18/11/15

El reino de Celama


Luis Mateo Díez,
El reino de Celama,
Edición de Asunción Castro.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2015.

En un formato más amplio del habitual, Cátedra Letras Hispánicas publica El reino de Celama en una espléndida edición preparada por Asunción Castro, autora de un completo estudio introductorio sobre el universo literario de Luis Mateo Díez y sobre el ciclo de Celama, formado por tres novelas: El espíritu del páramo, La ruina del cielo y El oscurecer. 

Se incorpora así a la nómina de los clásicos un conjunto novelístico fundamental en la narrativa española de los últimos años, una trilogía que tiene como eje un territorio a la vez real e imaginario, trasunto del Páramo leonés. 

Con El espíritu del páramo. Un relato (1996), la novela fundacional del ciclo, Mateo Díez incorporó a su mundo narrativo ese espacio mítico y oscuro, situado en la llanura estéril y árida de Celama, una geografía física y humana, quizá también un estado de ánimo, cuya realidad literaria empieza a fijarse desde su potente párrafo inicial: 

Lo que pudiera contar es casi lo mismo que lo que pudiera recordar de un sueño, o de un mal sueño para ser más exacto. A veces pienso que un memorial sería lo más adecuado: poner sencillamente las palabras al servicio de los recuerdos, ordenadas con el único fin de que el olvido no se haga dueño y señor de ese reino de la nada en que se convertirá Celama.

Publicada en 1999, La ruina del cielo. Un obituario es una obra coral por la que pasan unos cuatrocientos personajes, una novela atravesada por la presencia constante de la muerte que lo invade todo y que es la metáfora del fin de un ancestral mundo agrario. Un mundo que sólo sobrevive en la cultura oral que rescata la memoria, sobre la que se levanta, a través de la voz narrativa de Ismael Cuende, médico de Celama, esta desolada novela polifónica que ocupa un lugar central en el ciclo y en el conjunto de la obra de Luis Mateo Díez.

Más crepuscular incluso que La ruina del cielo, porque en ella el olvido amenaza a la memoria, es la tercera novela, El oscurecer (2002). Si la anterior se cerraba con una apretada enumeración de los nombres del obituario, en esta el peso de la acción lo llevan dos personajes genéricos que no necesitan nombre propio y que se cruzan en un apeadero abandonado: un Viejo que vuelve a Celama y un muchacho cuyo único destino es huir de ese territorio. 

Alguna vez ha definido el propio autor su trilogía en términos de poema sinfónico, de manera que el primer título sería una obertura; La ruina del cielo una sinfonía y El oscurecer un solo sostenido y elegíaco articulado en torno a la imagen de un pájaro decapitado que cuelga de un poste de la luz.

Con esa novela cierra Luis Mateo Díez un conjunto al que se añade como apéndice Vista de Celama, que fija su cartografía y hace una descripción en cinco textos de la geografía física y la toponimia de ese espacio en que el autor funde memoria con ficción, imaginación con cultura oral.

"Las tres novelas -explica Asunción Castro en su estudio introductorio- presentan una disposición estructural notablemente diferenciada, además de variedad de narradores, registros narrativos y tonos, lo que convierte el ciclo en un conjunto polifónico aparentemente heterogéneo que, sin embargo, presenta una coherencia final absoluta en la constitución del universo autónomo de Celama."
Imaginación, memoria y palabra son las tres fuentes de las que se alimentan sus libros. La construcción del diálogo, la descripción de ambientes, la agilidad narrativa, la brillantez estilística y el rigor compositivo caracterizan sus novelas, atravesadas por la desolada melancolía y el humor, cervantino en su tolerante suavidad o esperpéntico en su distanciamiento irónico.

"Mis necesidades narrativas -ha explicado Mateo Díez- se conforman contando, inventando, atadas a la fuente de la imaginación que, con frecuencia, es alimentada desde la fuente de la memoria. Supongo que esa necesidad, ese imperativo de la imaginación y la memoria, tiene que ver con cierta capacidad metafórica para entender el mundo donde uno habita, la vida que corre sin remedio, y mis ficciones darán medida de esa capacidad, que también ilustrará mis obsesiones y mis intereses de escritor.”

Con las tres novelas de El reino de Celama se salva del olvido el mundo real que sustenta este mundo literario que es ya inmortal. Lo resume así la editora al final de su estudio introductorio:

"El mundo de Celama ya no está sujeto a la referencialidad realista, definitivamente pertenece a los mundos de imaginación sólidamente construida en la literatura."

Santos Domínguez