos sobre la vida de Shakespeare que han llegado a nuestras manos son muchos, aunque poco concluyentes. La tenaz labor en los archivos llevada a cabo a lo largo de muchas generaciones ha sacado a la luz diversas alusiones de la época a su persona, así como un número razonable de transacciones de propiedades del dramaturgo, una licencia matrimonial, datos sobre su bautizo, elencos de actores en los que figura su nombre, facturas de impuestos, declaraciones juradas irrelevantes, pagos por servicios y unas últimas voluntades y un testamento sumamente interesantes, pero ninguna pista decididamente clara que permita desentrañar el gran misterio de un poder creativo tan inmenso como el suyo.

Y por eso, porque no hay una vinculación clara –no hay más que pensar en sus sonetos- entre lo que escribió y lo que pudo ser su experiencia vital, Greenblatt señala que su libro cuenta una historia de éxitos sorprendente que parece no tener explicación: pretende descubrir al hombre real que escribió la colección más importante de literatura imaginativa del último milenio. O más bien, puesto que la persona en cuestión es un tema perfectamente documentado en los archivos públicos, pretende recorrer los sombríos caminos que unen la vida que vivió con la literatura que creó.

A partir de ese recorrido imaginativo que tienen las lagunas y los vacíos en la biografía de Shakespeare, Greenblatt acomete en casi quinientas páginas una recreación verosímil de las circunstancias que rodean su vida y su escritura: la escuela de Strafford y sus jornadas lectivas, las previsibles lecturas dramatizadas de Plauto y Terencio, los cómicos ambulantes como Los Hombres de la Reina, que pasarían por el pueblo para representar moralidades de las que pude aprender la frágil línea divisoria que separa la tragedia de la comedia; las representaciones religiosas que pudo ver en Coventry, no lejos de su pueblo, los problemas económicos de su padre, que le llevaron de la prosperidad a la ruina, las experiencias personales, las tradiciones populares y los ritos festivos que reflejó en El sueño de una noche de verano; su probable fracaso matrimonial, sus muy posibles vagabundeos londinenses hasta que encontró un puesto entre Los Hombres del Lord Chambelán, la principal compañía de la época

En esa indagación constante en la vida y las obras de Shakespeare, El espejo de un hombre completa un vivísimo fresco de la Inglaterra isabelina, de su jerarquización social, de los conflictos entre el catolicismo y el protestantismo, de la vida cotidiana en el campo y en Londres, de los ambientes teatrales, de dramaturgos como Marlowe o Robert Greene, de quien se hace un inolvidable retrato, de los actores y las representaciones de Los Hombres del Almirante  o Los Hombres del Rey en el teatro de la Rosa o en el Globe. 

A esa luz que reconstruye globalmente la época de Shakespeare, Greenblatt acomete una nueva lectura de los textos de Shakespeare, propone un nuevo análisis de los opacos sonetos en clave autobiográfica o completa un estupendo examen de Hamlet, Otelo o El rey Lear.

Eso es lo más importante de este libro: que no se limita al mero rastreo de la vida de Shakespeare, sino que es también un brillante ejercicio de crítica literaria, un examen profundo de su obra, que es, en palabras de Greenblatt, tan sorprendente, tan brillante, que parece haber sido creada por un dios, y no por un mortal, y mucho menos por un mortal de orígenes provincianos y con una educación modesta.

Su imaginación nunca fue propensa al vuelo metafísico ni a las abstracciones, nunca elaboró sus textos sin vincularlos estrechamente con la vida y con la realidad cotidiana. Por eso –explica Greenblatt- una de las principales características del arte de Shakespeare es el contacto con la realidad. Al igual que lo que ocurre con cualquier autor cuya voz lleva años apagada y cuyo cuerpo ya está totalmente descompuesto, todo lo que queda son las palabras escritas en unas páginas, pero antes incluso de que un actor de talento haga que las palabras de Shakespeare cobren vida, esas palabras contienen la presencia activa de una experiencia vivida y real. /.../ Era un artista insólitamente abierto al mundo, y descubrió los medios para incluir ese mundo en sus obras. Para comprender cómo lo hizo con tanta eficacia, es importante observar cuidadosamente su maestría verbal: su dominio de la retórica, su peculiar ventriloquia, su verdadera obsesión con el lenguaje. Para comprender quién fue Shakespeare, es importante seguir las pistas verbales que dejó tras la vida que vivió y el mundo al que estaba tan abierto. Y para comprender cómo Shakespeare utilizó su imaginación para transformar su vida en su arte, es importante que sepamos usar nuestra propia imaginación.

No parece demasiado sencillo ir más allá de las sombras en ese ejercicio de imaginación para reconstruir las muchas zonas oscuras de la vida de Shakespeare, pero Greenblatt ha hecho algo que importa mucho más: ha mostrado sus obras bajo una nueva luz que no es fácil olvidar.

La publicación de esta traducción, con un espléndido cuadernillo central de ilustraciones, es una inmejorable manera de conmemorar entre nosotros el cuarto centenario de la muerte del clásico entre los clásicos. 
Santos Domínguez

2/2/16

Pascal. Tratados de la desesperación


Blaise Pascal.
Tratados de la desesperación.
Edición de Gonzalo Torné.
Hermida Editores. Madrid, 2016.

Que algo sea incomprensible no significa que no exista. Que algo no pueda imaginarse no quiere decir que no exista. Así los números infinitos, así el espacio infinito, escribía Pascal en uno de los apuntes que publica Hermida Editores con el título Tratados de la desesperación, de cuya edición se ha ocupado Gonzalo Torné.

Es una antología de los Pensamientos que –explica la Nota editorial- “se ha elaborado siguiendo dos criterios: en primer lugar se han seleccionado aquellos pasajes de Pascal que destacaban por su carácter aforístico, y en segundo lugar aquellos que se alejaban de la historia de la religión y de la controversia estrictamente teológica para desembocar en lo que, de manera general, se podría llamar la «cuestión existencial».”

“Nadie como Pascal -señala Gonzalo Torné en su prólogo- nos estremece con la idea de que se nos ha concedido una conciencia que busca como una luz débil y enferma cosas que puede intuir pero que no puede entender. Nadie como Pascal ha señalado que cada hombre dispone de una conciencia plena y madura, que se siente centro de un universo que no se estremecerá más que en el círculo de los conocidos más cercanos cuando seamos suprimidos.”

Pero –añade- “nadie como Pascal nos ha hecho sentir el terror de, salvo intervención milagrosa, nuestra futura desintegración en la nada. El caso es que Pascal creía en los milagros. Pascal es un creyente.”

Sus Pensamientos son apuntes, sentencias, aforismos, esbozos de capítulos, destinados a un tratado -Apología de la religión cristiana- que no llegó a articular por su temprana muerte. Y paradójicamente ese fragmentarismo de la obra inacabada le sitúa en el canon de la forma breve de los moralistas franceses, que no tenía nada que ver con su proyecto inicial, pero fue el terreno desde donde ejerció una enorme influencia en la literatura posterior.

Desde su crisis personal en noviembre de 1654, Pascal hizo de la religiosidad –encauzada en la espiritualidad jansenista de Port-Royal y enfrentada a la defensa del libre albedrío de los jesuitas- el eje de su vida y su obra. Y desde ese territorio organizó la materia argumental de los apuntes recogidos en este volumen: la reflexión sobre la frágil condición humana –un junco que piensa, una criatura perdida en una esquina insignificante de la naturaleza, bajo el aterrador silencio de los espacios infinitos.

Precursor del existencialismo contemporáneo, Pascal habla de un mundo sin Dios y de la pequeñez del hombre consciente del absurdo. Y lo hace desde la fe desgarrada ante las dudas, desde una fe vivida que se anticipa a Kierkegaard en dos siglos.

No era más que una estrategia agresiva –no muy diferente en su actitud de fondo al terror jesuítico de los ejercicios ignacianos-; una estrategia que pone un señuelo sombrío para acabar defendiendo la existencia de una divinidad que ordena el caos y da sentido a la existencia del hombre, marcada por el absurdo de la vanidad y la codicia, por la relación conflictiva entre la pasión y la razón, entre la imaginación y el pensamiento.

Pascal escribió en un momento de crisis del racionalismo y esa circunstancia le sitúa como profeta de un tiempo posterior –el siglo pasado- en el que esa crisis se reaviva. Eso explica su influencia en el Eliot más sombrío y en el Beckett más consciente del absurdo de la existencia, en Kafka o en Joyce, como recuerda Gonzalo Torné en su prólogo.

Entre el terror -¿Qué otra cosa es el hombre sino un sujeto colmado de un terror natural del que no puede desprenderse?- y el vacío, entre la perplejidad y las dudas -Este y no otro es nuestro verdadero estado: nuestra incapacidad para conocer algo con absoluta certeza combinada con nuestra incapacidad de ignorar algo completamente. El ser humano se agita en una zona intermedia, siempre suspendido en seguro; vivimos moviéndonos de un lado a otro, sin llegar a ningún puerto-, la exploración de la condición humana es en Pascal una formulación de las limitaciones y la desorientación del hombre: 

Es incomprensible que Dios exista. Es incomprensible que Dios no exista. Es incomprensible que el alma y el cuerpo convivan. Es incomprensible que el cuerpo no tenga alma. Es incomprensible que el mundo haya sido creado. Es incomprensible que el mundo no haya sido creado. Es incomprensible que hubiese un pecado original. Es incomprensible que no hubiese un pecado original.

Santos Domínguez

1/2/16

Desde que el mundo existe




Rachel Field.
Desde que el mundo existe.
Traducción de Susana Carral.
Reino de Cordelia. Madrid, 2015.

"Nunca me han molestado los recuerdos ajenos. Desde niña siempre me gustó escuchar cuando alguien hablaba del pasado. Mi madre decía que le resultaba extraño en alguien tan joven. Pero creo que incluso entonces ya adivinaba lo que ahora tengo muy claro, aunque mi habilidad con las palabras no me permita expresarlo bien: que no hay nada que resulte tan agradable como la alegría recordada ni tan amargo como la desesperación que ya no puede hacernos daño. Para mí el pasado es semejante a una de esas caracolas que en la costa de Maine solían adornar las repisas de las chimeneas de los hogares marineros."

Así comienza, en la traducción de Susana Carral para Reino de Cordelia, Desde que el mundo existe, la novela con la que Rachel Field obtuvo en 1935 el National Book Award.

Ambientada en la costa de Maine (Nueva Inglaterra), superpone un conflicto sentimental y el telón de fondo histórico en el que chocan la tradición y la modernidad, representados por la decadencia de los viejos astilleros de veleros industriales frente al empuje de los barcos de vapor. 

Ese es el conflictivo contrapunto de las tensas relaciones entre el comandante Fortune, un poderoso armador, y su heredero, Nathaniel, pianista enamorado de Kate Jordan, hija del ama de llaves de la familia y narradora de una novela ante la cual, como indican los editores en el prólogo, “el lector no tendrá que hacer grandes esfuerzos para reconocer el escenario de esta historia” y los efectos devastadores del progreso sobre la naturaleza: "Una marea muy viva -concluye la narradora cuando han muerto todos y ella es la única superviviente- fue la que se apoderó de nuestras vidas y las arrojó lejos para que se mezclaran con la sal, el sol y las intensas corrientes de nuestra juventud."

Santos Domínguez