27/5/13

Instrucciones para amanecer


Miguel Veyrat.
Instrucciones para amanecer.
Calima Ediciones.
Palma de Mallorca, 2007.

Desde Elogio del incendiario, de 1993, a las últimas Instrucciones para amanecer, pasando por Conocimiento de la llama, La voz de los poetas o Babel bajo la luna, la poesía de Miguel Veyrat se vincula con la gran tradición de la poesía como aventura de conocimiento.

A través de la palabra decantada y del despojamiento expresivo, el poeta asciende en actitud ascética hacia la revelación de la poesía, al fulgor del pájaro solitario en busca de la luz y del fuego de la palabra.

Instrucciones para amanecer lo publica Calima Ediciones casi a la vez que Fronteras de lo Real, una recopilación de escritos sobre poesía en los que Miguel Veyrat reflexiona sobre la escritura, sobre sus libros y sobre el sentido de la tradición y la manera en que el poeta se vincula a ella, la asimila y la reinventa.

En la Nota prelimnar deja fijada su poética:

Creo que cualquier método resulta bueno para indagar cantando acerca del punto del universo de donde pueda fluir sentido, si resulta de modo natural en materia y palabra poética, a partir de una intensa inspiración lírica. Inspiración incompatible con el literalismo barato, pretendidamente épico, de la mencionada "experiencia"—poesía figurativa la han llamado sus adeptos— o el supuesto aliento místico del "silencio", que basado en una lectura sesgada, errónea y oportunista de Jabés, Lévinas o Blanchot, negaría incuso a la palabra su papel de elemento creador y emisor imprescindible del discurso poético. Considero también que si no encontrásemos todo el consuelo del poema entre los frutos de nuestra exploración, al comprobar que todo carece en el fondo de sentido, al menos podríamos hallarlo en la misma búsqueda, en el propio canto y el propio goce de su emisión compartida con el lector. Tal sería pues mi modesta y brevísima "poética".El opus alchymichum, los Vedas y Virgilio, Eliot y la Biblia, Homero y Novalis, Rilke y las Sendas de Oku son algunos de esos eslabones que remiten a una idea de la poesía como ética y como forma de conocimiento en la frontera del sentido.

Un conocimiento que surge de la incertidumbre de la oscuridad en Instrucciones para amanecer, un libro que se encomienda a este proverbio sefardita: La hora más oscura es para amanecer.

Y así como la luz surge de la sombra, la palabra del balbuceo y la vida de la muerte, la poesía de Miguel Veyrat surge de la materia de bruma con la que se abre este libro cuya clave está al final, en la última parte que da título al libro.

Los espléndidos poemas que integran esa parte final, que es la almendra de sentido de Instrucciones para amanecer, convocan a Hölderlin y a Rilke, a Juan Ramón o Rimbaud como compañeros de viaje.

Y son sobre todo los dos últimos poemas, el Canto a Robert Lowell y las Respuestas a la tribu, inspirado en Yeats, los que iluminan el sentido global de este y de los anteriores libros de Veyrat.

A esos dos textos pertenecen estas dos estrofas:

Todo podría ser de nuevo clarocomo canto que se tensay dispara y vibra nuevosi la luz fuese un hilo sólo – sin finy sin origen, de mañanas sucesivas... -¡Consigue, Maestro cantor,que nadie puedadescribir en versosuna lágrima o un latido!


El fuego y la palabra para amanecer a la claridad del canto y del ser desde la duda y la oscuridad.

Que amanezca el cantor.

Santos Domínguez