31/10/08

Maneras de no leer



Pierre Bayard.
Cómo hablar de los libros que no se han leído.
Traducción Albert Galvany.
Anagrama. Barcelona, 2008.


Jamás leo los libros que debo criticar, para no sufrir su influencia.

Con un título tan provocador como esa cita de Wilde que lo encabeza, Cómo hablar de los libros que no se han leído, el libro de Pierre Bayard que publica Anagrama, es una parodia de manual de autoayuda, un elogio irónico de la impostura y sobre todo una aguda aproximación a la actividad lectora.

Wilde recomendaba seis minutos como tiempo máximo para leer un libro antes de comentarlo y la práctica de la reseña como la forma más adecuada para hablar de uno mismo. No es el único ejemplo. El bibliotecario de El hombre sin atributos de Robert Musil explicaba su estrategia para controlar los miles de volúmenes de la biblioteca: ¿Desea saber cómo me las arreglo para conocer todos los libros? Se lo puedo comunicar ahora mismo: ¡no leyendo ninguno!

Porque la cultura, añade el bibliotecario, es una cuestión de orientación que depende de la mirada sobre el conjunto, no se trataría de leer libros sino de entender el lugar que ocupan en el panorama de la cultura.

Dado que imparto clases de literatura en la universidad, me es imposible escapar a la obligación de comentar libros que la mayoría de las veces ni siquiera he abierto.

Para orientarse en esa terra incognita, el mapa que diseña Bayard plantea diversas maneras de no leer. Y a cada una de ellas se alude con un conjunto nuevo de abreviaturas eruditas que acompañan a op. cit. e ibid.: LD: libros desconocidos, como los del bibliotecario de Musil; LH: libros hojeados, con Valéry como modelo; LE: libros evocados, de los que se ha oído hablar, como el códice aristotélico que descubre Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa; LO: libros olvidados, como los que lamenta Montaigne. Eso no debería evitar sin embargo un juicio no fundamentado que se movería entre la opinión positiva o muy positiva (+/++), negativa o muy negativa (-/--).

En función de las distintas situaciones de discurso (en la vida mundana, frente a un profesor, ante el escritor o con el ser amado) se proponen las estrategias adecuadas para acabar aconsejando las conductas que conviene adoptar: no tener vergüenza, imponer las ideas propias, inventar los libros como el gato de la novela de Sosêki o hablar de uno mismo como lo hacía Wilde.

Alguien que no es Bayard, profesor de literatura francesa en la Universidad de París VIII y psicoanalista, explica en el prólogo que nació en un ambiente en que se leía poco, que él mismo no tiene ningún aprecio por la lectura y que, de todos modos, tampoco tiene tiempo para ello.
Aprender a hablar de libros no leídos - explica en el epílogo- es ya una primera forma de encuentro con las exigencias de la creación.

Evitaré la broma fácil de decir que no he leído el libro. No es verdad. Y es que como libro de autoayuda, el tomo es un timo. Para poder hablar de él he tenido que leerlo. No me arrepiento. La diversión ha sido constante.

Está ocasionando ya reacciones escandalizadas entre quienes, además de carecer de sentido del humor, hablan del libro sin haberlo leído, claro está.

Ellos se lo pierden.
Santos Domínguez

29/10/08

La palabra quebrada


Martín Cerda.
La palabra quebrada. Ensayo sobre el ensayo .
Introducción de Andrés Fisher
In/mediaciones. Editorial Veintisiete Letras. Madrid, 2008.


Prácticamente a la vez que en Chile aparece un tercer volumen recopilatorio de sus artículos- su papelería dispersa- la Editorial Veintisiete Letras publica por primera vez en España un libro del ensayista chileno Martín Cerda (1930-1991).

La palabra quebrada es un ensayo sobre el ensayo, una poética de ese género fragmentario y un recorrido por su evolución histórica desde Montaigne hasta la contemporaneidad. Se publicó en 1982 y es una lúcida reflexión sobre ese género interrogativo, el mejor cauce para la indagación de la realidad desde la libertad del pensamiento.

Y es que, como señala Martín Cerda, “desde Montaigne, en verdad, el ensayista no ha hecho otra cosa que (re)comenzar un libro imposible, donde lo esencial es siempre la pregunta, el gesto interrogante, la búsqueda, la brazada del náufrago.”

Teoría y práctica, deberíamos añadir, porque se ensaya sobre el ensayo con los instrumentos propios del género, con la capacidad interrogativa y el fragmentarismo característicos del ensayo que Martín Cerda cultivó durante toda su vida:

Escribir sobre el ensayo exige siempre escribir ensayísticamente, es decir, de manera fragmentada, discontinua y exploratoria.

A su muerte dejó escritos sólo dos libros. La Casa de Huéspedes del Instituto de la Patagonia, en Punta Arenas, donde residía y trabajaba, sufrió un incendio que destruyó su biblioteca personal y el material preparatorio de tres libros que tenía casi ultimados. La pérdida de varios años de trabajo le ocasionó una desolación insuperable y una enfermedad cardiaca que lo llevó a la tumba.

Entre los ensayos que destruyó el fuego uno estaba dedicado a Montaigne y otro a Barthes, dos referentes, junto con Ortega, Sartre, Lukacs, Benjamin o Adorno, de la sólida formación intelectual de Martín Cerda. Unos referentes que recorren las páginas de La palabra quebrada, que alude en su título a la discontinuidad de lo fragmentario y se organiza en cuatro partes. La teoría del ensayo, la historia de su evolución, la casa como espacio de la escritura y la lectura y las variantes del discurso autobiográfico son los ejes de cada una de ellas.

Sus páginas son una reivindicación del pensamiento disidente hecha por quien fue antes que nada un lector atento y constante del pensamiento contemporáneo, un difusor del ensayo europeo en Chile y finalmente, como escribe el propio Martín Cerda en el epílogo de La palabra quebrada, “un hombre a la intemperie, perdido entre los escombros de un mundo histórico y los restos de una visión arrogante de sí mismo.”


Santos Domínguez

28/10/08

Reyes Mate. La herencia del olvido



Reyes Mate.
La herencia del olvido.
Ensayos en torno a la razón compasiva.
Prefacio de Catherine Charlier.
Errata naturae. Madrid 2008.



Adentrarse en la lectura de los diez ensayos recogidos en La herencia del olvido, que publica Errata naturae, no es una tarea exenta de riesgos. Uno de ellos no es, desde luego, el que pueda provenir de la dificultad de su lectura sino todo lo contrario. Aunque la escritura del autor es siempre densa, y más en estos ensayos en los que está contenido, para quien lo conoce, gran parte del pensamiento de Reyes Mate, el placer de la lectura está asegurado. Su estilo tiene la claridad que, como cortesía del filósofo, preconizaba Ortega y Gasset. La brillantez del autor y su capacidad para transmitir su convicción y su implicación personal en las ideas que defiende pueden ser fascinantes.

El riesgo no proviene por tanto de la dificultad de la lectura sino de todo lo contrario. Llevados por una argumentación tan convincente, y fascinados por un autor cuya trayectoria vital es absolutamente coherente con su obra, podemos tardar en darnos cuenta de que se nos va a terminar llevando a plantearnos cuestiones, como el papel de Dios o la religión, que sólo parecen estar de moda en nuestros días entre los cultivadores del pensamiento fundamentalista. Un posible lector, no advertido, que esté instalado cómodamente en su laicidad, y no digamos si forma parte del denostado laicismo excluyente, experimentará según progrese en la lectura de La herencia del olvido sucesivos sobresaltos. El autor, pese a ser persona tolerante, e incluso experto en tolerancia, no está dispuesto a tolerar una lectura curiosa o indiferente. Sólo permite una lectura comprometida. El riesgo en el que incurrimos, por tanto, es el de tener que pensar.

De los diez ensayos que integran la obra, son los siete postreros los que recogen el pensamiento fuerte del autor dado que los tres primeros están dedicados a relatar su experiencia iberoamericana, una experiencia que dada la profesión del autor es una experiencia filosófica. Su lectura bien merece la pena no sólo por lo que tienen de entrañables recuerdos personales sino porque al aparecer la memoria de la América precolombina y de la conquista con su carga de atrocidades y olvido ofrecen los primeros atisbos de cómo en el pensamiento de Reyes Mate están siempre presentes "los olvidados" de antes, y los de ahora como los que dan título a la película de Buñuel, pensamiento que se desarrolla en profundidad en los siete ensayos siguientes.

En estos tiempos en que se trata de recobrar la memoria de unos muertos en un tiempo y en un espacio tan delimitados como el de la guerra y la posguerra civil española, se nos propone un programa tan ambicioso que puede llegar a ser estremecedor. La memoria que hay que recobrar es la de todos los vencidos de la historia. El sufrimiento infinito de tanto inocente debe pesar sobre nuestras espaldas y obligarnos a preguntarnos por su razón.

El sufrimiento de los vencidos no pertenece sólo a una historia lejana. El sufrimiento de tanto inocente queda bien escenificado en el siglo XX, y adquiere con el exterminio del pueblo judío un carácter tan atroz que obliga a preguntarse por la razón de tanto sufrimiento, y sobre todo qué hacer con él salvo que se opte por encogerse de hombros y pasar página.

Y es en este punto del relato cuando el posible lector, que hasta aquí no había cuestionado los valores de la ilustración, la razón y el progreso en los que probablemente se ha educado, y que se declara laico y por tanto partidario de que la religión se desenvuelva en el ámbito privado, experimentará el primer sobresalto.

Reyes Mate, y con él un grupo, nada desdeñable en cantidad y calidad, de filósofos y escritores que ha reflexionado sobre el totalitarismo nazi, el antisemitismo y los campos de exterminio, muchas veces desde su experiencia personal, coinciden no sólo en la crítica a la ilustración sino que la hacen responsable directa o indirectamente del fracaso que para la humanidad representa el genocidio. Y al hilo de la argumentación que sustenta esas afirmaciones el lector es invitado “a repensar a la laicidad”, dado que “en Auschwitz se hace visible la laicidad”, para a continuación enfrentarle con temas que ponen en relación " fascismo y ajusticiamiento de Dios", "Auschwitz y la fragilidad de Dios", o tratan "del lugar de la religión hoy" o en los que se habla de "redención" o "mesianismo"

Decir que los planteamientos citados son sugerentes sería casi una frivolidad. Son planteamientos que exigen una respuesta comprometida en el acuerdo o en el desacuerdo. Negarse a dialogar con Reyes Mate al compás de la lectura de sus ensayos es negarse a hablar de los condenados de la tierra. En cualquier caso un punto de acuerdo es siempre posible. La razón compasiva en torno a la que giran estos ensayos puede muy bien tener raíces cristianas pero ha podido ser asumida comprometidamente por lo mejor de una izquierda que no ha renunciado a ser laica y progresista.

José Torreblanca

27/10/08

El país del miedo


Isaac Rosa.
El país del miedo.
Seix Barral. Barcelona, 2008.



En un artículo que publicó en la prensa en 2005, denunciaba Isaac Rosa el alejamiento de la sociedad por parte de una narrativa evasiva que había renegado del realismo:

Predomina una narrativa acomodaticia, miope, desentendida de los problemas (que existen, aunque no sean nombrados), y donde las pocas muestras de realismo derivan en un flojo costumbrismo, inofensivo. La responsabilidad del autor se considera algo obsoleto, y el compromiso suele ser una etiqueta comercial antes que una actitud. Al parecer los lectores son mayoritariamente de clase media o clase alta, y los autores les ahorran saber no sólo acerca de los problemas de las clases inferiores, sino también los de su propio grupo social.
Si alguna vez se consideró que la literatura tenía un valor de representación de su tiempo, eso quedó atrás. Dentro de varios siglos, un historiador, un arqueólogo, podrá hacerse una idea aproximada de los conflictos, intereses y actitudes del siglo XIX a través de un buen número de novelas de su tiempo. Sin embargo, poco podrá saberse sobre la realidad de nuestro tiempo a través de unas obras que presentan una visión dulcificada, aproblemática de nuestra convivencia.

Bien lejos de esa posición estética e ideológica, Isaac Rosa ha dado muestras de su compromiso con la realidad en La malamemoria, El vano ayer y Otra maldita novela sobre la guerra civil.

Como en las pesadillas infantiles, como en los cuentos, Carlos, el protagonista de El país del miedo, que publica Seix Barral, tiene miedo. ¿A qué, a quién? A las noches, ya hemos visto.

A las noches, como los niños, y a muchas más cosas. La novela es un catálogo de los miedos y sus lugares, un mapa de terrores y peligros. El miedo al otro y a lo otro, al inmigrante y al pobre, al que es distinto, al joven, a las armas, al mundo exterior, a sus fantasmas.

Es un miedo contagioso, una enfermedad que se transmite, una sensación que se aprende. El miedo del triángulo familiar Carlos-Sara-Pablo (los padres y el adolescente acosado en el instituto) los paraliza y los hace ciudadanos dóciles e infantiles.

El miedo, en su dimensión individual y colectiva, en sus formas domésticas y en sus manifestaciones sociales, el miedo ante el peligro real o imaginario, es una patología de la sociedad actual, el resultado del diseño perverso de una construcción política, de una ingeniería del poder que provoca efectos de dependencia y necesidad de protección y un retraimiento enfermizo:

En cuanto a la calle, apenas la pisan, y se excusan en el frío para moverse en automóvil, del garaje de casa al garaje del centro comercial.

Como en sus novelas anteriores, Isaac Rosa combina un doble enfoque en El país del miedo: la narración y la reflexión se van alternando en secuencias que abordan lo sicológico y lo social, lo individual y lo colectivo, la acción externa y la introspección para hacer un análisis de los miedos contemporáneos, generados o amplificados por los medios de comunicación, interiorizados por los personajes en una espiral de miedos asumidos que se alimentan de su misma materia, de más miedos, de otros miedos.

El país del miedo es además de una buena novela (de terror y sobre el terror) una alegoría, una denuncia moral y el diagnóstico lúcido de una sociedad enferma, de una dictadura global. La terapia no es tarea de la literatura, sino del ejercicio de la ciudadanía: un hombre asustado es un hombre inseguro, un ciudadano controlado que ha renunciado a ejercer como tal.

Pocos autores – escribía Isaac Rosa en el discurso de aceptación del Premio Rómulo Gallegos- tienen el coraje de acercarse lo suficiente a la realidad como para iniciar una colaboración con ella.

Él, evidentemente, es uno de esos pocos autores comprometidos con la función ética y política de la novela.

Santos Domínguez

25/10/08

Poesía completa de Sylvia Plath


Sylvia Plath.
Poesía completa.
Edición de Ted Hughes.
Traducción y notas de Xoán Abeleira.
Bartleby Editores. Madrid, 2008


La luna no tiene por qué entristecerse.
Está acostumbrada a ver este tipo de cosas.

Oculta bajo su capuchón de hueso,
Arrastrando sus vestiduras crepitantes y negras.

Así termina Límite, el último texto que escribió Sylvia Plath (1932-1963). Es un poema fechado el 5 de febrero de 1963, seis días antes de suicidarse. Con él se cierra la edición de la Poesía completa de Sylvia Plath, que publica por primera vez en español Bartleby Editores con traducción y notas de Xoán Abeleira.

El amplio volumen, en edición bilingüe y espléndidamente anotado, tiene como base la edición que Ted Hughes, el marido de Sylvia Plath, publicó en el volumen Collected Poems en 1981, de la que se reproduce también el prólogo original.

La poesía completa de Sylvia Plath recoge una secuencia numerada de 224 poemas escritos entre 1956 y 1963 y añade en apéndice una selección de otros cincuenta textos anteriores a la fecha inicial, lo que dibuja en definitiva una evolución que atraviesa tres fases creativas:

Una etapa inicial, hasta finales de 1955, con los poemas de la adolescencia formativa. Una segunda fase, entre 1956 -el año de su boda con Ted Hughes- y 1960, en la que Sylvia Plath empieza a encontrar un universo temático propio y una voz personal. En esta fase, naturalmente, junto con los restos residuales de la primera época aparecen tanteos que anticipan su obra más importante, la que desde 1960 y hasta su muerte elabora las versiones corregidas definitivamente de sus textos.

Unos textos que, más allá de su mero valor confesional, adquieren una transcendencia que está por encima de las limitaciones temporales, geográficas o individuales para conectar con el lector en un lugar del sentimiento, de la inteligencia o de la vida. En un lugar hondo y secreto, como estos poemas en los que se desnudó una persona que de alguna oscura manera revive en carne propia la figura dramática y atormentada de Medea y tiene mucho que ver con sus lectores, que por eso la seguimos viendo como a una joven a la vez frágil y fuerte y leyéndola con emoción.

Marcada por la fractura de la infancia que supuso la muerte de su padre y por la separación de Ted Hughes, murió con treinta años y con una madurez creativa sorprendente para su edad. Y aunque había llegado al límite de su resistencia, estaba lejos de llegar al límite de sus posibilidades poéticas.

La poesía de Sylvia Plath es una conversación entre las ruinas que está atravesada por el tema de la muerte y por la afirmación de la propia identidad. Confesional y visionaria, transciende su propia experiencia biográfica para ir más allá de la anécdota personal y dar carácter universal a lo que escribe, a su poesía interrogativa y desolada frente a un paisaje sombrío y amenazador.

Y es que, como señala Xoán Abeleira en su irónica y apasionada nota introductoria sobre Sylvia Plath y su leyenda, su poesía está muy por encima de su mito. Cuando el editor desmiente la calumnia de que la fama de la Plath se debe a las circunstancias de su muerte, inevitablemente recuerda el lector la calumnia paralela que vincula la estima de Lorca a su asesinato. No es más que una segunda manera insidiosa de matar a estas dos criaturas tan desgraciadas como admirables, unidas por una potencia expresiva semejante, por la misma mezcla de experiencia y creación verbal, de naturalidad y capacidad visionaria.

Si lo acostumbrado es hacer un regalo a quien cumple años, en esta ocasión se invierten los términos y es la editorial Bartleby, que cumple diez años, la que nos regala esta espléndida colección de poemas.

Santos Domínguez


24/10/08

Antiguos imaginarios



Francisco García Jurado.
Marcel Schwob. Antiguos imaginarios.
Biblioteca ELR Ediciones. Madrid, 2008
.

“Mostrar cómo Schwob ha contribuido a la creación de un nuevo imaginario de la Antigüedad en la estética moderna” es el propósito declarado de Francisco García Jurado en Marcel Schwob. Antiguos imaginarios, un ensayo creativo que convoca un mosaico de autores y de voces.

Entre la recreación y la invención, Marcel Schwob fue un hacedor de vidas imaginarias, el fundador de una imagen simbólica de la Antigüedad que ha perdurado en la estética moderna y ha sido continuada por Borges, Arreola o Tabucchi.

Como Gustave Moreau en pintura, como Browning en poesía, Schwob fue un inventor de imágenes y de voces, un autor al margen, dotado de un inusual talento para ocultar o para olvidar su vida detrás de las vidas que imaginó, para vivir en la literatura más que en la realidad.

Además de los clásicos, Villon y Stevenson, que representan el paseo por la historia y la geografía del paraíso fueron las referencias vitales y literarias sobre las que proyectó su escritura. Esa doble evasión –en el tiempo y en el espacio-, junto con su apego a la fantasía, está en la raíz de su escritura metaliteraria y de una imaginación que nace en las bibliotecas y se alimenta de ellas.

A medio camino entre la ficción y la filología, Schwob partió de la anécdota mínima, del hecho trivial y los trató con sutileza para construir una representación imaginaria de los poetas antiguos, para reinventar sus biografías y recrear las voces de Séptima, la hechicera, de Petronio el novelista, de Lucrecio el poeta o de Clodia, la matrona impúdica.

Entre el monólogo dramático en primera persona que aprende en Browning y utiliza para construir La cruzada de los niños y la tercera persona de las Vidas imaginarias, Marcel Schwob organiza su mundo literario con una mezcla de terror y piedad, las dos pasiones extremas que debía equilibrar el alma humana. En el fondo, con esa recuperación de la vieja antítesis de Aristóteles, que en su Poética enfrentaba la Historia al Arte, lo general a lo individual, Schwob traza un relato fantástico y verosímil de la Antigüedad.

Si, como señalaba Borges, su más importante heredero, cada escritor crea sus precursores, Schwob está en el origen de la Historia universal de la infamia, pero también –a través del argentino- en la raíz del Confabulario de Arreola, de las Falsificaciones de Denevi, las Fabulaciones de Perucho y los Sueños de sueños de Tabucchi, recreadores de vidas y de voces.

Confiesa García Jurado que mientras escribía este ensayo, ha vivido otras vidas y ha descubierto como lector la secreta red de relaciones que tejen esa trama invisible que se llama tradición y que por encima del tiempo une a unos autores con otros y a estos con los lectores en un movimiento perpetuo y circular que va del pasado al presente y de este a aquel.

Haber sabido transmitir ese disfrute entusiasta de la literatura y haber afrontado con rigor la actualidad de la tradición en Schwob y sus seguidores son los méritos más destacables de este libro.

Santos Domínguez

22/10/08

Pavese, ensayista


Cesare Pavese.
La literatura norteamericana y otros ensayos.
Prólogo de Italo Calvino.
Traducción de Elcio Di Fiori.
Lumen. Barcelona, 2008.



Tras su suicidio en agosto de 1950, los compañeros de Cesare Pavese en la editorial Einaudi encontraron en su casa una carpeta con el rótulo Escritos literarios. Italo Calvino se encargó de ordenar aquel material y de editarlo al año siguiente precedido de un prólogo en el que analizaba la labor ensayística de Pavese y la ponía en relación con su obra de creación.

Lumen publica ahora para inaugurar la Biblioteca Pavese aquel volumen, La literatura norteamericana y otros ensayos, con la introducción de Calvino, un amplio conjunto de reflexiones sobre narrativa y poesía norteamericana, sobre la función social de la literatura y el papel del escritor, sobre la creación poética, sobre el oficio de narrador y el oficio de poeta.

Lector y traductor al italiano de autores ingleses y norteamericanos, de Dickens a Joyce, pasando por Melville, Dos Passos o Faulkner, la narrativa es el eje de diversos ensayos en los que Pavese hace un recuento de afinidades y rechazos. Pero una parte fundamental y muy brillante de su labor crítica se proyectó en la poesía de Withman, al que dedicó su tesis, o en Lee Master y su Antología de Spoon River, de la que hace un inteligente análisis en tres artículos que se recogen en este volumen.

Son textos de crítica literaria hecha desde la postura de un escritor y sus planteamientos humanistas, que resume en la idea que recorre todos estos ensayos: “que somos hombres y que un hombre nos habla.”

Escritos entre 1930 y 1950, resumen veinte años de reflexión crítica sobre la literatura propia y ajena de un Pavese lector y escritor. Una reflexión inseparable de su labor creativa y su trabajo como traductor. El descubrimiento de América y de los escritores ingleses, Literatura y sociedad y El mito son las tres partes en las que se organiza un libro que Calvino define como la más rica y explícita autobiografía intelectual de Pavese.

A lo largo de esos veinte años de actividad crítica se va produciendo una evolución de los intereses del escritor, que se refleja aquí cuando, junto con el aprecio por gran parte de la literatura en inglés, muestra su desinterés por Joyce, su rechazo de Faulkner, su desprecio por Gertrude Stein, su decepción ante el agotamiento de la capacidad renovadora de la literatura norteamericana:

“Se han acabado los tiempos en que descubrimos América”, escribe con desilusión en un artículo de 1947.

Santos Domínguez


21/10/08

Abejas y ballenas en la serie animal de Melusina


Claire Preston.
Abeja.
Traducción de Ana Nuño López.
Serie animal de Melusina. Barcelona, 2008.






Joe Roman.
Ballena.
Traducción de Carlos Fernández y Victorio Hernández.
Serie animal de Melusina. Barcelona, 2008.

Entre la fascinación por la capacidad social y arquitectónica de las abejas y el asombro ante las ballenas, los animales más grandes sobre la tierra, Melusina publica dos nuevas entregas de su magnífica Serie animal. Con estos dos volúmenes, la serie sigue proyectando sobre el mundo animal una mirada insólita que combina el enfoque de la zoología con la antropología cultural o la literatura en textos muy cuidados y generosos en ilustraciones.

En el primero de ellos Claire Preston aborda la simbología de la abeja, imagen de virtudes cívicas, como clave de las analogías políticas que justificaban la organización de la monarquía renacentista o como modelo de soledades silenciosas en la armonía bucólica del retiro. Abejas biológicas, cautivas, piadosas o perversas, útiles o estéticas, folclóricas y cinematográficas que son objeto de un recorrido lleno de civilización e inteligencia, como el de la propia abeja,

colona más osada que el hombre,
con quien llegó de oriente surcando el mar.

La ballena, su iconografía real y fantástica, su suerte literaria entre Leviatán y Moby Dick, es el animal tratado por Joe Roman. Desde Jonás a Melville, un itinerario por su asociación a lo monstruoso, por la proyección del imaginario de los hombres en sus representaciones literarias y plásticas, en las leyendas y en el cine para abordar la figura del animal mitológico o el pez real. Y frente a la ballena, los balleneros, neolíticos, espectrales o heroicos, a la caza de aquel animal codiciado del que dicen

que no se alimenta de otra cosa que de oscuridad y de la lluvia que cae en el mar.




Luis E. Aldave

20/10/08

Rayuela



Julio Cortázar.
Rayuela.
Edición de Andrés Amorós.
Cátedra Letras Hispánicas. Madrid, 2008.


Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinarnos. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca. Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.



Así comienza el capítulo 73 de Rayuela. Así comienza Rayuela en uno de los itinerarios de lectura.

Julio Cortázar escribió los últimos capítulos de esa novela capital que aparecería en 1963 atrapado en el torbellino de la creación, poseído de forma absoluta por la escritura, en un estado hipnótico que lo mantenía olvidado del mundo y del tiempo, con un trabajo constante que no le permitía distinguir el día de la noche.

Eso ocurría en su casa de París, una casa que era como él, alta, estrecha y repleta de objetos, fotografías, libros y discos de jazz.

Como su antecedente, El perseguidor, el espléndido relato protagonizado por Johnny Carter (Charlie Parker), Rayuela es un libro compuesto con el ritmo de jazz que posiblemente sonaba al fondo de su escritorio. Esa era la prueba de calidad que Cortázar le pedía a su prosa, que descartaba si no tenía ese swing que el argentino buscaba deliberadamente.

Jugarreta novelesca, jugada metafísica, juguete lírico, en palabras de Saúl Yurkievitch, que destacó su carácter órfico y su comercio con el misterio, Rayuela es una ruptura con la novela tradicional, una alteración de los roles clásicos del autor y el lector, una negación de la realidad cotidiana.

Cortázar, como Oliveira, como Morelli, como Johnny Carter, ve el otro lado de las cosas y abre nuevos caminos para la novela, crea un artefacto que permite la optatividad, le pide al lector otra mirada y le incita a un papel activo en la narración a través de los 56 capítulos del lado de allá y de acá y los 99 restantes y prescindibles de otros lados.

Oliveira, Morelli, La Maga, Rocamadour, Talita, Traveler... forman parte del mundo de los lectores de Cortázar y son inseparables de esa imagen de París como un laberinto.

Rayuela traza una frontera definitiva en la literatura en español entre lo viejo y lo nuevo. Tal vez por eso, para asombro del propio Cortázar, un autor siempre joven, sus mejores lectores siguen siendo los jóvenes de todas las edades.

Cátedra la incorporó al catálogo de Letras Hispánicas, su colección de clásicos, con prólogo y notas de Andrés Amorós. Fue hace 25 años, casi coincidiendo con la muerte de Cortázar.

¿Encontraría a la Maga?

Santos Domínguez

19/10/08

La Revolución Wikipedia


Pierre Gourdain, Florence O'Kelly,
Béatrice Roman-Amat, Delphine Soulas,
Tassilo von Droste zu Hülshoff.
La revolución Wikipedia.
Prefacio de Pierre Assouline.
Traducción de Magalí Martínez Solimán.
Alianza Editorial. Madrid, 2008.


Si Wikipedia suscita tantas pasiones, rechazos y entusiasmo, es porque este proyecto pone en juego conceptos tan fundamentales como el de la democracia del conocimiento, de la pericia o de la libertad. También hace que se tambalee el imaginario del enciclopedista con peluca y pluma de oca que más o menos está latente en cada uno de nosotros.

¿Es tan fiable como rápida la Wikipedia? ¿Quiénes controlan sus contenidos y validan los artículos? ¿Se puede entrar en ella y escribir los disparates que a uno se le ocurran?

Sobre la revolución que significa una enciclopedia colaborativa que surge de las cenizas de las enciclopedias tradicionales - la Britannica, la Larousse, el Espasa- en la que el conocimiento se comparte y se democratiza el acceso a la información, La revolución Wikipedia, que publica Alianza Editorial, es el resultado de una investigación periodística realizada en el marco del master de la Escuela de Periodismo del Instituto de Estudios Políticos de París durante el verano de 2007.

Y en conjunto es un análisis global y colectivo de la repercusión de Wikipedia en los modelos y procesos educativos, los entresijos de su funcionamiento, el control de las modificaciones y los errores, las discusiones y los filtros que se establecen sobre su contenido.

Análisis de un fenómeno muy ligado al desarrollo de internet y a la revolución del conocimiento que ha significado la globalización de la red y el acceso a sus contenidos, este estudio es una descripción de las ventajas y los inconvenientes de la Wikipedia, del avance que representa y de los riesgos que entraña.

Aunque aún es un borrador de enciclopedia que exige capacidad de discernimiento y sentido crítico, se trata de uno de los grandes avances del siglo XXI, de un proyecto antielitista, de una utopía que es ya la mayor enciclopedia del mundo, con diez millones de artículos, siete millones y medio de páginas en doscientas cincuenta lenguas. Su presencia global y su desarrollo imparable obligará a replantearse de raíz la concepción y el funcionamiento de las enciclopedias clásicas.

Habrá que mejorarlo, pero es inútil oponerse o ignorar su existencia expansiva. La cuestión es qué hay que hacer para que la Wikipedia se convierta en una enciclopedia fiable y de calidad.

Lo primero, tomar conciencia de las virtudes y las debilidades de una enciclopedia colaborativa sometida a las aportaciones, pero también expuesta al vandalismo o a mentiras, manipulaciones y bromas, como la muy reciente y desafortunada que mataba al último Nobel de Literatura de un ataque al corazón cuando se enteraba de la concesión del premio. Lo que se expone aquí también es cómo llegar a ser wiki-inteligente.

Escrito con frescura periodística y con claridad expositiva, este es un libro imprescindible y riguroso para comprender ese fenómeno de nuestro tiempo que es la enciclopedia en línea, para conocer unos procesos que marcarán el mundo del conocimiento en la sociedad global. Habrá que esperar algún tiempo hasta que el sistema educativo asimile las posibilidades y los límites de las herramientas que proporcionan las nuevas tecnologías de la información y el acceso al conocimiento.


Luis E. Aldave

18/10/08

Libro de amor de Murasaki


Libro de amor de Murasaki.
Ed. de Alberto Silva.
Pre-Textos. Valencia, 2008.



En el lago sin nubes
del estanque, la imagen
capaz de superar
diez mil generaciones
sin deteriorarse.

Es uno de los tankas que canta un personaje del Genji Monogatari, los cuentos de Genji que escribió Murasaki Shikibu en el Japón del siglo XI, en los que se integran con naturalidad relatos y poemas tradicionales.

En su discurso de aceptación del Nobel, Kawabata resaltaba la importancia de este libro, la cumbre más alta de la literatura japonesa. Y añadía que era “una profunda y amplia fuente de alimento para la poesía, para las bellas artes, para la artesanía y hasta para la jardinería ornamental.”

Sobre esa escritura femenina o escrita para que la canten mujeres, como gran parte de la lírica popular de Oriente y Occidente, sobre esa poesía de Murasaki y el libro de amor que escribió hace mil años en la Historia de Genji trata este volumen que publica Pre-Textos. En él Alberto Silva, que ya editó y comentó en esta misma editorial Alada claridad, de Yosa Buson, traduce una selección de los poemas amorosos de la historia de Genji en una edición comentada.

El verso, que fue la raíz de otras formas literarias, se mezcla de manera fluida y constante con la prosa para hacer del Genji Monogatari una exploración del complejo y delicado universo emocional de los personajes, esas variadas experiencias del afecto a las que se refiere Alberto Silva en su espléndida introducción.

Los más de ochocientos tankas de la novela, de los que aquí se ofrece una selección significativa, reflejan la ética y la estética del asombro ante la fugacidad de la vida, los ciclos estacionales y el goce del presente en una integración de luz y sombra, amor y rechazo, vida y muerte o en una insistencia constante en el tema del carpe diem, que antes de ser un tópico en la literatura occidental, lo fue en la tradición oriental, como demuestra su aparición constante en la poesía china de hace treinta siglos.

Los cinco versos del tanka son aquí el cauce para expresar el misterio del origen del rocío, el sentido de la vida, el dolor de la separación o la luna que ilumina el deseo.

Ese diálogo de la palabra poética con la naturaleza está en la base de esta lírica en la que el humo y el rocío o la espuma del agua son variantes de todo lo que se desvanece, como la luz de la hora violeta que ilumina el libro y lo tiñe de melancolía.

Los comentarios de Alberto Silva, hechos con sensibilidad y talento, precisos e impresionistas a la vez, indagan el complejo mundo poético de estos textos, levantados sobre la connotación, las sugerencias y el simbolismo de la naturaleza, o explican su función en la secuencia argumental de la novela y en el proceso de construcción de los personajes. Además de todo eso, lo que ofrece Alberto Silva en las introducciones de cada sección es un análisis profundo y lúcido del Genji Monogatari, reconocido ya como la primera novela de la historia.

Santos Domínguez

17/10/08

Buscando a Marilyn


Ignacio Carrión.
Buscando a Marilyn.

Rey Lear. Madrid, 2008.


En julio de 1987, cuando estaban a punto de cumplirse 25 años de la muerte de Marilyn Monroe, Ignacio Carrión empezó a publicar en Diario 16 una serie de reportajes en los que reconstruía la peripecia vital de uno de los iconos de la mitología contemporánea.

Aquellos artículos eran el resultado de una tarea de investigación, de un recorrido por la América profunda y de las versiones del primer marido de Marilyn y de gente más o menos famosa que la conoció o conoció a los que la conocían.

Entre ellos, claro, la nómina de sus amantes, entre los que algunas fuentes incluyen a Einstein:

¿Por qué no? –escribe Ignacio Carrión- El padre de la teoría de la relatividad compartiendo sus átomos con la hija de la teoría absoluta, de forma totalmente científica y horizontal. Precioso.

Rey Lear recopila ahora en Buscando a Marilyn aquel material periodístico y fungible para demostrar entre otras cosas la actualidad del mito, inmune al olvido y rodeado de especulaciones sobre su figura y su muerte.

Truman Capote -para quien bailó desnuda porque, como se sabe, Dios le da pañuelo a quien no tiene mocos- destacó su complejidad, su carácter contradictorio que tan pronto podía ser el de una cocinera como el de un ser etéreo.

Como todos los mitos, Marilyn está por encima del tiempo. Eso explica por qué un calendario de 1949 sigue sin pasarse de fecha.

Santos Domínguez

15/10/08

Memorias de Philippe Sollers


Philippe Sollers.
Una verdadera novela.
Memorias.

Traducción de Mauro Armiño.
Páginas de Espuma. Madrid, 2008.


Alguien que más tarde dirá yo entró en el mundo humano el sábado 28 de noviembre de 1936, a mediodía, en los suburbios inmediatos a Burdeos, junto a la ruta hacia España. No tengo razón alguna para no creerlo.

Philippe Sollers (1936), novelista, filósofo, impulsor de la revista Tel Quel, que reunió en sus páginas lo mejor de la cultura francesa de la segunda mitad del siglo XX, es uno de los intelectuales más prestigiosos e inquietos de la cultura europea contemporánea.

Sus Memorias, que se publicaron el año pasado en Francia con enorme éxito, y publica Páginas de Espuma con traducción de Mauro Armiño, llevan como título Una verdadera novela.

Lo explica Sollers con estas palabras profundas e irónicas:

Toda mi vida me han reprochado escribir novelas que no eran verdaderas novelas. Aquí hay una por fin. “Pero si se trata de su vida”, me dirán. Desde luego, pero ¿dónde está la diferencia? Seguro que van ustedes a explicármela.

Una verdadera novela va más allá de la autobiografía de Sollers, de su memoria personal e intelectual. El papel relevante que tuvo su autor en el panorama intelectual europeo hace que este libro sea no sólo la novela de una vida contada por su protagonista, sino un paseo por la memoria cultural contemporánea, entre el existencialismo, el marxismo y el estructuralismo. Mauriac, Barthes, Lacan, Foucault, Derrida, Robbe-Grillet, Quignard, Houellebecq, Jonathan Littell.... son algunos de los referentes de ese recorrido que se inicia cuando descubre la lectura en la niñez:

¿Mi primer recuerdo? Cuando a los cuatro años mi madre me dijo un día: “Bien, ahora ya sabes leer.” Me veo salir corriendo sin rumbo, enloquecido, por el parque frente a la casa familiar, caer de rodillas en alguna parte y quedar allí, extasiado ante esa realidad embriagadora: ¡ser capaz de leer! Creo que en ese momento comprendí el significado de la palabra libertad.

Novela familiar, de infancia y mujeres, del alumno de los jesuitas, novela de formación del adolescente que descubre a la vez el sexo y la literatura, memoria de Tel Quel y su subtítulo jerarquizado: Literatura. Filosofía. Arte. Ciencia. Política. Esa ordenación de intereses define probablemente la prioridad de intereses del universo intelectual de Sollers, que como editor ha estado muy vinculado a Gallimard, para la que dirige la revista L’Infini.

Sus libros, su relación con Julia Kristeva, la conmoción de mayo del 68, la admiración, compartida con Malraux, por la China de Mao, son algunas de las líneas maestras que sustentan estas memorias, entre el análisis intelectual de la realidad contemporánea y la evocación narrativa del siglo XVIII, Venecia, Mozart o Sade.

La vertiente creadora de Philippe Sollers está también muy presente en estas páginas, por ejemplo en la sutileza de sus reflexiones sobre la técnica narrativa o sobre la importancia del tono en los comienzos de las novelas.

Hay también ausencias y silencios notorios. El lector está avisado desde la advertencia inicial:

Aquellos y aquellas cuyos nombres no aparecen en estas Memorias pueden considerar que, en general, es por su bien.

Santos Domínguez

14/10/08

Malas


Malas. Relatos de mujeres diabólicas.
Edición y prólogo de Marta González Mejía.
Traducción de Marta González Mejía y Marta Vela González.
Rescatados Lengua de Trapo. Madrid, 2008.

Con edición y prólogo de Marta González Mejía, Malas, la antología de relatos que publica Rescatados Lengua de Trapo sobre mujeres diabólicas, recoge diecisiete relatos de terror protagonizados por mujeres malvadas y transgresoras.

Entre el Romanticismo y el Naturalismo, de Hoffmann a Zola, de Mary Shelley a Bram Stoker y de Bécquer a Emilia Pardo Bazán, esta selección de cuentos de los autores más representativos del siglo XIX recorre casi cien años (de 1816 a 1914) de literatura protagonizada por mujeres diabólicas.

Son relatos que convocan la emoción más primaria: la del miedo a lo desconocido, a la muerte, al misterio del más allá. Cuentos que conectan con pulsiones ancestrales que nos acompañan desde la infancia, con el mundo del inconsciente, con el sueño y la ansiedad de las pesadillas.

Fantasmas y resucitados, vampiros y criaturas de la noche, apariciones y tumbas forman parte de este tipo de narrativa fantástica en la que es esencial el juego equilibrado del suspense y la verosimilitud, la creación de atmósferas de misterio y la inquietud que provocan los finales abiertos, los desenlaces ambiguos que dejan intrigado al lector.

Técnicamente son relatos muy variados que recurren al narrador omnisciente o al más efectivo narrador protagonista o testigo para hablar de las zonas de contacto entre la vida y la muerte, entre lo conocido y lo desconocido, entre la realidad cotidiana y el misterio.

Ambientados en bosques umbríos o en mansiones con pasadizos secretos, en cementerios lúgubres o en lugares solitarios, es muy frecuente que los relatos de terror estén protagonizados por mujeres bellas y transgresoras, atractivas y malvadas a un tiempo.

Herederas de una antigua tradición que se remonta a Eva como fuente del pecado, protagonizan estos cuentos de erotismo soterrado o explícito. Son mujeres vigorosas y maléficas, inteligentes y decididas. Malas según la visión tradicionalmente masculina que ha transmitido la literatura. No puede ser una casualidad que de los diecisiete relatos de la colección sólo dos hayan sido escritos por mujeres. El predominio de esa visión, habitualmente misógina y conservadora que condena a la marginalidad o al silencio a las mujeres que transgreden las normas de los políticamente correcto, es la que explica el título de esta selección de relatos.

Una breve nota introductoria antes de cada cuento da noticia de cada autor y sitúa el texto en su contexto histórico y bibliográfico. La edición en Rescatados de Lengua de Trapo ha sido cuidada en todos los detalles, desde la tipografía a la acertada selección de textos, entre los que no podía faltar una obra maestra como Ligeia, de Poe.

Mayra Vela

13/10/08

La conciencia de Zeno


Italo Svevo.
La conciencia de Zeno.
Traducción de Carlos Manzano
Posfacio de Mario Lavagetto
Gadir Ficción. Madrid, 2007.


Publicada en 1923, La conciencia de Zeno es una novela fundamental para entender la renovación literaria de principios del siglo XX, una de las creaciones más importantes de la narrativa del siglo XX. James Joyce, amigo y conciudadano de Svevo en Trieste, fue su gran valedor.

Escrita como una autobiografía irónica y distante de un personaje que no es Svevo, como parte de una terapia psicoanalítica con la que el protagonista, Zeno Cosini, intenta superar su adicción a la nicotina y curar sus neurosis. Pero es más que eso: una visión problemática del hombre contemporáneo y el acta de defunción de un mundo y unos valores que desaparecían en la Europa de entreguerras.

La nueva edición que publica Gadir aporta dos novedades reseñables: la traducción de Carlos Manzano, revisada y mejorada veinticinco años después de la que preparó para Bruguera, y un posfacio (La novela de después del fin del mundo), en el que Mario Lavagetto hace una lectura profunda del sentido de esta novela esencial, uno de los mejores especialistas en Svevo.

La conciencia de Zeno es un libro que siempre releo – escribió Bioy Casares- y a Svevo lo siento como a un hermano. (...) Ese libro espléndido me enseñó a no ser pretencioso.


Santos Domínguez

11/10/08

Poesía completa de González Pedraza


Francisco González Pedraza.
Poesía completa.
Miguel Gómez Ediciones. Málaga, 2008.

Francisco González Pedraza (Málaga, 1943) pertenece al grupo de poetas y tipógrafos que continuaron en Málaga la labor poética y editorial de la imprenta Sur o de la revista Litoral de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Su amistad con Bernabé Fernández-Canivell, Alfonso Canales, María Victoria Atencia y Rafael León, Rafael Pérez Estrada, Pablo García Baena y Vicente Núñez le familiariza con una brillante tradición a la que González Pedraza ha sumado varios títulos que se recogen en la Poesía completa que publica Miguel Gómez Ediciones en su ya nutrida y brillante colección Capitel.

Desde Por el Limonar, con su tono neopopularista, al verso enamorado de los poemas corporales de Íntimas palabras o la suave melancolía elegiaca de El viento en las palabras, los azules, el viento y la arena, los cuerpos amorosos y el tiempo en fuga por las playas de Málaga se convierten en constantes vitales y poéticas de una obra que tiene como referencia constante el sur y lo mediterráneo.

En los poemas de González Pedraza, luminosos, crepusculares o nocturnos, el amor y el olvido, la plenitud solar y marina, la evocación nostálgica o la celebración del cuerpo y la luz de la naturaleza entroncan directamente con la tradición poética malagueña, pero también en un sentido amplio con una estética y una ideología vital propia de un Sur que no es sólo un espacio geográfico, sino una concepción de la realidad que enlaza también con Cavafis, a quien dedicó en 1995 una bella Evocación.

Notario marinero y observador de ultramares y estrellas lo llamó de manera gráfica Rafael Pérez Estrada, tal vez pensando en versos como estos en los que

el pájaro sencillo
confunde sus alas
con el aire.


Santos Domínguez

10/10/08

Aprendiz de Homero


Nélida Piñon.
Aprendiz de Homero.
Traducción de Montserrat Mira.
Alfaguara. Madrid, 2008.


Hace años que converso con Homero. Fui educada para entenderlo. Unida al poeta por tradición y por coherencia civilizadora, nada en él me resulta ajeno.

Entre la agonía de lo femenino en Dulcinea y el artículo que cierra y titula el volumen, Alfaguara reúne veinticuatro ensayos de Nélida Piñon. Veinticuatro artículos de esta hija de Cervantes, nieta de Homero y hermana de escritores como Vargas Llosa o Carlos Fuentes.

Aprendiz de Homero es también una declaración de las señas de identidad de Nélida Piñon, un homenaje a los personajes y a los autores que forman parte de su mundo: Don Quijote y Ulises, Homero y Cervantes, Machado de Assis o Monteiro Lobato. Y, junto con un recorrido por la creación literaria de la mano de una lectora privilegiada, esta recopilación de ensayos breves es también un homenaje explícito a personajes femeninos como la Sara bíblica, a la que se dedica un texto memorable, la Artemisa mitológica, la Dulcinea quijotesca, la Úrsula Iguarán de Cien años de soledad o la Eulalia de su novela La república de los sueños.

La palabra y la memoria reivindicadas en unos artículos en los que la ironía se convierte a menudo en una de las variantes más refinadas de la inteligencia. En ellos, la narradora brasileña habla con pasión y lucidez de la literatura y los secretos de la narrativa o del enigma de la creación, declara sus influencias literarias y hace un recorrido por las lecturas que más huella han dejado en la vida y la obra de una autora que escribe de sí misma en La epopeya de la lectora Nélida, uno de los mejores textos del libro:

Nací escritora, nací lectora. Los rasgos y las idiosincrasias inherentes a ambos estados me acompañan siempre.


Santos Domínguez

8/10/08

Hugo von Hofmannsthal. Una carta.


Hugo von Hofmannsthal.
Una carta
(De Lord Philipp Chandos a Sir Francis Bacon)

Pre-Textos. Valencia, 2008.


De una crisis personal y literaria, que en el fondo era el reflejo individual de los procesos culturales que se estaban produciendo en la compleja transición del XIX al XX, surge en 1902 la Carta de Lord Chandos, en la que Hugo von Hofmannsthal dejó uno de los manifiestos de la crisis de la modernidad que marcó el final de una época, la de la suficiencia del lenguaje, y abrió otra, marcada por las limitaciones expresivas que cristalizarán en las vanguardias y luego en el pensamiento posmoderno.

Las relaciones problemáticas entre el lenguaje y el mundo, entre el individuo y la realidad, la construcción verbal del pensamiento, la vinculación entre ética y estética, se abordan en un texto breve en extensión, denso y lúcido en sus planteamientos, decisivo y duradero en su proyección.

Y es que la Carta puede leerse como una obertura literaria en la que se prefiguran los temas conflictivos que marcan el pensamiento y la creación en la cultura contemporánea.

Polémica y brillante, contradictoria en el uso del material verbal del que reniega ( “¿Cómo se puede descargar el mutismo hablando, la ceguera viendo?”, se preguntaba Hermann Broch a propósito de esta carta), Hofmannsthal expresa la crisis de la identidad como una experiencia vivida en propia carne. De ahí el tono de monólogo dramático y confesional que a través de la máscara de Lord Chandos aborda Hofmannsthal aborda su propia desorientación , el conflicto entre el escritor y la realidad, el desplazamiento del centro al margen, la escisión del individuo y el mundo, el paso de la compenetración a la disociación.

Esa crisis compleja y de largo alcance es el resultado de la disolución del yo y la expresión de una doble crítica: la del lenguaje y la del conocimiento:

En ese momento he sentido con certeza, no exenta de un punto de dolor, que quizá me fuera dado, no sólo escribir, sino también pensar, no es el latín ni edlinglés ni el italiano o el español, sino una lengua de cuyas palabras ni una sola me es conocida; una lengua en la que las cosas mudas me hablan y en la que quizá un día en la tumba tendré que rendir cuentas a un juez desconocido.

Bajo el signo de ese triple naufragio, de la lengua, de la identidad y del pensamiento, discurre la posmodernidad, como explica Claudio Magris en su ya clásico prólogo (La herrumbre de los signos), al que se superpone la introducción del traductor, José Muñoz Millanes.

La novedad de esta edición de Pre-Textos es que además incorpora seis cartas de respuesta de distintos autores y diverso interés y un ensayo final de Juan Navarro Baldeweg en el que pone en relación la carta con La obra maestra desconocida de Balzac, y a Frenhofer con Lord Chandos, dos resultados de la autoobservación detenida de sus autores y de la angustia creadora con que abordaron sus crisis expresivas.

Santos Domínguez

6/10/08

Relatos después de la batalla (1808-1823)


Alcalá Galiano, Mesonero Romanos, Jovellanos, Capmany, Larra.
Relatos después de la batalla (1808-1823).
Espasa. Fundación Dos de Mayo. Madrid, 2008.



En Relatos después de la batalla (1808-1823), que edita Espasa con el patrocinio de la Fundación Dos de Mayo, Antonio Fernández García ha preparado e introducido una selección de cinco textos que ofrecen cinco versiones de aquellos hechos, cinco relatos después de la batalla.

Cuatro de esos relatos toman como punto de referencia el Dos de mayo y sus consecuencias, desde el punto de vista de quienes tuvieron un papel relevante en aquellos días o desde el recuerdo.

El artículo primero de la Memoria que escribió Jovellanos para rebatir las calumnias divulgadas contra los individuos de la Junta Central es una justificación de la conducta de aquel ilustrado y una defensa de la legitimidad de la Junta.

El Centinela contra franceses, de Antonio de Capmany, es un folleto propagandístico de tono muy distinto. Es propaganda de guerra, una soflama para desacreditar al francés.

Los diez primeros capítulos de los Recuerdos de un anciano, de Alcalá Galiano y los once primeros de las Memorias de un setentón natural y vecino de Madrid, de Mesonero Romanos tienen el enfoque propio de la memoria autobiográfica, una mayor distancia de los hechos y por tanto un tono más evocador y descriptivo.

Y finalmente, El hombre-globo, es un artículo irónico y divertido de Larra, que parece aludir a Godoy tras distinguir varias tipologías de hombres: sólidos, líquidos y gaseosos. Como la mayoría de sus artículos, no ha perdido actualidad y esas caracterizaciones podrían utilizarse como patrón de análisis del presente. Por eso Larra es ya un clásico, porque su obra no envejece sino que se actualiza en cada lectura posterior.

Todos ellos, con su distinta tonalidad e ideología, desde el progresismo ilustrado al tradicionalismo conservador, con su análisis intelectual o con su tono incendiario y visceral, con la melancolía del recuerdo o con la ironía del romántico, dan idea cabal de la complejidad y la transcendencia de aquellos acontecimientos que marcaron para bien y para mal nuestra historia contemporánea.

Luis E. Aldave

4/10/08

La casa roja




Juan Carlos Mestre.
La casa roja.
Calambur. Madrid, 2008.


Nueve años después de La tumba de Keats, el nuevo libro de Juan Carlos Mestre, La casa roja, del que ya había publicado algunos adelantos, vuelve a explorar el espacio autónomo de la poesía y la palabra como ámbito de libertad, conocimiento y creación.

Quien entra en La casa roja, que publica Calambur, entra en la casa de las preguntas, en el lugar en que la poesía se convierte en conciencia de lo oculto y en descubrimiento de lo secreto.

Junto con esa misión reveladora de lo invisible, la poesía de Juan Carlos Mestre asume un importante componente ético y crítico, cumple una función testimonial que la convierte en conciencia moral del hombre.

Imaginación y resistencia, conciencia y palabra son claves fundamentales en la obra de Mestre, en una creación que transcurre en el espacio de lo imprevisible para fundar un mundo que existe sólo en el poema:

sucede el extintor de las rosas en el cortejo de las siemprevivas
sucede el apostolillo verde de los semáforos
sucede que voy a contarte las cosas de mi vida tal como eran
sucede un telegrama de nitroglicerina en tu lápiz de labios
sucede que yo te quiero un noventa por ciento más que tu novio

El poeta conjura tradiciones heterogéneas en una invocación a la diversidad que refunde lo primitivo con la vanguardia, lo simbólico con lo visionario para proponernos no una imagen coherente del mundo, sino una lectura abierta de la realidad que hace del poema un lugar de encuentro.

El fraseo intenso y alucinatorio con que discurre el verso torrencial y salmódico de Mestre, generoso en imágenes y más radical en este libro que en La tumba de Keats, va construyendo su propia realidad, reivindicando otra forma de ver y de mirar un mundo que parece recién descubierto o recién inaugurado, como en el modelo withmaniano al que se encomienda el poeta en La casa roja.

La casa roja es la casa de la poesía, la casa de la palabra, la casa de las preguntas:

Mi corazón es una casa roja con escamas de vidrio, mi corazón es la caseta de los bañistas cuya eternidad es breve como columna de lágrimas. El minotauro hace rodar sus ojos por el acantilado de las estrellas, la herida del anochecer hace su nido en la arena. Yo hablo con alas, yo hablo con lava de lo ardido y humo de diamante.

Poesía como forma de conocimiento, palabra en libertad y compromiso ético son tres ángulos fundamentales de un libro que tiene sus referentes en el Lorca de Poeta en Nueva York o de El público, en Antonio Gamoneda, en Rafael Pérez Estrada.

Otra línea persistente en La casa roja es la irónica, la que recurre a la parodia (“se acabaron los bedeles que iban por la estepa solos”) o al sarcasmo para criticar la realidad. La Alocución en la Academia de los botones chapados o la Pequeña conferencia son algunos de los muchos ejemplos que se podrían aportar.

A uno de esos textos demoledores, Las espinas de la mandrágora, pertenecen estas líneas:

Huelo las cátedras a cuarenta zancadas de platino iridiado, distingo su luto riguroso con las persianas bajadas. Preferible la Lírica y su batuta de gorjear cuando el mar se va de vacaciones y comienza el adoctrinamiento de los limpiabotas del corazón. En un poeta se da por supuesto un profesor, en un profesor se da por supuesto un crítico, en un crítico se da por supuesta la Virgen María. Hasta los fisgones con sangre de loro pueden ganarse la vida como mentalistas.

Santos Domínguez

3/10/08

Artemisia



Anna Banti.
Artemisia.
Ensayo introductorio de Susan Sontag.
Traducción y prólogo de Carmen Romero.
Ediciones Alfabia. Barcelona, 2008.

Como uno de los clásicos más extraños e insondables de toda la literatura italiana del siglo XX definió Cesare Garboli esta Artemisia, la novela de Anna Banti que toma como referencia la figura de Artemisia Gentileschi, una pintora romana que vivió entre 1593 y 1652 y perteneció al grupo de seguidores de Caravaggio.

Además de sus autorretratos como alegoría del talento natural y de la Pintura, sus lienzos más conocidos (Judit decapitando a Holofernes o Susana y los viejos) se han interpretado en clave autobiográfica. De esa manera, la pintora proyectaba en su obra algunas circunstancias trágicas que marcaron su vida. Artista y mujer en una profesión dominada por los hombres, víctima de una violación en su juventud, su obra obtuvo por méritos propios el difícil reconocimiento académico y profesional de sus contemporáneos y acabó convirtiéndose en la única mujer que ocupa un papel relevante entre los grandes maestros de la pintura. No es raro que su figura haya suscitado varias aproximaciones que van de la novela al cine y pasan por el estudio biográfico.

Cuando Anna Banti tenía casi terminada en 1944 una primera versión de esta novela, el manuscrito desapareció entre los escombros de su casa, destruida por las bombas alemanas que destruyeron los puentes de Florencia. Por entonces la pintora no tenía el reconocimiento que disfruta hoy, aunque su importancia la estaba reivindicando ya Roberto Longhi, el historiador del arte y marido de Anna Banti, al que está dedicada la obra.

Inevitablemente, al reconstruir la historia de Artemisia en esta novela que reescribió entre 1944 y 1947, Anna Banti proyecta en la artista del Barroco sus propias circunstancias, su personalidad, con lo que la pintora alcanza una nueva dimensión que es el resultado de la suma de dos vidas (la de la autora y la de su personaje), de dos tiempos ( el pasado que se actualiza en el presente) y de dos modelos narrativos ( la novela histórica y la autobiografía):

Bajo los cascotes de mi casa he perdido a Artemisia, mi compañera de hace tres siglos, que respiraba tranquila, acostada por mí en cien páginas de escrito.

Planteado técnicamente como un relato a dos voces, como un diálogo entre la primera y la tercera personas, en el fondo es una reflexión a solas de Anna Banti consigo misma, identificada con Artemisia.

La superposición de las dos voces genera una ambigüedad buscada desde el principio, como destaca Susan Sontag en el agudo ensayo (Un destino doble) que los editores han tenido el acierto de recuperar como introducción a la novela.

Esa fusión de autora y personaje desde la primera frase de la obra ( "Basta de lágrimas") es la que explica la mezcla de emoción y distancia que sirve para narrar con eficacia dos tragedias protagonizadas por dos creadoras que unen a sus condición femenina la expresión artística para combatir la desgracia y aliviar el peso del pasado.

Un pasado del que viene al presente Artemisia para unir el entonces y el ahora, el XVII y el XX, Roma y Florencia, la pintura y la escritura en dos tardes de agosto:

Ya no podré liberarme de Artemisia, esta acreedora es una conciencia puntillosa y obstinada a la que me acostumbro como a dormir en el suelo.

Una historia se cruza con la otra en un mecanismo de intersecciones y ambas mujeres entre sí en los círculos concéntricos unidos por el vínculo de la pesadumbre y por el relato del triunfo sobre el dolor, de manera que el verdadero centro de la obra, con el telón de fondo de la guerra y la destrucción, es Anna Banti, tan identificada con su personaje que este se acaba convirtiendo en alter ego de la autora. Por eso esta novela en la que el lirismo convive con la narración habla más del presente que del pasado:

El momento es delicado. A miguitas me llevo conmigo a Artemisia, poco importa dónde me encuentre. Hoy soy su compañera por los montes de cascotes que basta con haber visto una vez.

La edición se completa con un prólogo en el que la traductora, Carmen Romero, resume los datos esenciales de la trayectoria vital y artística de Artemisia Gentileschi y explica el proceso de composición de la novela, el “forcejeo entre biografía y autobiografía” que es esta espléndida obra, de estilo trabajado y técnica sutil para lograr la confluencia de Artemisia y Anna Banti:

“¿Existe aún?” No es el incorruptible instrumento, la voz helada de inaccesible inmortalidad la que claramente silabeó: “Basta de lágrimas”. Más que voz, es interior movimiento de piedad histórica, sin alarma, sin ilusión ni congoja. Clavada en el espacio y en el tiempo como una semilla infructuosa, escucho un susurro sin frescura, la respiración polvorienta de siglos: la nuestra y la de Artemisia, conjuntas.

Es la magnífica carta de presentación de Alfabia, una nueva editorial que ha hecho una cuidadísima elección de títulos y una esmerada edición para presentarse en público.

Santos Domínguez

1/10/08

El hombre que detuvo a García Lorca


Ian Gibson.
El hombre que detuvo a García Lorca.
Punto de Lectura. Madrid, 2008.


Ramón Ruiz Alonso y la muerte del poeta
es el subtítulo del ensayo en el que Gibson vuelve a acercarse a un personaje que ha pasado a la crónica negra de la literatura.

Cuarenta años después de entrevistarle por primera vez, Gibson revisa en este libro, a la luz de la bibliografía más reciente y de las aportaciones de Emilio Ruiz Barrachina y su documental Lorca. El mar deja de moverse, la figura siniestra de aquel personaje en busca de notoriedad, del que decía textualmente Luis Rosales: “este era un inconsciente, este creía que se estaba llenando de gloria ante la historia.”

Una revisión orientada sobre todo a fijar el papel de Ruiz Alonso en la represión granadina, en las rondas depuradoras de las escuadras de la muerte y en la denuncia, arresto y asesinato del poeta.

La monografía de Gibson, que publica Punto de Lectura en formato de bolsillo, reconstruye la biografía de Ruiz Alonso y se remonta a sus raíces familiares en un pueblo de Salamanca. Hijo de terratenientes arruinados por el juego, su familia se trasladó a Madrid, donde pasó una infancia con estrecheces y educación en los salesianos. Yerno de Penella, el autor de El gato montés, y padre de actrices que eludieron su apellido, fue tipógrafo en El Debate y en Ideal de Granada desde 1932.

Entonces empezó su carrera política en la CEDA, en la que demostró ser un orador de voz poderosa y palabra radical. Le acompañaba con frecuencia Juan Luis Trescastro, familiar lejano de Lorca que se jactaría en los cafés granadinos de haberle “metido dos tiros en el culo por maricón.”

Como obrero honorario le solían presentar en los mítines de la derecha granadina. Más despectivamente, José Antonio Primo de Rivera le llamaba el obrero amaestrado en una época agitadísima en la que coincidieron la revolución política y la revolución teatral, Asturias y el escándalo que provocó el estreno de Yerma en la prensa de la derecha.

Con una acusada tendencia a la matonería, a la amenaza y a la agresión física, fue diputado en el bienio negro, aunque en las elecciones de febrero del 36 sólo obtuvo diez votos en Granada. En aquella campaña electoral, aquel fino intelectual llamaba en Fuente Vaqueros a Lorca “el poeta de la cabeza gorda.”

Propagandista del corporativismo, con ese título y un prólogo de Gil Robles se autoeditó un manual fascista. Paralelamente, el compromiso de Lorca y su apoyo al Frente Popular, sus declaraciones a los periódicos y las alusiones a parte de su familia en La casa de Bernarda Alba lo iban poniendo en el punto de mira de los conspiradores.

Los últimos días de Lorca en casa de los Rosales y en el Gobierno Civil centran la parte más intensa de una monografía que recoge las aportaciones de la bibliografía reciente y las declaraciones de Ruiz Alonso, que huiría de España poco después de la muerte de Franco.

Santos Domínguez