1/2/12

Miguel Veyrat. La puerta mágica

Miguel Veyrat.
La puerta mágica.
Antología 2001-2011.
Edición y prólogo de Ángel Luis Prieto de Paula.
Libros del aire. Madrid, 2011

Bajo la madre tierra busca el poeta las almendras caídas. Un viento de fuego nutre los espinos. Cuando renace trae ya leche y miel en los labios. Prepara en secreto el brusco despertar de su pasión a las normas. Y violento alumbra el juicio por las estrellas más altas: Ya fue locuaz antes de conocer las palabras. Ya voló por delante de sus propias alas. De Babel —su país de origen— hasta Occidente. Donde la noche late. Donde reina Proserpina.

Ese espléndido texto de Miguel Veyrat, El viaje, que apareció en 2002 en La voz de los poetas, una obertura que resume los temas y las voces de su obra poética, es uno de los que forman parte de La puerta mágica, la selección de poemas que publica Libros del aire en su colección Jardín Cerrado.

Se ha encargado de la edición Ángel Luis Prieto de Paula, que en su prólogo -Los ojos de la esfinge- destaca como núcleos creativos de la poesía de Veyrat “el estupor y el misterio, la fraternidad humana, el espanto y el éxtasis, que sobrevuelan por sobre la superficie de lo explicable a la luz pobre de la lógica discursiva.”

Los poemas de La puerta mágica pertenecen a diferentes libros publicados a lo largo de estos últimos diez años: dos trilogías, La voz de los poetas (2002) y Babel bajo la luna (2005); Instrucciones para amanecer (2007) y Razón del mirlo (2009).

Y en todos ellos, el impulso sostenido de un poeta que concibe la obra no como resultado de una revelación pasiva, sino como el resultado expresivo de un esfuerzo de depuración de la palabra o como reflejo de un proceso activo de desvelamiento de la realidad, de buceo en la luz, del viaje hacia el conocimiento, hacia una Ítaca menos importante como meta que como itinerario, porque Nunca hubo jardín/ni patria conocida. Tu nombre/ es estela -y lo borran/constantes el viento y las mareas.

En un apéndice, La puerta mágica ofrece una muestra de varios poemas inéditos y recientes, como esta emocionada Elegía en Tholos, dedicada a la memoria de su amiga la poeta francesa Martine Broda:

Mas si creemos que nuestro único sujetoes el deseo y al mismo tiempo
nuestra esencia, querríamos ser el objeto
perdido y olvidar todo lenguaje.
Dormir en la colina disfrazados de chopos
y cantuesos. Dormir junto a las cosas
enterradas bajo un horizonte
de leche negra —dormir entre las zarzas
jaras y sarmientos que un día fueron
sujetos abrasados. Y también con los muertos

de dolor o de una borrachera. Dormir
bajo la grava junto a las flores de Víznar
o Bagdad, crucificadas de noche
por el odio que despierta la conciencia

de ser libre. Dormir en la colina
de Spoon River tras un mausoleo cualquiera,

bajo el manzano de un huerto
o sobre una sima del mar. Ser para siempre
un ser aunque muerto deslumbrante
de deseo —y conseguir que dure al menos
el tiempo de regreso hasta el chispazo inicial.
Solo un gesto. Y dormir para siempre

de la mano de nadie —como duerme Martine
con su enjuto cuerpo entregado
en ofrenda a sus amantes lares, Jouve

Juarroz, Celan o Lacan. Todos duermen

ahora en la colina de Tholos. Y nosotros también
muertos con ella como objetos cosas
húmedas entre la seca arena —este silencio.
Unos versos recientes que resumen el mundo poético de Miguel Veyrat y confirman la potencia expresiva de su voz en los libros de estos diez últimos años.

Las palabras de presentación de su Biblioteca de autor en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes insisten en las claves de ese mundo:

La palabra poética de Miguel Veyrat persigue el pluralismo esencial de la voz humana, liberándose en cada caso del sentido único que sucesivas glaciaciones religiosas y políticas de la historia del pensamiento han encadenado a los significantes propios del arte y las literaturas. Se ocupa así, a través del diálogo entre culturas e inmerso en una intensa vitalidad lírica, del abismo, de la ausencia de amor, libertad o igualdad, y del absurdo de una vida entregada a la muerte que puede alcanzar su redención en la poesía.
Santos Domínguez