30/11/09

El tambor de hojalata


Günter Grass.
El tambor de hojalata.
Traducción de Miguel Sáenz.
Alfaguara. Madrid, 2009.

Lo reconozco: estoy internado en un establecimiento psiquiátrico y mi enfermero me observa, casi no me quita el ojo de encima; porque en la puerta hay una mirilla, y el ojo de mi enfermero es de ese color castaño que a mí, que soy de ojos azules, no es capaz de calarme.

Con ese párrafo comienza El tambor de hojalata en la nueva traducción que ha editado Alfaguara para celebrar el medio siglo de esta novela memorable. La traducción es de un especialista en Grass, Miguel Sáenz, que ha escrito también un breve epílogo en el que homenajea al traductor de la edición anterior, Carlos Gerhard, un español exiliado en México.

En ese epílogo explica también Miguel Sáenz las razones de esta nueva versión: hacia 2005, comenzó a sentirse en distintos países la necesidad de acometer nuevas traducciones de El tambor de hojalata: Francia, Finlandia, Italia, Portugal, el ámbito anglosajón... y también España. Por ello Günter Grass convocó, en Danzig, una reunión con sus traductores, como suele hacer cada vez que escribe un nuevo libro. Entre esos traductores los había de la vieja guardia, que habían asistido a esas reuniones desde la primera que tuvo lugar con motivo de la publicación de El rodaballo en 1978, pero también traductores nuevos. Y la idea de Grass era, no sólo hablar de El tambor con sus traductores, sino también mostrarles los lugares de Danzig, su ciudad natal, en la que transcurre gran parte de la acción.

Junto con El gato y el ratón (1961) y Años de perro (1963), El tambor de hojalata forma la Trilogía de Danzig y probablemente es para la literatura alemana de la segunda mitad del XX lo que fue La montaña mágica en la primera mitad.

El tambor de hojalata funde presente y pasado, narración y reflexión, realismo y fantasía, primera y tercera personas, en una novela autobiográfica escrita desde una perspectiva inédita: la del narrador-protagonista Oskar Matzerath, que escribe desde un hospital siquiátrico que es una alegoría del mundo:

Bruno Münsterberg —me refiero a mi enfermero, renuncio al juego de palabras— ha comprado por mi cuenta quinientas hojas de papel de escribir. Si la provisión no bastara, Bruno, que es soltero y sin hijos y procede del Sauerland, volvería a la pequeña papelería, que también vende juguetes, para proporcionarme el espacio no pautado que necesita mi capacidad de recordar, la cual espero que sea exacta. Nunca hubiera podido pedir ese favor a mis visitantes, por ejemplo al abogado o a Klepp. Sin duda, su afecto obligado y solícito hacia mí habría impedido a esos amigos traerme algo tan peligroso como papel blanco y ponerlo a la libre disposición de esta mente mía que segrega sílabas sin cesar.

A partir de ese momento, Oskar se remonta a la tarde en que su madre es engendrada bajo las faldas de su abuela, a su propio nacimiento y a la promesa materna de que a los tres años tendrá un tambor de hojalata.

Ese mismo día, a la vez que recibe el regalo, decide dejar de crecer. Y desde su ángulo inusual, lúcido y distanciado, evoca el pasado con un tambor de hojalata que vuelve a redoblar para contar en tres libros y cuarenta y cinco capítulos la posguerra, la culpa, la memoria, el terror, la locura en unas páginas por las que no ha pasado el tiempo y que, por el contrario, cobran nueve vida en esta traducción de Miguel Sáenz.

Porque esa es una de las virtudes que caracterizan a los clásicos, que están por encima del tiempo, nada mejor que comprobar que esta novela, la primera de Günter Grass, sigue siendo una obra tan viva como en aquel 1959 en que Hans Magnus Enzensberger la recomendaba en estos términos: Hay que leer la primera novela de un autor llamado Günter Grass que producirá gritos de alegría y de indignación.

Santos Domínguez

27/11/09

Wislawa Szymborska. Aquí


Wislawa Szymborska.
Aquí.
Traducción de Gerardo Beltrán
y Abel A. Murcia Soriano.
Bartelby. Madrid, 2009.


Vermeer

Mientras esa mujer del Rijksmuseum

con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo día tras día
la leche de la jarra al cuenco

no merecerá el Mundo
el fin del mundo.


Es el penúltimo poema de Aquí, de Wislawa Szymborska (Polonia, 1923). Conocida en España después de obtener el Nobel, su poesía interrogativa es una reflexión sobre el hombre y su lugar en el mundo, en la naturaleza o en el tiempo. Y sobre todo, es la expresión del asombro ante la realidad, una afirmación de la existencia, como en ese poema.

Aquí es, desde su escueto y significativo título, una composición de lugar escrita en el tono bajo que caracteriza a los poetas polacos que desde la segunda mitad del siglo XX renuncian al énfasis y aspiran a la precisión.

La expresión directa y el tono coloquial son compatibles en esta poesía con la profundidad reflexiva acerca de la condición humana y con una honda conciencia existencial:

En mi poesía busco ese efecto que en pintura se llama claroscuro – explicaba Wislawa Szymborska en 1975-. Quisiera que en mis poemas se encontraran e incluso se fundieran cosas magníficas y triviales, tristes y cómicas.

La coexistencia en este libro y en toda su obra de la reflexión y la sorpresa, del asombro y el desengaño- en Metafísica-, de la ironía y la seriedad –en el espléndido Idea-, de la memoria y el presente – en Adolescente o en Mi difícil vida con la memoria- constituye una de las claves de su poesía, una sucesión de preguntas hechas desde la conciencia del no saber que caracteriza al poeta.

Por eso, en Wislawa Szymborska cada poema es una respuesta provisional e insuficiente acerca del mundo, el tiempo y el espacio, la memoria y la poesía. Sucesión de preguntas y respuestas –como en Retrato de memoria- en las que la naturalidad y el tono menor construyen un libro en el que conviven como motivos poéticos las rocas y los seres microscópicos, un divorcio o la identificación de un cadáver, Ella Fitzgerald en el cielo y Julius Slowacki en una diligencia, la metafísica y los fideos con tocino.

El libro se publicó en Polonia en enero y ahora lo presenta en España Bartleby en edición bilingüe con traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano, dos traductores que a esa condición unen la de ser poetas y acreditados conocedores de la obra de Wislawa Szymborska. Con ese bagaje resuelven con brillantez la difícil tarea de traducir la tonalidad coloquial de estos poemas, su ritmo interior, la mirada irrepetible de una autora que habla para la gente.


Santos Domínguez

25/11/09

La previa muerte del lugarteniente Aloof


Álvaro Pombo.
La previa muerte
del lugarteniente Aloof.

Anagrama. Barcelona, 2009.

Yo mismo tengo un poco -yo supongo- un aire trasnochado de rabino. Por eso llevo un gorro de lana que, al ocultar mi calva, mejora mi perfil, tan judaizante. Me miro de reojo en el espejo del aparador de las botellas y parezco lo que soy: un catedrático abolido de narratología que rehúsa tomar patatas fritas y bebe un Jack Daniel's tras otro hasta llegar a tres.

Tras la descripción de ese profesor universitario jubilado está el indisimulado autorretrato de un Álvaro Pombo en plenitud creadora, rejuvenecido literariamente y dispuesto a asumir el reto de reinventarse como narrador y de dar un giro a su trayectoria literaria.

La previa muerte del lugarteniente Aloof, que publica Anagrama, es un arriesgado y brillante salto en el vacío, un cambio en las reglas de juego de su literatura. Juego, literatura, reflexión técnica y aventura se funden en esta novela de sorprendente fuerza estilística, en una demostración de lucidez literaria, conciencia narrativa y seguridad creativa.

Los viejos deberían ser exploradores, dejó escrito T. S. Eliot en uno de sus Cuatro cuartetos, East Coker. Y esa frase, que Álvaro Pombo ha tenido muy presente en la escritura de este libro, parece estar en la base del ímpetu explorador que evidencia esta novela.

El hallazgo de un manuscrito que contiene en dos cuadernos de cien páginas las memorias en forma de diario del lugarteniente Aloof es la excusa para construir un texto en el que conviven la acción en estado puro y la reflexión filosófica en torno a ella.

Un narratólogo emérito analiza la esencia de la aventura en una indagación que comparte con Lord Redkins, un aventurero reflexivo, y con el elusivo lugarteniente, y es en el fondo una búsqueda de la identidad, una manera de compartir la previa muerte del lugarteniente y la del profesor jubilado.

El protagonista sin nombre, cuyo mote "Aloof" alude al distanciamiento de su carácter indiferente, narra, recuerda e inventa y el narratólogo en el que se desdobla Pombo reflexiona en un ejercicio metaliterario sobre las aventuras concretas, sobre sus aspectos narrativos para acabar poniendo en cuestión el concepto mismo de la aventura y el destino de los héroes, que han ido a refugiarse no al callejón del Gato, sino a las oficinas del Ministerio de Defensa.

Esa alternancia de fragmentos del diario y de reflexiones del profesor va construyendo una novela que es también una aguda interpretación del tiempo y sus efectos. Una novela de inusual energía estilística, en la que se unen la acción y la meditación, el lenguaje de la aventura y el de la poesía, porque cuando ya no hay aventuras, nada deja nunca de ser interior.


Santos Domínguez

23/11/09

Tres vidas de santos


Eduardo Mendoza.
Tres vidas de santos.
Seix Barral. Barcelona, 2009.

Diferentes en técnicas y en estilo, distantes en fecha de composición, diversos en extensión y en propósitos, los tres relatos que Eduardo Mendoza reúne en Tres vidas de santos están atravesados por una línea que los unifica metafóricamente en el título.

La ballena, El final de Dubslav y El malentendido, que publica Seix Barral, están protagonizados por personajes que no son santos ni mártires canónicos:

Mis personajes no son tipos con aureola -escribe Eduardo Mendoza en el prólogo-. Son un poco singulares, llevan una vida absurda, siempre antiépica. Para entendernos, lo contrario de Napoleón, pero igualmente insólitos.

Ni ejemplares ni influyentes, estos santos falsos que habitan en el error y en los márgenes de la sociedad y renuncian al mundo, pertenecen a la misma estirpe que Don Quijote, Hamlet, el capitán Ahab o Raskolnikov. Aunque carecen de su grandeza, son sus herederos venidos a menos, visionarios y buscadores de lo absoluto que –definitivamente alejados de la realidad- transitan por las zonas más oscuras del espíritu, como señala Eduardo Mendoza en el breve, irónico y brillante texto de presentación sobre estos tres textos con finales abiertos porque el narrador está convencido de que el centro de gravedad del relato está en la mitad.

Más cerca de la novela corta que del cuento, y no sólo por su extensión, sino por su ritmo narrativo, por el tratamiento del tiempo y el espacio o por la profundidad de los personajes, La ballena es el más extenso y seguramente el mejor de los tres textos. Lo escribió su autor hace más de treinta años, en la misma época en que iniciaba su actividad literaria con La verdad sobre el caso Savolta.

Ambientada en la Barcelona del Congreso Eucarístico de 1952, empieza así:

-Pero, bueno, ¿se puede saber cuándo llega el obispo Cachimba?, dijo el tío Víctor. La tía Conchita lo fulminó con la mirada y le dijo que hiciera el favor, si no sentía el menor respeto por la religión, de tener por lo menos consideración hacia la sensibilidad de los creyentes.

La mirada infantil del narrador relata la peripecia barcelonesa de Monseñor Putucás, un obispo centroamericano al que una asonada militar le obliga a permanecer en España. Degradado sucesivamente a Obispo Cachimba, indio de mierda, Don Fulgencio y Fulgencio a secas, poco a poco se convierte en un huésped molesto, en un parásito servicial rebajado a la condición de fámulo aletargado y vegetativo.

De ser un motivo de orgullo para la familia que lo acoge, pasa a convertirse en un esperpéntico Cochise borracho, compañero de dispsomanías del padre del narrador.

Varado como el cetáceo que se exhibió por entonces en el puerto de Barcelona, a donde acudía obsesivamente el obispo para contemplar la putrefacción de la ballena que –como el propio obispo exiliado- fuera de su elemento, queda expuesta al escarnio público por un puñado de plata, lo último que anotó en un cuaderno antes de desaparecer fueron estas líneas:

Moby Dick, la ballena gigante, estuvo en Barcelona para confusión de malos y edificación de buenos y anteayer se fue pal carajo, y yo con ella.

Muy distinto en tono y en técnica, El final de Dubslav se centra en el alucinado personaje del título, un Dubslav que recibe en un solo telegrama dos noticias contradictorias: la muerte repentina de su madre, una científica española de prestigio a la que le acaban de conceder el Premio Europeo a la Realización Científica. Hijo de madre soltera y de un cirujano yugoslavo, Dubslav había llegado a un poblado de África desde un hospital de Gerona, donde ingresó cadáver, víctima de un colapso. Y desde el poblado africano, que había visto el día antes en un documental de televisión, viaja a Bruselas para recoger el premio en nombre de su madre. Una alucinación que ha despistado a algún crítico y que termina mientras lee el discurso de recepción.

El malentendido, el relato más reciente y quizá el menos conseguido, está protagonizado por Antolín Cabrales Pellejero, alias Poca Chicha, hijo de una familia desestructurada. Un paria ignorante que ingresa a los veintiún años en prisión. Allí se matricula en el cursillo de análisis literario para reclusos que imparte Inés Fornillos, de visión imprecisa y juicio magnánimo. Con su criterio adánico, desnudo de prejuicios, el presidiario se convierte en un lector lúcido, pero sobre todo en portavoz de la libertad de juicio crítico del propio Mendoza. Y así, inesperadamente en quien no leía ni prensa deportiva, El siglo de las luces está de puta madre; Rayuela -frente al criterio de la profesora, que la considera una novela genial- es un libro ingenioso pero no me convence, una fanfarronada o Henry James no es un peñazo, sino un escritor de buten.

Salvando inverosimilitudes como las matizaciones espontáneas en torno al ingenio y lo convincente, la utilización del término parámetros por el recluso Poca Chicha o su gusto por las novelas de Proust o El hombre sin atributos, la ácida crítica cultural de Mendoza convierte a Cabrales en Martín J. Fromentín, un novelista de éxito, en todo un clásico.

Y además en una excusa para criticar al crítico en la carta que el exrecluso dirige a su antigua profesora. Allí le expone su revelación en torno a lo que es la literatura :

No lo que usted decía, no un vehículo para contar historias, para expresar sentimientos o para transmitir emociones, sino una forma. Forma y nada más.

En el fondo, no más que la declaración de un ingenuo que cree haber descubierto el Mediterráneo con esa obviedad.

Santos Domínguez


20/11/09

El turno del ofendido


Roque Dalton.
El turno del ofendido.
Prólogo de Enrique Falcón.
Baile del Sol. Madrid, 2009.



Me habéis golpeado, azotando
la cruel mano en el rostro

(desnudo y casto

como una flor donde amanece
la primavera)

Me habéis encarcelado aún más
con vuestros ojos iracundos

muriéndose de frio mi corazón

bajo el torrente del odio


Habéis despreciado mi amor
os reísteis de su pequeño regalo,

ruboroso sin querer entender

los laberintos de mi ternura


Ahora es la hora de mi turno

el turno del ofendido por años silencioso

a pesar de los gritos


Callad


callad


Oíd.


Con ese poema como pórtico, comienza El turno del ofendido, un libro de poemas que el poeta salvadoreño Roque Dalton escribió en su exilio de México y Cuba entre 1961 y 1962.

Se trata de un libro crucial en la trayectoria vital, ideológica y literaria de Dalton y acaba de publicarlo Baile del Sol con prólogo de Enrique Falcón.

Organizado en dos partes, la primera de ellas -Las cicatrices- es la historia personal y existencial de las cicatrices que han dejado en el poeta la vida y las torturas, el amor y los cuchillos:

Y aunque el corazón no sea el brioso animal que presentíamos
basta para beber apasionadamente el amor y los cuchillos que nos rodean.

Esa primera parte toma el título de un largo poema en el que la prosa y el verso se suceden para expresar una visión caótica y descoyuntada de la realidad.

Así fui llamado: el escrutador, escribe en el primer verso.

Y ese escrutinio, esa mirada se sostiene en una posición moral y política en la segunda sección del libro: Por el ojo de la llave. Es ya el escrutador que mira por el ojo de la llave, como en el poema Yo veo:

Creo que nos han engañado suficientemente.

Ahora poseo la llave del jeroglífico
pues me la dio el dolor entre risas de ebrio
entre escupitajos de carcelero y miradas de perro
furioso sin piedad.


Están aquí representadas algunas constantes del estilo de Roque Dalton y de su posición ante la realidad: la ironía combativa o el humor ácido –el elaborado humor poético del que habló Benedetti- con el que libera su indignación o su cólera, la intensidad del tono conversacional que convive con la energía visionaria de las imágenes, el compromiso político y la reflexión sobre la poesía y su función social.

Desenfadado y crítico, autor de una poesía que es testimonio y denuncia, urgente en el amor y dueño de su nostalgia, Dalton aborda sus dudas y conflictos con lo cotidiano, lo político, lo sentimental o lo literario a través de una liberación intensa del lenguaje, que se convierte en sus manos en una manifestación eléctrica y vital .

Y pese a todo, el último texto (Yo quería) se cierra con estos versos que resumen el libro como la historia de una frustración:

Y no he podido daros más –puerta cerrada
de la poesía-

que mi propio cadáver decapitado en la arena.


Con este título la editorial Baile del Sol sigue reuniendo en la Biblioteca Roque Dalton la poesía completa del salvadoreño, uno de los poetas centroamericanos más notables de los últimos cincuenta años.

Santos Domínguez

18/11/09

Gabriel García Márquez. Una vida



Gerald Martin.
Gabriel García Márquez.
Una vida.

Traducción de Eugenia Vázquez.
Debate. Barcelona, 2009.

Muchos años después de comenzar a elaborar este libro, Gerald Martin publica en Debate Gabriel García Márquez. Una vida. Han sido casi veinte años de trabajo que dieron como resultado un borrador de tres mil páginas que finalmente se redujeron a la cuarta parte pero que más allá de la anécdota hablan muy claramente de la complejidad del personaje.

Escribe lo que veas; yo seré lo que tú digas que soy, le dijo García Márquez al autor de esta ambiciosa biografía, escrita con una notable capacidad narrativa y en la sólida tradición de biógrafos ingleses, verdaderos maestros del género que inventó Boswell con La vida de Samuel Johnson.

Del ingente trabajo de Gerald Martin dan cuenta dos datos reveladores: las más de trescientas entrevistas que sostuvo con García Márquez y con su círculo de familiares y amigos, y las siete páginas de agradecimientos que abren esta obra, cuya primera edición apareció en el Reino Unido el año pasado. La traducción al español la firma Eugenia Vázquez Nacarino.

Biografía tolerada que va camino de ser biografía oficial, este acercamiento a la vida y la obra de García Márquez no es una hagiografía. El biógrafo no mira de rodillas a su personaje, sino cara a cara, como al escritor, el hombre y el ciudadano complejo que es García Márquez, sincero y arrogante, sencillo y vanidoso, brillante y contradictorio.

La mirada distanciada de Gerald Martin aborda la figura del colombiano entre la existencia privada y la fama pública que acaba devorándola, con alguna incursión en una tercera vertiente que es la vida secreta -las zonas de sombra que insinúa la foto de la portada-, que se proyecta en sus novelas, y una interesante aproximación crítica a la cocina literaria del narrador y a sus obras más emblemáticas.

Para el biógrafo, Cien años de soledad es el eje de la vida de García Márquez, así como El otoño del patriarca es el eje de su obra. En ese terreno se mueve una de las aportaciones más interesantes de este libro: la lectura en clave autobiográfica de El otoño del patriarca como autorretrato crítico del escritor, o la proyección de sus decepciones vitales, literarias e ideológicas en el Bolívar terminal de El general en su laberinto.

La otra característica llamativa de esta espléndida obra es que atiende más al espacio que al tiempo, más a la atmósfera que a la cronología. Gerald Martin tiene una envidiable capacidad para evocar ambientes y recrear en ellos situaciones y personajes, lo que le da a esta biografía un talante narrativo. Con alguna ironía, el autor sospecha que finalmente la obra se la ha escrito Gabriel García Márquez, que le ha transferido parte de su admirable talento como contador de historias.

La mayor parte de los “grandes nombres” sobre los que la crítica actualmente coincide –escribe Martin en el Prefacio- llegan hasta los años cincuenta (Joyce, Proust, Kafka, Faulkner, Woolf); pero en la segunda mitad del siglo, quizá el único escritor que ha cosechado verdadera unanimidad haya sido García Márquez. Su obra maestra, Cien años de soledad, publicada en 1967, apareció en el vértice de la transición entre la novela de la modernidad y la novela de la posmodernidad, y acaso sea la única publicada entre 1950 y 2000 que haya encontrado tal número de lectores entusiastas en prácticamente todos los países y culturas del mundo.

La infancia en Aracataca, la formación del escritor, los trabajos y los días del periodista, la dureza de la vida en París, el éxito en Barcelona, la relación con el poder del escritor de prestigio dan lugar a algunos de los momentos más convincentes del libro. Y en todos ellos el gran reto de Martin ha sido deslindar la realidad de la fabulación en los recuerdos de un mamagallista tan aventajado como García Márquez, que se ha dedicado con envidiable constancia a fabular sobre muchos episodios fundamentales de su vida.

Aun así, con ese riesgo innegable, Gerald Martin sabe que ha escrito una obra de la que se puede sentir no sólo satisfecho, sino orgulloso. Y, aunque probablemente no era su propósito, este texto contribuirá no sólo a acercar al personaje, sino también a hacer crecer el mito y a afirmar su capacidad de seducción:

Siempre que me han preguntado si ésta es una biografía autorizada, mi respuesta ha sido invariablemente la misma: «No, no es una biografía autorizada, es una biografía tolerada». No obstante, para sorpresa y gratitud mías, en 2006 el propio García Márquez dijo ante los medios de todo el mundo que yo era su biógrafo «oficial». ¡Así que probablemente yo sea su único biógrafo oficialmente tolerado! Ha sido un privilegio extraordinario.

Santos Domínguez

16/11/09

Antología poética de Neruda


Pablo Neruda.
Antología poética.
Selección y prólogo de Rafael Alberti.
Austral. Espasa. Madrid, 2009.


Espasa acaba de lanzar una edición especial de la Antología poética de Pablo Neruda que preparó Rafael Alberti en 1981. Dos de los nombres imprescindibles de la poesía contemporánea en español se unen en esta edición conmemorativa que constituye una nueva invitación a acercarse a la obra del chileno.

Incorporado al grupo español del 27, que lo acogió como a uno de los suyos y tuvo en la Casa de las Flores uno de sus lugares de encuentro, García Lorca lo presentó en la Universidad de Madrid con unas palabras memorables que definían lo que había sido y lo que iba a ser la obra de un poeta “más cerca de la muerte que de la filosofía, más cerca del dolor que de la inteligencia, más cerca de la sangre que de la tinta.”

Eran los tiempos del Caballo verde para la poesía y de Residencia en la tierra, una revista y un libro que cambiaron el rumbo de la poesía a ambos lados del Atlántico.

La poesía torrencial de Neruda está llena de inevitables altibajos que coexisten con una constante ambición expresiva. A esa indisimulable irregularidad se refería Juan Ramón Jiménez cuando lo llamó, con más lucidez crítica que ímpetu descalificador gran mal poeta.

Entre el precoz Farewell y los sollozos, de Crepusculario, y el final Libro de las preguntas, los poemas de esta antología son una muestra de hallazgos y destellos constantes, una evidencia del poderío verbal de quien poseía el don de la palabra y lo combinó con una desbordante capacidad visionaria para dar lugar a las imágenes potentes y perturbadoras que sostienen su mundo poético.

En medio, la sentimentalidad adolescente de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, la explosión liberadora de las Residencias, la apertura a la poesía civil de España en el corazón, el segundo descubrimiento de América que es el Canto general, la recuperación del intimismo en Los versos del capitán, que inician una tercera época marcada por el tono menor que se prolonga en la exploración de lo humilde cotidiano y su elevación metafórica en las Odas elementales, en los Cien sonetos de amor, en el Memorial de Isla Negra o en el espléndido y poco conocido Las manos del día.

La de Neruda es una obra larga y honda, una poesía caudalosa que celebra la palabra, la naturaleza y el amor o denuncia a los repetidos chacales de la historia de América y de España. El medio millar de páginas de esta antología son una breve muestra de lo que Alberti llama en su introducción “el inmenso torrente andino” de su poesía. Y una nueva ocasión de comprobar que leer a Neruda es explorar a través de su palabra y su mirada la realidad y el lenguaje como quien descubre el mundo:

Y fue a esa edad... Llegó la poesía
a buscarme. No sé, no sé de dónde
salió, de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.

(...)

y vi de pronto
el cielo
desgranado
y abierto,
planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada
por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío
constelado,
a semejanza, a imagen
del misterio,
me sentí parte pura
del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento.



Santos Domínguez

11/11/09

Las bibliotecas de Dédalo


Enis Batur.
Las bibliotecas de Dédalo.
Prólogo de Alberto Manguel.
Traducción de Rafael Carpintero.
Errata naturae. Madrid, 2009.


Un prólogo borgiano de Alberto Manguel sobre el doble, la biblioteca y el espejo presenta Las bibliotecas de Dédalo, del poeta y ensayista turco Enis Batur (1952). La verdad - se lee en ese prólogo- es que yo podría haber sido Enis Batur y él, con peor suerte, podría haber sido Alberto Manguel.

Traducido del francés por Rafael Carpintero y publicado por Errata naturae, es el primer libro de Batur que se edita en España.

Lo escribió a base de fragmentos breves entre 2000 y 2005 y lleva un epílogo en el que su autor recuerda la génesis de esta obra que se subtitulaba en su versión original Historia de un laberinto distinto.

A medio camino entre El nombre de la rosa y Borges, este es un libro que comienza con un incendio, el de su biblioteca personal, y en veintidós capítulos breves recorre la morfología, la sintaxis y la semántica de las bibliotecas (Mostradme una biblioteca. Os diré, si no quiénes sois, sí cómo sois), las pesadillas o el laberinto.

Borges, en fin, al que los editores homenajean en el colofón cuando recuerdan a aquel cieguito de la calle Tucumán que escribió un cuento sobre un libro de arena que era todos los libros de todas las bibliotecas.


Santos Domínguez

9/11/09

Jules Supervielle. Vivir y quehacer del poeta


Jules Supervielle.
Vivir y quehacer del poeta.
Selección, traducción, prólogo y notas
de Ramón Puig de la Bellacasa.
Pre-Textos. Valencia, 2009.

Pre-Textos publica en su colección Poéticas Vivir y quehacer del poeta, de Jules Supervielle (Montevideo, 1884-París, 1960). Con textos y entrevistas de arte poética, escritos autobiográficos en prosa y una selección de poemas y rememoraciones de Henri Michaux y Maurice Blanchot, son una excelente aproximación a la figura y al pensamiento poético de Supervielle.

Entre Uruguay y Francia transcurrió una vida marcada por la muerte de sus padres. De esa temprana orfandad y de esa mezcla de culturas y lugares surge una poesía que combina las influencias de la poesía francesa y la americana.

Y quizá ese mismo cruce de tendencias sea el que explique una obra que se mueve entre la razón y la imaginación, entre el pensamiento y el sueño. A esa incursión en lo infranqueable se refería Rilke cuando dijo de Supervielle que era “un gran constructor de puentes.” Puentes que tiende el poeta entre la luz y la oscuridad a través de imágenes que iluminan las tinieblas y se convierten en el centro de su poesía.

Supervielle es autor de una obra sometida a un constante proceso de depuración, a una meditación exigente que buceó en las profundidades de la actividad poética y lo hizo desde la inseguridad y la duda, que es el territorio de la creación más consciente de sí misma y de sus limitaciones.

Una obra que pasó del simbolismo al superrealismo y alcanzó sus cimas en Gravitaciones, El forzado inocente o Los amigos desconocidos, manifestó una continua ambición expresiva: la de alcanzar la claridad desde la oscuridad misteriosa de las revelaciones.

La poesía me llega de un sueño, escribió en uno de estos textos reflexivos. Era la exactitud alucinada a la que se refirió en alguna otra ocasión como clave de la expresión poética.

En otra intuición memorable dejó escrito: El poeta vive en un gran bosque donde el cuco del reloj canta a unas horas insensatas.

En este breve e intenso volumen no sólo están reunidas las reflexiones en las que Supervielle discurre sobre el qué, el cómo y el porqué de la creación poética o hace un bosquejo de arte poética. Una parte importante del libro recoge una selección de los poemas de un autor que hasta ahora no ha tenido demasiada suerte en España.

Las pocas traducciones que hay de su obra poética son ya lejanas. Una de Alberti, otra de Rodríguez Alcalde en Adonais en 1948 y la más reciente, de 1973, en Plaza y Janés.

Por eso este libro no es un simple acercamiento a la reflexión poética de Supervielle, sino que ofrece la oportunidad de descubrir su poesía y debería ser el primer paso para la necesaria recuperación de su obra poética.


Santos Domínguez

6/11/09

Pájaro relojero


Pájaro relojero.
Poetas centroamericanos.

Selección y prólogo de Mario Campaña.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores
Barcelona, 2009.


Desde hace más de un siglo, desde Rubén Darío – paisano inevitable, lo llamaba Coronel Urtecho en una oda dedicada al nicaragüense- hasta la actualidad, una región con una historia tan agitada como Centroamérica ha aportado algunos de los nombres más interesantes y renovadores de la poesía en español.

De esos países pequeños como Nicaragua, Guatemala o El Salvador han salido algunos de los grandes nombres de la literatura del siglo XX. No sólo narradores como Asturias o Monterroso. Bastaría mencionar a poetas como Carlos Martínez Rivas, José Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal o Roque Dalton para comprender la importancia de la antología de Poetas centroamericanos que ha preparado Mario Campaña para Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.

Se titula Pájaro relojero y recoge en casi mil páginas una selección amplia y significativa de trece poetas centroamericanos: Salomón de la Selva, Luis Cardoza y Aragón, José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos, Otto-Raúl González, Ernesto Mejía Sánchez, Carlos Martínez Rivas, Claribel Alegría, Ernesto Cardenal, Roque Dalton, Alfonso Kijadurías e Isabel de los Ángeles Ruano.

Varios de ellos murieron en el exilio mexicano y sus versos fueron difundidos desde allí. Otros apenas son conocidos fuera de sus fronteras. Pero todos los antologados, cada cual con su mundo poético propio y su voz personal, son poetas marcados por el signo de la renovación y la libertad, dos de las señas de identidad de la poesía centroamericana que destaca Mario Campaña en el estudio introductorio.

Conviven en este libro la vanguardia superrealista de Cardoza y Aragón y la actualidad de Salomón de la Selva, autor de El soldado desconocido, cuya apariencia actual -escribe Campaña- es la de un libro de mañana.

Uno de los ejes de esta completa antología es el magisterio renovador de los nicaragüenses José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra y Joaquín Pasos, que influyeron de manera decisiva en la fecunda generación siguiente, la de Mejía Sánchez, Carlos Martínez Rivas y Ernesto Cardenal.

La fusión de lo lírico y lo político, de lo poético y lo prosaico alcanza su punto más alto en Otto-Raúl González, en Roque Dalton y su ironía crítica y combativa, o en la audacia y la hondura del salvadoreño Alfonso Kijadurías -un poeta deslumbrante, una auténtica revelación para quienes no lo conozcan- en el que se resume la esencia de esta poesía centroamericana en la que conviven la ambición verbal y el ímpetu visionario, la potencia imaginativa y la voluntad de denuncia.

Un mismo referente geopolítico, pues, para una asombrosa variedad de voces, temas y estilo que encuentran su tono femenino en Claribel Alegría o en la desconcertante y desgarrada Isabel de los Ángeles Ruano.

Entre el superrealismo y el coloquialismo, entre la ironía y el combate, el amor y la muerte, este Pájaro relojero trae una muestra de la riqueza poética de Centroamérica con unos nombres imprescindibles -podrían haber sido más- para entender la capacidad creativa de la literatura de ese territorio.

Una muestra: el comienzo de La noche, el espléndido poema de Roque Dalton. Pertenece al que quizá sea su libro más ambicioso, El turno del ofendido, y acaba de reeditarlo en España Baile del sol:

Pausadamente caes con tu densa pureza
como el aroma de la miel en los ojos del loco.

Santos Domínguez


4/11/09

Arthur Cravan. Maintenant


Arthur Cravan.
Maintenant.
Traducción de
Jèrôme Gauchet y Elena Fons.
El olivo azul. Córdoba, 2009.

En su Colección Errantes, El olivo azul publica los cinco números de Maintenant, la revista que fundó y dirigió Arthur Cravan entre 1912 y 1915.

Poeta de vanguardia, boxeador, pero sobre todo errante, errático y provocador, Arthur Cravan era el seudónimo de Fabian Lloyd, el sobrino francés e inclasificable de Wilde, que fue una referencia constante en la efímera vida de la revista.

Maintenant - Ahora – fue una de las avanzadillas más locas de la vanguardia. El hodiernismo de su título, la constante actitud provocadora, la negación del arte, la propensión a las proclamas resumen algunas de las notas características de las vanguardias que estaban surgiendo del clima cultural previo y posterior al estallido de la Gran Guerra.

Antes de vagar por medio mundo y de ahogarse en 1918 en el Golfo de México, fundió vida y creación y convirtió – como escribe Jèrôme Gauchet en su espléndido prólogo- la literatura en un combate y el boxeo en una parodia.

En ese prólogo -Cravan el provocador- Gauchet intenta la tarea imposible de definir una personalidad tan indefinible como la del vanguardista francés:

¿Qué es lo que define a Arthur Cravan? Lo contrario de lo que decía Séneca a propósito de esos hombres que sólo llegan a avanzada edad para decir que han vivido mucho. Hombre múltiple, Cravan fue sucesiva o simultáneamente según los casos, Fabián, Arthur, inglés, suizo, parisino, catalán, americano, mejicano, poeta, boxeador, conferenciante, viajero, bohemio, ladrón, dandi, enamorado, pugilista, desertor, perezoso, trabajador, irónico, mentiroso, sincero, noble, golfo, hombre, animal, libertino, romántico, pro-futurista, pre-dadaísta, surrealista antes de tiempo, escandaloso, seductor, clásico, vanguardista, bruto, refinado, peligroso, blanco, negro, bailarín, caminante, rebelde, creador, entusiasta, melancólico, amigo, enemigo, moderno, anacrónico, excéntrico, tímido, fiel, infiel, soñador, realista, nadador, futbolista, dormilón, despierto, tierno, fuerte...

Esa enumeración, más que un fracaso en la búsqueda del adjetivo adecuado, es una manera de reconocer que Cravan es un inclasificable.

Además de las notas biográficas sobre Wilde, los manifiestos, los poemas o la crítica violenta de Gide, la recopilación de los cinco números de Maintenant incluye curiosos mensajes publicitarios como este, de la primera entrega:

¿Qué necesita el poeta?
Una buena comida.
¿Dónde la puede encontrar a buen precio?
Chez Jourdan.
Donde se reúnen los poetas,
los chulos,
los boxeadores.

O este otro anuncio de una galería de arte en el nº 4 de Maintenant:

El 2.500 %
¡ESPECULADORES! Compren pintura.
Lo que hoy pague con 200 francos
valdrá 10.000 francos en 10 años.

El último ejemplar que salió a la calle incluía, antes de dos pequeños textos de relleno, el prosopoema Poeta y boxeador, quizá lo más significativo que Cravan publicó en los cinco números.

Santos Domínguez

2/11/09

Las tertulias del Imperial


José Cardona, El Persa.
El mar en una botella.
Las tertulias del Imperial.
Breviarios de Rey Lear. Madrid, 2009.


Con El mar en una botella, una colección de cinco relatos que publica Rey Lear en su colección Breviarios, inicia su trayectoria literaria José Cardona, El Persa (Valencia, 1943).

Dibujante de historietas y autor de recortables, en estos textos se superponen la mirada del artista gráfico y la del contador de historias que mezcla ficción y realidad, imaginación y sarcasmo, horror y humor.

Las cinco narraciones van precedidas de un texto inicial que le da unidad al libro. En el Parque Mayor, que ese es el título del primer relato, actualiza la técnica del manuscrito hallado para justificar el conjunto y dar paso a unas narraciones que surgieron en las tertulias del Café Imperial en 1974 y que un camarero – el señor Torres- fue recogiendo en unos cuadernos.

Y de esa manera, cinco narradores distintos hablan del exitoso Licor de hongo de las Destilerías Suárez o de los más extravagantes Jugo de calaveras o Besos de monja; de las barajas carcelarias de Onofre Salvador; de la historia de amor de Magraño y Algalia y la tentativa de embotellar el mar; o transcriben el diario de un jubilado que muere atrapado en la Casa de la Torrecica.

Escritas con la soltura de los relatos orales y con un humor desgarrado y expresionista, la fuerza de estas narraciones está presente no sólo en el material literario, sino en las ilustraciones que ha realizado el propio autor para la edición de este libro de relatos.

Mayra Vela